El Mando de Sostenimiento del Pacífico del Ejército de Estados Unidos planea desplegar entre 30 y 100 buques no tripulados de gran tonelaje para mover contenedores a lo largo del teatro Indo-Pacífico. La iniciativa surge ante una grave escasez de embarcaciones tripuladas y una tasa de disponibilidad que ha caído por debajo del 40%.
Según ha confirmado el mayor general Gavin Gardner, comandante del 8.º Mando de Sostenimiento de Teatro, con base en Hawái, la solicitud a la industria es firme: probar un prototipo autónomo en el verano de 2027 y, si el experimento tiene éxito, construir una flota de drones navales capaces de transportar entre ocho y diez contenedores estándar. “La demanda de tiempo de embarcaciones del Ejército es constante ahora”, señaló Gardner, “para entregar equipos y suministros en el teatro”.
Una flota menguante y una demanda creciente
En 2024, el Ejército de Tierra estadounidense mantenía apenas 70 buques en el Pacífico, frente a los 134 que operaba en 2018. La tasa de misión-capable —el porcentaje de embarcaciones listas para operar— se desplomó del 70% al 40% en el mismo período, según la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO). La escasez es tan acuciante que el mando ha tenido que contratar buques civiles con tripulación militar para cubrir las necesidades logísticas más urgentes.
La situación actual refleja un viraje estratégico. A principios de 2019, el Ejército sopesó desprenderse por completo de su flota. Sin embargo la realidad geopolítica del Indo-Pacífico, con una China cada vez más asertiva y la doctrina A2/AD —de negación de acceso y área—, ha obligado a reforzar la proyección logística. En 2024 se activó la primera nueva compañía compuesta de embarcaciones en años, la 5.ª Compañía de Transporte en Yokohama. Y este mismo año, una lancha de desembarco ligera del tipo Maneuver Support Vessel realizó con éxito una inserción de un lanzador HIMARS en una playa austera, demostrando la necesidad de capacidades anfibias.
Buques autónomos con capacidad de carga de hasta 10 contenedores
El diseño buscado no se parece a los pequeños drones de escolta que ya se probaron en Filipinas. Gardner habló de “buques autónomos de trabajo pesado”, capaces de cargar ocho o diez contenedores estándar. Serán operados desde el cuartel general del 8.º TSC, ahorrando costes de personal y evitando la fatiga de las tripulaciones destacadas. “Los veo operando en todo el área de responsabilidad del Mando Indo-Pacífico de Estados Unidos”, comentó, “atracados en todas partes, desde Corea hasta Japón, Filipinas, Australia, Singapur o Tailandia”.
La automatización no solo cubre un déficit numérico; transforma la logística de teatro en una red resiliente de distribución de inventario en movimiento.
La dualidad es clara: los drones harán entregas rutinarias de puerto a puerto, mientras las embarcaciones tripuladas mantendrán la capacidad de maniobra operacional para descargar en playas no preparadas, una función que un sistema autónomo aún no puede replicar con fiabilidad. El plan es que la nueva compañía compuesta de embarcaciones que se activará en octubre y otra prevista para el año próximo integren tanto naves tripuladas como autónomas.

Equilibrio de Poder
La apuesta por una flota autónoma no es un capricho tecnológico. Refleja la constatación de que la superioridad naval tripulada ya no basta en un teatro marítimo tan extenso. Pekín observa con atención. El esfuerzo de Estados Unidos por automatizar sus líneas logísticas responde directamente al desafío que supone el misil anti-buque chino DF-21D, apodado “portaaviones-killer”, y la densa red de sensores en el mar de China Meridional. Cuantos más buques autónomos y desplegados en múltiples puntos, más difícil para un adversario negar el acceso sin exponer sus propias capacidades.
Para España, el movimiento trae implicaciones de largo alcance. La base naval de Rota y el puerto de Cádiz son nodos logísticos clave para el tránsito hacia el Oriente Medio y el Índico, rutas que alimentan también la presencia en el Pacífico. Si la doctrina de sostenimiento avanza hacia plataformas no tripuladas, la Armada y Navantia deberán considerar su participación en segmentos tecnológicos emergentes, desde sensores autónomos hasta sistemas de control remoto. El Ministerio de Defensa español, inmerso en la actualización de sus capacidades navales con el programa F-110 y el submarino S-80, podría encontrar en la automatización de la logística naval un nicho de colaboración industrial con los aliados. Además, el posible redespliegue de activos tripulados al Pacífico podría reconfigurar el equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo y la fachada atlántica, donde Marruecos y el Sahel desafían la estabilidad.
A medio plazo, la flota autónoma estadounidense en el Pacífico, una vez probada en 2027, podría escalar hacia capacidades de combate. La lógica de los sistemas no tripulados avanza inexorablemente. En Ucrania, los drones navales ucranianos han demostrado su efectividad contra la Flota rusa del mar Negro. El Departamento de Defensa estadounidense ya contempla programas como el Ghost Fleet Overlord, que busca buques de superficie no tripulados de gran tamaño. El Ejército de Tierra se suma ahora a esta tendencia, apuntando al corazón del sostenimiento. La próxima prueba en aguas hawaianas, prevista para el verano de 2027, será mucho más que un experimento técnico: marcará el tono de una nueva forma de hacer logística de combate en el siglo XXI.

