Casa Blanca presenta solicitud de 87.600 millones al Congreso para la guerra en Irán

La administración Trump solicita 67.150 millones para el Pentágono y 21.000 millones para municiones. El Senado ya ha aprobado una resolución para detener la guerra, y las elecciones legislativas de noviembre convierten esta votación en una prueba de fuego para los republicanos.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Casa Blanca ha solicitado 87.600 millones de dólares en fondos suplementarios, la mayor parte para cubrir costes operativos de la guerra en Irán y reponer municiones.
  • ¿Quién está detrás? La administración Trump, en un contexto de creciente oposición legislativa y con el Senado aprobando una resolución para detener la acción militar.
  • ¿Qué impacto tiene? La petición reabre el pulso constitucional sobre los poderes de guerra, con elecciones legislativas a la vista, y profundiza las tensiones entre la Casa Blanca y el Capitolio.

La solicitud incluye 67.150 millones para el Pentágono y 21.000 millones para municiones y la base industrial de defensa, en lo que la oposición demócrata ha calificado ya de ‘cheque en blanco’ para un conflicto cada vez más impopular.

El coste de la guerra: 67.150 millones para operaciones y reposición de arsenales

El paquete suplementario, conocido como supplemental funding request, asciende a 87.600 millones de dólares. De ellos, 67.150 millones se destinan al Departamento de Defensa para cubrir gastos operativos, personal militar, preparación y programas clasificados relacionados con la campaña de bombardeos sobre Irán, iniciada el pasado 28 de febrero.

Esta cifra se suma a los 1 billón de dólares (1 trillion) ya aprobados el año anterior y a los 1,5 billones que la administración Trump quiere para el próximo ejercicio fiscal. La Casa Blanca justifica la petición por la necesidad de recomponer las reservas de armamento, profundamente drenadas tras más de tres meses de operaciones aéreas sostenidas.

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Dentro del Pentágono, 21.000 millones se reservan específicamente para la adquisición de municiones —desde misiles de crucero hasta bombas guiadas— y para robustecer la base industrial de defensa, que se enfrenta a cuellos de botella tras la demanda acelerada del conflicto.

La solicitud no se limita a la guerra. Incluye partidas como 1.400 millones para el brote de ébola en África, 11.100 millones para apoyar a agricultores estadounidenses, 1.000 millones para pensiones de trabajadores de Delphi, 500 millones para obras en Washington y otros 1.000 millones para la estación Penn de Nueva York. La inclusión de estas ayudas, algunas sin relación directa con la defensa, busca probablemente atraer votos republicanos indecisos en estados clave.

El detonante, sin embargo, es Irán. La guerra, lanzada conjuntamente con Israel, ha generado una oposición creciente en el Congreso y una caída de popularidad que los demócratas explotan a meses de las elecciones de mitad de mandato.

presupuesto defensa EEUU

La administración Trump vuelve a poner a prueba la paciencia de un Congreso que, en plena campaña electoral, se enfrenta a la disyuntiva entre financiar una guerra impopular o desairar a un presidente en horas bajas.

Un Congreso en rebeldía: la resolución de poderes de guerra y el grito de Cassidy

Sólo un día antes de la solicitud, el Senado de Estados Unidos aprobó una war powers resolution que insta a Trump a poner fin a las acciones militares contra Irán. La medida, que ya había pasado por la Cámara de Representantes, contó con el apoyo de todos los demócratas y de un puñado de republicanos, entre ellos el senador Bill Cassidy de Luisiana.

Trump no encajó bien el desplante. Durante un almuerzo en el Capitolio, el presidente se enzarzó en una discusión a gritos con Cassidy, según fuentes presentes. El episodio ilustra el profundo malestar dentro del partido republicano, donde muchos temen que una guerra prolongada —y la percepción de que Trump la maneja al margen de la Constitución— les cueste el control del Congreso en noviembre.

«Deberíamos estar bajando los costes para el pueblo estadounidense, no firmando otro cheque en blanco para Trump», escribió en X el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer. La senadora Patty Murray, la demócrata de mayor rango en el comité de asignaciones, añadió: «No voy a aprobar con un sello automático decenas de miles de millones más para esta desastrosa guerra de elección.»

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Los legisladores, tanto republicanos como demócratas, han denunciado desde el inicio de los bombardeos que el presidente les ha mantenido al margen de la planificación del conflicto, ignorando la prerrogativa constitucional del Congreso para declarar la guerra. La nueva solicitud financiera es la chispa que podría incendiar un pulso institucional de alto voltaje.

Equilibrio de Poder

Desde el punto de vista geopolítico, la petición de fondos revela un compromiso de largo aliento en Irán que absorbe recursos fiscales y militares que Estados Unidos necesitaría para otros teatros. El Pentágono ya ha desplegado activos en Oriente Medio que, de otro modo, podrían estar en el Indo-Pacífico o reforzando el flanco este de la OTAN frente a Rusia.

Para Europa, este desvío de atención es una llamada de atención. Mientras Washington se enfanga en Irán, Moscú podría ver una ventana de oportunidad para aumentar la presión sobre Ucrania o los países bálticos. Bruselas, consciente de esta dinámica, empieza a debatir un aumento significativo del gasto en defensa, más allá del actual 2% del PIB. España, en particular, se enfrenta a un dilema.

La economía española depende en un 90% de las importaciones energéticas, y el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del crudo mundial, se ha convertido en zona de guerra. Cualquier escalada en el golfo Pérsico dispara la prima de riesgo energético y encarece la cesta de la compra. Las bases de Rota y Morón, aunque no han sido utilizadas directamente en la campaña iraní, son piezas clave del poder aéreo y naval estadounidense en la región, lo que sitúa a España en una posición incómoda: contribuye indirectamente a la seguridad global, pero asume los costes de la inestabilidad. El gobierno de Pedro Sánchez, que ya ha mostrado cautela con la escalada en Oriente Medio, tendrá que manejar con sumo cuidado el equilibrio entre sus socios europeos —divididos sobre la guerra— y una ciudadanía española mayoritariamente hostil a la intervención.

El precedente histórico más claro es el de las guerras de Irak y Afganistán, financiadas con suplementos similares que el Congreso acabó por restringir cuando el apoyo público se evaporó. En aquel entonces, la fatiga de la guerra terminó por imponerse. Hoy, con un presidente que desprecia los procedimientos constitucionales y una mayoría republicana que se tambalea, la dinámica puede repetirse.

El voto sobre este paquete de 87.600 millones se convertirá en un termómetro del poder real de Trump a las puertas de las elecciones legislativas. Si los republicanos se dividen y los demócratas lo convierten en bandera de campaña, la Casa Blanca podría perder no solo el dinero, sino también la guerra.