Vox planta cara al Chat Control en el Parlamento Europeo y alerta de vigilancia masiva

El Europarlamento rechaza bloquear la prórroga de la norma que permite escanear comunicaciones privadas. La delegación de Vox votó a favor de la objeción y denuncia que se abre la puerta a un aparato de vigilancia masiva.

Vox ha plantado cara al Chat Control en el Parlamento Europeo al votar a favor de la objeción que pretendía frenar su prórroga, una moción que finalmente no prosperó al obtener 314 votos, muy lejos de los 361 que exigía la mayoría absoluta. La sesión, celebrada el pasado jueves 8 de julio en Estrasburgo, consolidó la continuidad de la norma que permite a las plataformas digitales escanear comunicaciones privadas en busca de material de abuso infantil, pero la formación de Santiago Abascal ve en ella la antesala de un sistema de vigilancia masiva.

La posición de Vox: contra la vigilancia masiva y el ‘function creep’

La delegación de Vox en la Eurocámara, encabezada por Jorge Buxadé, mantuvo un voto firme en contra de la prórroga del denominado Chat Control 1.0. El partido considera que el verdadero peligro no reside en el delito que se persigue —la difusión de material pedófilo—, sino en la infraestructura de escaneo automático que se legitima con esta medida. «Santiago Abascal ha advertido en repetidas ocasiones que una vez exista un sistema capaz de analizar millones de conversaciones privadas, bastará una modificación legal para ampliar su uso a otros fines», han trasladado fuentes del partido a este diario.

La tesis de Vox se apoya en el fenómeno conocido como function creep: la progresiva expansión de herramientas creadas inicialmente para un objetivo muy concreto. Para los eurodiputados de Vox, la Comisión Europea está construyendo una arquitectura de control que invierte el principio básico de sospecha individualizada y autorización judicial. «Hoy se escanea para proteger a los menores; mañana se hará para vigilar la disidencia política o la libertad de expresión», resumen desde la dirección del partido. Este argumento conecta con la creciente preocupación de sectores conservadores y liberales europeos ante lo que perciben como una deriva intervencionista de Bruselas sobre el espacio digital.

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Una votación que consolida el precedente del Chat Control 1.0

La moción de objeción, impulsada por varios grupos euroescépticos, necesitaba 361 votos para tumbar la prórroga, pero solo consiguió 314 apoyos en una sesión marcada por la baja asistencia al celebrarse justo antes del receso estival. La votación mantiene vivo el régimen que permite a las plataformas detectar voluntariamente material delictivo en sus sistemas de mensajería, pero para los críticos abre la puerta al mucho más ambicioso Chat Control 2.0, actualmente en fase de negociación entre la Comisión y los Estados miembros.

La Comisión Europea insiste en que el único objetivo es luchar contra el abuso sexual infantil, pero juristas, criptógrafos y organizaciones de derechos digitales advierten de que la propuesta de nuevo reglamento ampliaría notablemente la capacidad de supervisión, incluyendo el análisis obligatorio de imágenes, vídeos y enlaces antes de que lleguen al destinatario. La delegación de Vox comparte esa alarma y considera que la sesión del jueves ha sido un nuevo paso en una tendencia más amplia: la progresiva ampliación de la capacidad de las instituciones europeas para supervisar el espacio digital.

La controversia no es nueva. Durante el actual mandato comunitario, Bruselas ha impulsado el Reglamento de Servicios Digitales (DSA), investigaciones a plataformas como X por presuntos incumplimientos y propuestas como la Ley Europea de Libertad de los Medios. En todos esos frentes, Vox ha mantenido una oposición clara, alineada con voces críticas que acusan a la Comisión de querer controlar la desinformación y, de paso, limitar la libertad de expresión.

La infraestructura de vigilancia que hoy se aprueba con fines loables podrá usarse mañana contra cualquier voz incómoda para el poder.

La estrategia de Vox en el debate digital europeo

El voto del 8 de julio refuerza el perfil de Vox como fuerza de oposición a lo que describe como un «superestado digital» que avanza sin control democrático. La formación de Abascal utiliza este debate para tender puentes con otros partidos conservadores y liberales que, como los italianos de Hermanos de Italia o los polacos de Ley y Justicia, recelan del intervencionismo comunitario en internet. Un movimiento que, leído desde Madrid, también sirve para marcar distancias con un Partido Popular que en la Eurocámara ha mantenido una posición menos beligerante frente a estas regulaciones.

Con esta votación, Vox pone sobre la mesa un argumento que conecta con un electorado joven y digitalmente activo: la defensa de la privacidad y la libertad digital como extensión de la soberanía nacional frente a Bruselas. La batalla no ha hecho más que empezar. Mientras el Chat Control 2.0 siga su tramitación, el partido mantendrá su oposición frontal y buscará alianzas en la Eurocámara para frenarlo. No vamos a permitir que Europa se convierta en un panóptico digital», ha asegurado Jorge Buxadé en declaraciones a este medio recogidas tras la sesión. La cita electoral de 2027, con elecciones europeas en el horizonte, da a este pulso una dimensión estratégica de primer orden.