Eurosatory 2026: la última oportunidad de compra de armamento ante una guerra con Rusia

Charles Beaudouin, CEO de Coges Events, advierte que el desarrollo de nuevos sistemas llegaría tarde ante un conflicto con Rusia en dos a cuatro años. La feria de París se convierte en un escaparate de urgencia para la defensa europea.

Eurosatory 2026, la mayor feria de defensa de Europa, abre sus puertas en París con una advertencia que suena a ultimátum estratégico. El general retirado Charles Beaudouin, CEO de Coges Events —la empresa organizadora—, lo ha dejado claro: «Este salón es la última oportunidad de comprar equipo ya disponible antes de una guerra». Detrás de sus palabras se encuentra el temor, compartido por varios servicios de inteligencia europeos, de que Rusia pueda desafiar a la OTAN en un plazo de dos a cuatro años. El comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, ya dijo en noviembre pasado que Moscú «puede estar lista para poner a prueba» la Alianza en ese horizonte. Y el teniente general alemán Alexander Sollfrank apuntó incluso a un ataque limitado sobre territorio OTAN en cualquier momento.

El reloj estratégico europeo se agota

La urgencia con la que Beaudouin se dirige a los gobiernos europeos no es retórica. Si estallara un conflicto en los próximos dos años, «iríamos a la guerra con lo que ya tenemos o con lo que podamos adquirir en el año siguiente», subrayó el antiguo jefe de la oficina de equipo del Ejército francés. La conclusión es tan simple como inquietante: «Ya no tenemos tiempo para desarrollar nuevos sistemas». Todo lo que aún está en fase de diseño llegaría demasiado tarde.

Esa premisa explica la apuesta por soluciones off-the-shelf —equipo ya probado y en producción— que marcará Eurosatory 2026. Allí donde no exista opción europea, según Beaudouin, «tendremos que recurrir a una solución estadounidense, surcoreana, india u otra ya disponible». La decisión, en consecuencia, oscila entre la autonomía estratégica y la realidad operativa del campo de batalla.

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La feria refleja esta dinámica con cifras récord: más de 2.600 expositores, un 30 % más que en la edición anterior, de los cuales el 80 % proceden de países europeos de la OTAN. A la cita acuden 180 compañías estadounidenses y unas 220 alemanas, junto a una nutrida representación francesa. Pero la gran novedad cuantitativa son las 80 firmas ucranianas —frente a las diez de 2024— que traen desde misiles de crucero hasta drones de ataque de largo alcance y enjambres.

El catálogo ucraniano: drones, misiles y autonomía

La experiencia de Ucrania está transformando la doctrina de adquisiciones. Beaudouin lo resume sin rodeos: «Debemos centrarnos más en emular a los ucranianos que en desarrollar nuestras propias soluciones, dado lo retrasados que vamos respecto a ellos». En Eurosatory se verán propuestas de drones «que parecen muy toscos, realmente rugosos», pero que son prescindibles y pueden alcanzar objetivos a 300 o 600 kilómetros. Fire Point, por ejemplo, mostrará su misil de crucero Flamingo y los drones que golpean territorio ruso.

La autonomía con inteligencia artificial será una de las señas de identidad de esta edición. «Estamos aceptando que avanzamos hacia sistemas de armas autónomos, tenemos menos reparos éticos, nos mueve la necesidad de ser eficaces», explicó Beaudouin. Los radares contra drones que se exhiben ya son capaces de rastrear cientos de blancos simultáneamente y procesar la información con IA, «con sistemas en los que la automatización prima cada vez más sobre la intervención humana porque no hay tiempo para reaccionar».

rearme Europa

Junto a la amenaza de los drones, el salón dedica un espacio prioritario a la defensa antimisiles. Thales presentará un sistema similar al Iron Dome israelí, mientras MBDA trabaja en la interceptación de misiles hipersónicos. Los visitantes del Estado Mayor francés buscarán, según Beaudouin, entender cómo Ucrania logra mantener los costes bajo control con armas poco sofisticadas pero eficaces a larga distancia. La pregunta que flota en el aire es si gigantes como Thales o MBDA pueden ofrecer sistemas eficientes renunciando a parte de su electrónica de alta gama.

El peso de la fragmentación industrial europea también será palpable: entre veinte y treinta fabricantes de blindados compartirán pasillo. Sin embargo, emerge una novedad financiera: por primera vez, un salón de defensa incluye un espacio dedicado a bancos e inversores, con quince expositores. «Se acabaron los días en que los bancos no querían financiar la defensa», constata Beaudouin. La percepción de que hay democracias en peligro y autocracias peligrosas ha cambiado el cálculo.

Quien quiera estar preparado para un conflicto en dos años debe comprar lo que ya vuela, navega o dispara, no lo que está en los planos.

Equilibrio de Poder

El mensaje de Eurosatory 2026 desafía la retórica habitual de Bruselas sobre autonomía estratégica. El dilema es nítido: si el tiempo apremia, la dependencia de proveedores extracomunitarios —Estados Unidos, Corea del Sur, Israel— se agrava. Washington puede leer esta urgencia como una validación de su histórica presión para que los aliados gasten más y compren armamento estadounidense. Para Moscú, en cambio, la feria confirma el rearme europeo que ya justifica su relato de cerco occidental.

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Para España la ecuación tiene aristas propias. La industria nacional —con Navantia, Indra o Escribano— participará en Eurosatory, pero la presión para acelerar adquisiciones puede inclinar la balanza hacia soluciones ya probadas fuera de nuestras fronteras en segmentos como la defensa antimisiles o los drones de largo alcance. Al mismo tiempo, el calendario que manejan los servicios de inteligencia europeos coloca a la frontera sur —Sahel, Marruecos— en un segundo plano de atención mediática, pero no de preocupación real. Un conflicto mayor en el este podría distraer recursos de vigilancia y disuasión en el Mediterráneo y el Estrecho, con implicaciones directas para las bases de Rota y Morón.

A medio plazo, la feria consolida un cambio de paradigma: la «militarización del deep tech» —del que habla Beaudouin— abarca inteligencia artificial, computación en la nube, sensores cuánticos, microsatélites y lanzadores reutilizables. España, que aspira a ser un actor en la nueva economía espacial, podría encontrar aquí un nicho de proyección si logra integrar su industria en los programas europeos de defensa. La próxima gran cita será el Consejo Europeo extraordinario de defensa que Bruselas prepara para otoño; allí se medirá hasta qué punto las palabras de Eurosatory se traducen en contratos y en una verdadera interoperabilidad operativa.