Keiko Fujimori gana en Perú y redefine el futuro de las inversiones españolas en la región

La conservadora se impone por apenas 50.000 votos en la segunda vuelta y promete un gobierno de 'orden y esperanza'. El resultado podría reconfigurar el clima de inversión para las empresas españolas en minería, telecomunicaciones y banca.

Cincuenta mil votos. Ese ha sido el margen que ha inclinado la balanza en la segunda vuelta presidencial de Perú y que coloca a la conservadora Keiko Fujimori al frente del país andino. Una diferencia casi invisible en un censo de más de dieciocho millones de electores, pero suficiente para que el tablero político, económico y diplomático dé un giro que se sigue muy de cerca desde Madrid.

La hija del expresidente Alberto Fujimori, de 51 años, vuelve a la presidencia —esta vez en primera persona— tras dos intentos fallidos. Su victoria, confirmada después de semanas de revisión de actas cuestionadas, llega con la promesa de devolver ‘orden y esperanza’ a un país que arrastra una crisis institucional profunda y una economía que, a pesar de sus recursos, no termina de despegar.

Un triunfo por la mínima que cambia el escenario político peruano

El balotaje del 7 de junio dio la victoria a la candidata de Fuerza Popular frente al izquierdista Roberto Sánchez por menos de 50.000 votos de diferencia, según confirmó el recuento oficial el pasado 30 de junio. La participación rozó el 70% y el resultado pone fin a un ciclo de gobiernos de izquierda que, durante los últimos años, habían introducido incertidumbre regulatoria en sectores estratégicos para el capital extranjero. Keiko Fujimori capitaliza el hastío ciudadano con la inseguridad y la parálisis económica y se alinea con una oleada conservadora que ya gobierna en Argentina, Ecuador o El Salvador.

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No obstante, la escasa diferencia obligará a tejer alianzas en un Congreso fragmentado. La promesa de ‘orden y esperanza’ tendrá que traducirse en hechos concretos si quiere devolver la confianza a los mercados y a los socios internacionales.

El valor de la estabilidad para los intereses empresariales españoles

Para el tejido empresarial español, la elección no es una noticia cualquiera. Perú es, desde los años noventa, uno de los destinos tradicionales del capital español en América Latina. La presencia acumulada de compañías como Telefónica, Repsol, BBVA o ACS suma varios miles de millones de euros y abarca telecomunicaciones, energía, banca y grandes infraestructuras. Cualquier giro político en Lima se siente directamente en los balances de estas multinacionales.

Los últimos gobiernos, especialmente los de signo izquierdista, habían introducido medidas que dificultaban la repatriación de dividendos, aumentaban la fiscalidad a las extractivas o ponían trabas a la renovación de concesiones. El regreso de una administración abiertamente favorable a la inversión extranjera devuelve un horizonte de previsibilidad jurídica. Las primeras señales del equipo económico de Fujimori apuntan a simplificar trámites, garantizar la estabilidad contractual y reactivar las grandes obras paralizadas.

Qué podemos esperar: señales para Madrid desde Lima

El precedente más cercano de cómo un giro político puede afectar a los intereses españoles en la región lo encontramos en la expropiación de YPF a Repsol en Argentina en 2012, un episodio que costó miles de millones y dejó una herida de desconfianza que aún no se ha cerrado del todo. En aquella ocasión, la falta de protección diplomática y la debilidad del marco legal internacional dejaron a la empresa española en una posición muy vulnerable.

Hoy, el escenario es distinto. Keiko Fujimori hereda un país con necesidad urgente de inversión para modernizar su infraestructura y reducir la pobreza. España es el primer inversor europeo en Perú y un socio que puede ofrecer experiencia, tecnología y financiación. La nueva presidenta lo sabe, y su discurso de campaña incluyó guiños claros a los capitales extranjeros comprometidos a largo plazo. Si logra construir una mayoría parlamentaria que respalde un marco jurídico estable, las empresas españolas encontrarán un clima más propicio que el de los últimos años para expandir sus operaciones.

El margen más estrecho de la historia electoral peruana obliga a gobernar con acuerdos, el contexto que históricamente ha sido más propicio para los intereses del capital extranjero.

Quedan, sin embargo, riesgos. La polarización no desaparece por decreto y cualquier concesión a los sectores que rechazan el modelo económico liberal puede reactivar las tensiones. Las exportadoras españolas de bienes de equipo, por ejemplo, están a la espera de señales concretas sobre el futuro de los proyectos mineros y de transporte. La prudencia, en todo caso, será la consejera de una presidenta que sabe que su legitimidad depende de mejorar la vida de los peruanos sin ahuyentar el capital que necesita.

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📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: Keiko Fujimori ha ganado la presidencia de Perú por un estrecho margen, sucediendo a un gobierno de izquierda que había generado incertidumbre regulatoria para las empresas extranjeras.
  • Datos importantes: Menos de 50.000 votos de ventaja sobre más de 18 millones de papeletas; promesa de estabilidad jurídica y fomento de la inversión; presencia de grandes empresas españolas como Telefónica, Repsol y BBVA.
  • Resumen: La victoria de Fujimori podría devolver la previsibilidad al marco de inversión en un país clave para los intereses empresariales españoles en América Latina.