Feijóo ha encontrado el respaldo unánime del PP para confrontar a Vox en sus debates clave: absentismo, nacionalidad y familia.
Lo que Vox ha defendido siempre
El partido de Santiago Abascal lleva años abanderando las posiciones que ahora el líder del PP intenta hacer suyas. En materia de absentismo laboral, Vox ha insistido en que el fraude en las bajas lastra la productividad y supone una competencia desleal hacia los trabajadores que cumplen. Ya en 2025, el Grupo Parlamentario VOX registró una proposición no de ley para endurecer los controles y las sanciones contra quienes abusan del sistema, una iniciativa que los populares en aquel momento no apoyaron de forma explícita.
Sobre la nacionalidad y la regularización de inmigrantes, Vox mantiene desde su fundación una línea clara: oposición frontal a las regularizaciones extraordinarias y exigencia de requisitos estrictos para acceder a la ciudadanía española. La llamada ley de nietos ha sido señalada por Abascal como un coladero que facilita la concesión de nacionalidad sin las garantías suficientes. El partido defiende que la política migratoria debe priorizar la integración y la seguridad nacional, y denuncia que el Gobierno opere con criterios electoralistas.
En cuanto a la familia y la protección del no nacido, Vox ha impulsado normas autonómicas de apoyo a la natalidad y ha incluido en su programa la defensa del concebido como bien jurídico protegido. La reciente ley madrileña, inspirada en parte en su ideario, refuerza una visión que considera que la vida comienza en la concepción y que las administraciones deben remover todos los obstáculos para que las familias tengan hijos.
La estrategia de Feijóo y el cierre de filas del PP
El PP ha decidido dar un paso al frente en ese mismo terreno. La vicesecretaria de Regeneración Institucional, Cuca Gamarra, fue este domingo la encargada de apuntalar el nuevo discurso: «El Partido Popular abre los debates de una manera valiente», proclamó en un acto en Ermua, según recoge La Vanguardia. Gamarra insistió en que los populares no tienen «ningún tipo de complejos» para abordar asuntos que hasta ahora evitaban.
Horas antes, Feijóo había presentado ante el congreso de Nuevas Generaciones en Valladolid un catálogo de lo que denomina «debates valientes». Allí defendió que «no se puede consentir el absentismo laboral fraudulento» y que el Gobierno debe ayudar a quienes vayan a ser madres o padres «desde unos meses antes de que el niño nazca». Su ofensiva incluye también el endurecimiento de los requisitos para acceder a la nacionalidad, un asunto que ha generado roces internos, a pesar de las matizaciones iniciales de Génova.
El equipo de Feijóo insiste en que no está asumiendo postulados de Vox, sino recuperando espacio tradicional del PP. Fuentes de la dirección recuerdan que el término «concebido no nacido» ya figuró en la ponencia política del congreso nacional de 2025 y que el propio dirigente gallego impulsó en Galicia en 2011 una norma que reconocía al hijo concebido para determinados beneficios familiares. La estrategia busca normalizar estos debates bajo un paraguas conservador y alejarlos del estereotipo extremista.
La apuesta de Feijóo es arriesgada: intenta colonizar un terreno en el que Vox cuenta con una base muy fidelizada y un discurso coherente desde hace años.
A pesar del respaldo interno, las contradicciones no han faltado. Las palabras de Feijóo ante empresarios vascos, donde calificó el absentismo de «cáncer que no podemos pagar», obligaron a varios dirigentes a matizar que se refería solo al fraude. Después de varios días de ajustes, el líder del PP recuperó la polémica y la incorporó a su lista de debates valientes, lo que evidencia que la dirección ha optado por asumir el riesgo de defender abiertamente posturas que hasta hace poco parecían patrimonio de Vox.
Lectura: ¿puede el PP arrebatar a Vox su espacio?
La maniobra del PP no es improvisada: busca disputarle a Vox los segmentos de electorado más conservador y descontento. Sin embargo, Abascal y los suyos disponen de una credibilidad construida a lo largo de una década sin los bandazos que el PP ha dado en estas materias —desde apoyar regularizaciones masivas hasta ahora plantear limitaciones—. Vox puede presentarse como el partido que mantuvo la coherencia ideológica mientras los populares fluctuaban.
Asimismo, la apuesta de Feijóo corre el riesgo de ser percibida como electoralista. Los votantes de Vox difícilmente se trasladarán en masa a un PP que sigue sin definir con nitidez su ruptura con el socialismo y que en las autonomías comparte gobiernos con formaciones de izquierda. La dirección de Vox, según fuentes del partido consultadas por Moncloa.com, considera que estos movimientos demuestran la fortaleza de su agenda: «Si el PP nos copia, es porque nuestro discurso cala».
En el tablero de la derecha, la confrontación directa entre ambas formaciones está lejos de resolverse. La próxima cita electoral será el banco de pruebas donde se mida si el PP logra fagocitar a Vox o si, por el contrario, el debate en estos terrenos refuerza la identidad de la formación de Abascal como alternativa real, no como mero comparsa.
