Asesinatos encubiertos descabezan el liderazgo de seguridad en Irán: el aparato toma Teherán

El aparato toma Teherán tras la oleada de muertes selectivas. La Guardia Revolucionaria sitúa a Vahidi, Rezaee y Ghalibaf al frente mientras el nuevo líder supremo permanece en silencio.

El liderazgo de seguridad en Irán ha cambiado de manos sin que Teherán aclare quién manda. La oleada de asesinatos selectivos que comenzó con la muerte de Ali Khamenei el 28 de febrero ha dejado al frente a un aparato militar que opera con amplia autonomía.

Se lo adelanto: el nuevo hombre fuerte es un clérigo que no aparece. Mojtaba Khamenei, hijo del anterior líder supremo, fue designado el 8 de marzo por la Asamblea de Expertos, pero desde entonces no ha pronunciado un discurso ni ha comparecido ante las cámaras sin edición. Los medios estatales iraníes difundieron un vídeo titulado ‘Primeras imágenes del líder’ a principios de agosto; no llevaba fecha.

Usted se preguntará quién responde si el jefe no está. La respuesta que me consta por el análisis de The Cipher Brief es incómoda: nadie lo sabe. El presidente Masoud Pezeshkian reconoció esta semana que llegar a él ha sido ‘muy difícil’. Fuentes de la administración consultadas por IranWire aseguran que ningún ministro lo ha visto desde el ataque del 28 de febrero que mató a su padre, Ali Khamenei, y al comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Pakpour.

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Norman Roule, un ex oficial de la CIA que dedicó 34 años a Irán y Oriente Medio, lo resume sin dramatismo: la evidencia hasta la fecha sugiere que no hay ruptura fundamental. Los actuales líderes iraníes, explica, crecieron dentro de instituciones moldeadas por Ali Khamenei y fueron promovidos por el sistema que él construyó durante décadas.

La oleada de asesinatos y el vacío de poder

La cascada de muertes selectivas ha sido quirúrgica. El 28 de febrero, un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel mató a Ali Khamenei, a Pakpour y a otros altos cargos. Un consejo interino aguantó menos de una semana. Luego, la Asamblea de Expertos nombró a Mojtaba Khamenei como tercer líder supremo el 8 de marzo. Un detalle: la República Islámica nació contra la monarquía hereditaria y acaba de entronar al hijo de su antecesor.

El joven Khamenei, de 56 años, carece de las credenciales religiosas habituales. Se le considera hojatoleslam, un clérigo de rango medio, no ayatolá. Pero pasó casi dos décadas como guardián de la agenda de su padre y goza de lealtad en la Guardia. Donald Trump, que durante la guerra lo calificó de ‘inaceptable’, dijo en Fox News que la sucesión no era la que su padre quería.

El régimen iraní no se ha debilitado: se ha militarizado. La diferencia es que ahora nadie firma las decisiones.

El mando de la Guardia Revolucionaria ha seguido el mismo patrón brutal. Amir Ali Hajizadeh, jefe de la fuerza aeroespacial, fue abatido en junio de 2025. Pakpour cayó en febrero. Su sucesor, Ahmad Vahidi, fundador de la Fuerza Quds y ex ministro del Interior con orden de busca de Interpol por el atentado a la AMIA de 1994, asumió formalmente el 1 de marzo. Los rumores no confirmados sobre su muerte circularon en Teherán en mayo y junio; sigue apareciendo como jefe en funciones.

La incertidumbre en la cúpula, ha coincidido con un aumento de las ejecuciones. Austin Sarat, profesor de jurisprudencia, sostiene que las protestas de enero y la guerra se han retroalimentado. ‘Las protestas fueron el detonante; la guerra ha añadido un acelerante’, resume. La táctica no es nueva: un régimen que aún busca afianzarse flexiona músculo y aterroriza a la población.

Con el joven Khamenei sin comparecer, la Guardia se movió rápido. La oficina del líder supremo nombró a Mostafa Izadi como adjunto, a Ali Azmaei para la Armada de la Guardia y a Hossein Taeb para la milicia Basij. Seis puestos vacantes por muertes en combate quedaron cubiertos por decreto. Mohsen Rezaee, comandante de la Guardia entre 1981 y 1997, fue colocado como representante del líder en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional.

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La anatomía del nuevo poder: quién maneja los hilos en Teherán

Rose Kelanic, directora del programa de Oriente Medio en Defense Priorities, sostiene que el reajuste va más allá de los nombres. Mojtaba Khamenei sería un figura decorativa y un posible chivo expiatorio. El poder real reside en Ghalibaf, Vahidi y Rezaee, todos oficiales de carrera del IRGC. Eso implica que la autoridad civil ha cedido aún más terreno al control militar.

Y aquí viene el matiz que más me interesa. Kelanic advierte que los líderes militares en tiempos de guerra asumen los peores supuestos sobre las intenciones del adversario, ven el compromiso como debilidad y prefieren estrategias ofensivas. Negociar con esa estructura será más difícil. Washington se ha quedado sin una dirección clara para negociar.

La militarización del mando iraní no facilita una salida negociada; la convierte en una quimera.

A la sombra del vacío, ha emergido Mohammad Bagher Ghalibaf. El presidente del Parlamento, ex comandante de la Guardia y eterno candidato presidencial, ha convertido un puesto legislativo en una cancillería en la sombra. Relegado en la primera vuelta electoral de 2024 por Pezeshkian, Ghalibaf es ahora el interlocutor principal en las conversaciones indirectas con Washington y enviado especial a China. El puente entre el mundo político y el militar que Pezeshkian, médico sin raíces en los servicios, no ha sabido construir.

El Parlamento lo reeligió como presidente por séptima vez en mayo, con 235 votos de 271. El jefe judicial, Mohseni-Ejei, lo felicitó llamándolo ‘líder yihadista incansable y curtido’. Roule advierte: la prominencia de Ghalibaf no es una toma formal del poder. Pezeshkian sigue siendo presidente, dirige el ejecutivo y preside formalmente el Consejo de Seguridad Nacional. La influencia de Ghalibaf es ‘un poder específico por circunstancias, prestigio político y relaciones con la Guardia’.

La economía del IRGC, según Roule, abarca entre un quinto y un tercio de la economía iraní, según se cuenten solo empresas controladas o también holding, fondos de pensiones y redes de evasión de sanciones. La Guardia no es una organización militar con intereses comerciales. Es el actor central de una red estatal-seguridad-economía que se ha expandido con la guerra. Más contexto en la entrada de la Guardia Revolucionaria en Wikipedia.

guerra Irán EE.UU.

La pregunta que se hace cualquier analista de inteligencia es si este nuevo mando cambiará la política estratégica de Irán. Roule lo ve improbable incluso si la salud de Mojtaba empeora. ‘Si Khamenei queda incapacitado o muere, lo más probable es la continuidad, no la reversión’, afirma. El sistema constitucional tiene procedimientos de sucesión e interim. Y si su muerte se vinculase a la guerra, ‘el Estado usaría la narrativa del martirio para reforzar su legitimidad’.

Kelanic es menos optimista. La división del poder entre rivales, dice, dificultará aún más la negociación. ‘El mayor control del IRGC sobre un liderazgo civil debilitado hace más difícil alcanzar la paz’, concluye. Es una de las formas en que la guerra de Irán ha salido mal.

Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra

He seguido de cerca las operaciones de inteligencia en Oriente Medio durante dos décadas y no recuerdo una oleada de asesinatos tan sistemática contra la cúpula de un Estado sin que se declare oficialmente la guerra total. La cadena de muertes selectivas apunta a una operación HUMINT de largo recorrido, con agentes sobre el terreno capaces de localizar objetivos protegidos y pasar coordenadas en tiempo real. El vector de amenaza es doble: asesinato encubierto con precisión aérea y penetración humana para confirmar los blancos.

Las agencias implicadas dibujan un tablero complejo. Quien ataca es una coalición de inteligencia de Estados Unidos e Israel, con la CIA y el Mossad como punta de lanza, y probablemente el MI6 como observador. Quien defiende es el aparato de seguridad iraní: la Guardia Revolucionaria, el Ministerio de Inteligencia (VEVAK) y las milicias Basij. Quien mira desde los aledaños son el SVR ruso, el MSS chino y, por supuesto, el CNI español, que sigue el pulso del expediente nuclear iraní y la seguridad del estrecho de Ormuz.

El nivel de clasificación estimado de la operación es, a mi juicio, Top Secret en su fase activa. Hablamos de muertes selectivas de líderes extranjeros sin declaración formal de guerra; el material HUMINT que permitió localizar a Pakpour y a Hajizadeh difícilmente estará por debajo de Secreto. La filtración a The Cipher Brief del vídeo de Mojtaba sugiere que alguien dentro del aparato iraní está gestionando la narrativa del vacío.

El precedente histórico que me viene a la mente es la caza de científicos nucleares iraníes entre 2010 y 2012, con agentes israelíes operando sobre el terreno y motociclistas con bombas magnéticas en Teherán. Aquello ya anticipó la doctrina actual: descabezar antes que invadir. Lo cambió todo. Ahora el instrumento no es la motocicleta, sino la bomba quirúrgica con apoyo HUMINT.

La reflexión que me deja esta operación es incómoda. El asesinato selectivo como instrumento de Estado produce vacíos que rara vez se traducen en moderación. Al contrario: entrega el poder a los aparatos de seguridad, más propensos a la paranoia y a la represión. Lo advertí en El quinto elemento: el próximo 11S empezará con un clic. Aquí ha empezado con una firma de inteligencia.

Seguiré la pista del próximo informe del ODNI y de la reunión del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense. Si Mojtaba Khamenei no aparece en septiembre, la comunidad de inteligencia dará por hecho lo que hoy solo se susurra. Y el CNI lo sabrá antes que todos.