Las cifras no mienten: Estados Unidos ha cerrado 2025 con un récord histórico de nueva potencia limpia. Un total de 51,6 gigavatios (GW) de capacidad renovable se conectaron a la red, el equivalente a 25 presas Hoover funcionando a pleno rendimiento. Solar fotovoltaica y baterías de almacenamiento lideran esta expansión, que se produce en medio de un clima político adverso y de un giro federal hacia los combustibles fósiles. El dato, recogido por Atlas Public Policy y el Environmental Defense Fund, confirma que la transición energética avanza más rápido que los discursos que intentan frenarla.
Una potencia récord: 51,6 GW de capacidad limpia en un solo año
El informe The State of Clean Power in Q1 2026 detalla que, a comienzos de 2026, 471 GW de energía limpia ya estaban operativos en el país. A esa base se suman otros 222 GW en planificación o construcción, un volumen que representa un tercio de toda la capacidad renovable anunciada hasta la fecha. La Agencia de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés) prevé que 2026 vuelva a batir registros, con la energía solar como protagonista absoluta: cerca de la mitad de las nuevas adiciones.
Dos tecnologías acaparan el 85 % de la cartera de proyectos. La solar supone el 56 % de la capacidad planificada o en ejecución, y las baterías, el 29 %. La eólica terrestre completa el panorama con un 14 %. Los promotores tienen previsto invertir unos 377.000 millones de dólares en esta nueva capacidad hasta 2031.
Las baterías son la pieza que más crece. Los 65 GW de almacenamiento planeados o en obras ya superan los 47 GW actualmente en funcionamiento en todo el país. No generan electricidad, pero permiten almacenar los excedentes solares y eólicos para liberarlos cuando la demanda lo exige o cuando el sol se pone. Son el engranaje que convierte la intermitencia en firmeza.

Texas, la capital energética limpia del país, con 164 GW
El liderazgo territorial rompe los estereotipos políticos. Texas acapara 164 GW de capacidad limpia entre proyectos operativos, en construcción y en cartera, casi el doble que los 83 GW de California. El estado lidera en solar, eólica terrestre y almacenamiento gracias a su abundancia de terreno, sol y viento, y a un sistema de conexión a red que agiliza las autorizaciones.
El dato delata una realidad incómoda para el discurso anti-renovable: el 80 % de la capacidad limpia en funcionamiento y proyectada está en distritos representados por congresistas republicanos. La energía limpia crece donde el territorio lo permite, no donde el mapa electoral lo sugeriría. Washington lidera en hidroeléctrica y California en geotermia, pero el grueso de la nueva potencia se despliega en zonas rurales conservadoras.
La energía limpia crece más rápido que los discursos que intentan frenarla, porque donde hay sol, viento y terreno barato, el mercado impone su lógica.
También crecen las cancelaciones: 8 GW perdidos en el primer trimestre de 2026
La otra cara del balance enseña las heridas del ciclo político. Solo en los tres primeros meses de 2026, los promotores cancelaron más de 8 GW de proyectos renovables, que se suman a los 21 GW paralizados desde principios de 2025. La energía solar concentró más de la mitad de esas cancelaciones.
Texas, el estado que más construye, también es el que más proyectos pierde: 2,3 GW, aunque esa cifra apenas representa el 3 % de su inmenso pipeline. Mucho más significativo es el golpe en Colorado, donde se esfumaron 1,5 GW, el 38 % de la capacidad limpia planificada. A nivel nacional, las cancelaciones del primer trimestre supusieron la pérdida de una inversión potencial de 13.000 millones de dólares y de unos 33.600 empleos de construcción.
Mientras la energía limpia se frena en unos puntos, el gas natural emerge en otros: los promotores añadieron casi 21 GW de capacidad fósil en ese mismo trimestre. La EIA advierte de que parte de ese repunte puede deberse a ajustes contables propios del primer trimestre, pero la tendencia es inequívoca.
Las trabas federales que frenan la transición
Las cancelaciones no brotan de la nada. Un racimo de decisiones federales ha encarecido y ralentizado los proyectos limpios. La ley presupuestaria de 2025, la One Big Beautiful Bill Act, impuso plazos estrictos a los créditos fiscales que impulsaron el despliegue eólico y solar: para acogerse a ellos, la mayoría de los proyectos deben iniciar las obras antes de mediados de 2026 o entrar en operación antes de finales de 2027. Además, la deducción del 30 % para la solar residencial desapareció tras 2025.
Los permisos se atascan. Los informes federales de impacto para proyectos renovables, tanto en suelo público como privado, han sufrido retrasos por las nuevas normas del Departamento del Interior. Mientras tanto, el Departamento de Defensa suspendió las revisiones de seguridad de más de 150 parques eólicos terrestres, alegando posibles interferencias con radares militares, lo que mantiene bloqueados unos 30 GW de capacidad eólica.
El giro más insólito llega de la mano de los incentivos al abandono: la Administración ha ofrecido hasta 2.500 millones de dólares a los promotores de eólica marina para que cancelen sus contratos de arrendamiento y redirijan el dinero hacia proyectos de petróleo y gas. Al mismo tiempo, las órdenes de emergencia del Departamento de Energía han impedido el cierre de 17 GW de capacidad de carbón.
La guerra con Irán ha encarecido los combustibles fósiles, pero también ha alterado el mix de nueva generación. La cuota de la capacidad fósil en los planes de potencia ha pasado del 9 % a finales de 2022 al 27 % actual, tres veces más. Algunas de estas decisiones están ya recurridas ante los tribunales; un juzgado federal ha bloqueado un intento de eliminar retroactivamente los créditos fiscales a proyectos renovables ya aprobados.
Cada gigavatio cancelado son 13.000 millones de inversión perdidos y 33.600 empleos que no se crean, en un momento en que la demanda eléctrica vuelve a crecer tras casi dos décadas estancada.
¿Qué significa esto para el futuro de la energía en EE.UU.?
La fotografía de 2025 deja una enseñanza clara: la energía limpia se ha convertido en la opción más rápida y barata para responder a la nueva demanda que generan los centros de datos, las fábricas y las viviendas. Pero la política está introduciendo una prima de riesgo que ralentiza las decisiones de inversión justo cuando más se necesita acelerar.
El contexto recuerda a otros ciclos de la política energética estadounidense, donde los vaivenes normativos castigan a las tecnologías nacientes. Sin embargo, el factor diferencial ahora es la escala: los 222 GW en cartera equivalen, tras aplicar los factores de capacidad, a 156 GW de producción real, suficiente para cubrir cerca del 30 % del consumo residencial del país. Es una inercia formidable.
El desafío no es solo de volumen, sino de tiempo. Los plazos de los créditos fiscales comprimen la ventana de construcción a poco más de un año. Si los cuellos de botella administrativos no se despejan, la paradoja será evidente: se habrá construido un récord en 2025 y se perderá gran parte del impulso en 2026. La industria ya lo llama el “efecto stop-and-go”.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 51,6 GW de potencia renovable añadida en 2025 desplazan generación fósil y reducen la presión sobre los precios de la electricidad, justo cuando la demanda repunta.
- Modelo que cambia: La combinación de solar y baterías está redefiniendo la red, permitiendo que estados como Texas disocien crecimiento económico y emisiones, pese a las barreras federales.
- Para las próximas generaciones: Cada gigavatio renovable que se construye hoy consolida una infraestructura de bajo coste y baja huella de carbono que heredará una economía más electrificada y menos dependiente de los combustibles fósiles.

