Congresista de EE.UU. detenido por colonos israelíes en Cisjordania: tensión diplomática

El congresista demócrata Ro Khanna fue retenido por colonos armados durante 90 minutos en la Cisjordania ocupada. Las IDF niegan su participación, pero Khanna exige el arresto de los soldados y acusa al Gobierno israelí de encubrir a las tropas.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El congresista demócrata Ro Khanna y su delegación fueron retenidos durante 90 minutos por colonos israelíes armados con fusiles M4 en la aldea palestina abandonada de Khirbet Zanuta, en la Cisjordania ocupada.
  • ¿Quién está detrás? Colonos israelíes no identificados y, según Khanna, soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) que se alinearon con ellos en lugar de proteger a la delegación estadounidense.
  • ¿Qué impacto tiene? El incidente tensa aún más las relaciones entre Washington y Tel Aviv, ya de por sí frágiles por las críticas a la expansión de los asentamientos ilegales.

El congresista demócrata Ro Khanna fue retenido el miércoles durante hora y media por un grupo de colonos israelíes enmascarados que le bloquearon el paso a punta de fusil en la Cisjordania ocupada. Khanna, de origen indio, aseguró a Reuters que los soldados de las IDF, lejos de ayudarle, respaldaron a los civiles armados y que solo tras 90 minutos de tensión pudieron abandonar la zona.

Khanna, un progresista californiano que ha denunciado en repetidas ocasiones la ocupación israelí y acusado a Israel de genocidio en Gaza, se encontraba en una gira de tres días para documentar el impacto de los asentamientos en las comunidades palestinas. Su visita a Khirbet Zanuta tenía como objetivo inspeccionar una escuela que, según él, fue destruida por colonos. Poco después de llegar, hombres con fusiles M4 —de fabricación estadounidense— rodearon la furgoneta y cortaron la carretera.

Colonos armados con fusiles M4 bloquean el paso durante 90 minutos

«Bloquearon la carretera. Y luego llamaron a las IDF, y las IDF están de su lado, no del lado de los estadounidenses», declaró Khanna, citado por Reuters. El congresista, hijo de inmigrantes indios, relató que la experiencia le hizo «agudamente consciente de ser moreno». Aseguró haber visto «la arrogancia en los ojos de esos colonos, de 21 y 22 años con armas, riéndose de que nos habían detenido», y la de los jóvenes soldados, «financiados con mis impuestos», creando una «cultura tóxica de opresión».

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Las IDF, por su parte, ofrecieron una versión radicalmente distinta: negaron que sus tropas participaran en el bloqueo y afirmaron que, tras recibir un aviso de que un vehículo con ciudadanos extranjeros estaba siendo obstaculizado, «se enviaron tropas al lugar, que dispersaron rápidamente a los civiles israelíes y reabrieron la carretera». Khanna calificó la explicación oficial de «mentira para encubrir» a los soldados y exigió su arresto.

El suceso se produce apenas unos días después de que otros cuatro colonos fueran arrestados por un ataque a un equipo de CNN y otros periodistas cerca de la aldea de Sinjil, cuando cubrían el primer aniversario del asesinato de Saif Musallet, un palestino-estadounidense presuntamente asesinado a golpes por colonos en julio de 2025. Israel ha intensificado en los últimos meses las restricciones a periodistas y activistas críticos con la ocupación.

Financiados con impuestos estadounidenses, esos jóvenes soldados se ríen mientras colonos armados retienen a un congresista. Una cultura tóxica de opresión se ha normalizado en Cisjordania.

La versión de las IDF frente a la denuncia de Khanna

El portavoz castrense insistió en que los militares actuaron con prontitud. Sin embargo, testimonios recogidos por Reuters apuntan a que la delegación permaneció retenida más de una hora antes de que llegara cualquier patrulla. Khanna ha solicitado que se revisen las grabaciones de las cámaras de seguridad de la zona para esclarecer los hechos y ha puesto en duda la imparcialidad de la investigación interna israelí.

El incidente pone de manifiesto la creciente impunidad con la que operan los colonos en territorio ocupado. Las Naciones Unidas han condenado en repetidas ocasiones la expansión de los asentamientos, considerados ilegales bajo el derecho internacional. En 2019, Israel ya vetó la entrada a las congresistas Ilhan Omar y Rashida Tlaib; el mes pasado, la activista palestino-estadounidense Linda Sarsour fue rechazada en la frontera. Así de claro.

Equilibrio de Poder

El episodio no es aislado: forma parte de una estrategia de presión de los colonos más radicales, que ven en la llegada de figuras internacionales una amenaza a su expansión territorial. Para Washington, el desafío es doble. Por un lado, mantener la relación bilateral con Israel —su principal aliado en Oriente Próximo—; por otro, gestionar la creciente indignación de sectores progresistas de su propio electorado, que ven con malos ojos la asistencia militar a un Estado que no hace lo suficiente para frenar la violencia de los colonos. La administración estadounidense, sea cual sea su signo, se enfrenta a un dilema incómodo: cada dólar que financia al Ejército israelí es susceptible de ser señalado como cómplice de la ocupación.

Moscú, a través de su aparato mediático, ha capitalizado rápidamente el incidente. La difusión de la noticia por canales rusos busca erosionar la credibilidad de Estados Unidos como mediador en el conflicto palestino-israelí y exhibir la supuesta hipocresía occidental en materia de derechos humanos. La UE, en cambio, mantiene un delicado equilibrio: condena los asentamientos pero evita acciones que pongan en riesgo el diálogo con Tel Aviv.

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Para España, el incidente resuena de forma particular. El Gobierno de coalición ha mostrado históricamente simpatía por la causa palestina y ha defendido la solución de dos Estados. Sin embargo, las relaciones con Israel son estratégicas en áreas como la cooperación en defensa y tecnología. Una escalada de tensiones con Tel Aviv podría complicar contratos vigentes y abrir un frente diplomático delicado en pleno semestre de la presidencia española del Consejo de la UE, prevista para la segunda mitad de 2026. Además, la comunidad sefardí y los intereses comerciales en Israel pesan en la balanza.

En el corto plazo, el riesgo es que el incidente se convierta en un nuevo clavo en el ataúd de la ya maltrecha solución de dos Estados. La violencia de los colonos y la percepción de que el gobierno israelí no la controla alejan cualquier horizonte de paz. A diez años vista, si la tendencia no se revierte, la anexión de facto de Cisjordania se consolidará, y la presencia internacional de observadores y diplomáticos será cada vez más hostilizada. La comunidad internacional se verá forzada a elegir entre asumir la realidad de un Gran Israel o endurecer sanciones que hoy parecen políticamente inviables.