Un investigador de la CNEA lo resume con una frase seca: “La situación es gravísima”. La Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina, que convirtió al país en un polo nuclear de referencia en América Latina, sufre un recorte de fondos del 58 % en términos reales respecto a 2023 y una hemorragia de científicos que, según sus colegas, no tiene precedentes. Las empresas españolas que colaboran con el sector atómico argentino miran con preocupación y, al mismo tiempo, con las calculadoras encendidas. La apuesta del Gobierno de Javier Milei por privatizar proyectos y abrir la puerta a la inversión extranjera puede ser una ventana de oportunidad o la antesala de un estropicio contractual.
La crisis estalló en la calle hace pocos días, cuando la Gendarmería entró en las instalaciones de la CNEA para reprimir una protesta de trabajadores. Algo inédito en un área que, hasta ahora, había sido tratada con pinzas por todos los colores políticos. Los números ayudan a entender el mazazo: la masa salarial ha caído un 42,5 %, se han producido despidos —incluido el de un delegado gremial— y las partidas presupuestarias están asfixiando proyectos estratégicos.
La tormenta perfecta en el sector nuclear argentino
El reactor CAREM, un diseño 100 % argentino que acumulaba más de un 60 % de avance en obra, ha sido paralizado de facto. La operación del RA-10, un reactor de radioisótopos medicinales con experiencia contrastada, se entregará a manos privadas. El Centro Argentino de Protonterapia, con la obra civil terminada, permanece cerrado por falta de presupuesto para contratar y formar al personal. En paralelo, la empresa Meitner Energy, controlada por el empresario Hamid Ansari, ha anunciado una inversión de 1.200 millones de dólares para construir en Atucha un reactor modular ACR‑300, pero el proyecto sigue en el aire.
Andrés Kreiner, doctor en Física y responsable de aceleradores en la CNEA, lo describe con dolor: “Estamos otra vez frente a un éxodo de materia gris y a una asfixia salarial que repercute en la pérdida de personal altamente capacitado”. Kreiner subraya que la crisis del sector atómico es la punta del iceberg de un desguace general del sistema científico argentino. La comunidad investigadora advierte de que los sueldos de los científicos más prestigiosos apenas superan los 2,5 millones de pesos, mientras que jóvenes sin experiencia, nombrados por afinidad política, cobran varios millones más. Es el caso de Ezequiel Acuña, un militante de 23 años designado subgerente en Nucleoeléctrica Argentina con un sueldo que, según denuncias, alcanzaría los 13 millones de pesos.
El impacto directo sobre las empresas españolas
Aquí es donde la crisis argentina deja de ser un problema local. Firmas como Tecnatom —líder en inspección de componentes nucleares y formación de operadores— y Enusa —especialista en el ciclo del combustible— llevan décadas trabajando con la CNEA y con Nucleoeléctrica Argentina. Tecnatom ha formado a los operadores de la central Atucha II y Enusa suministró en el pasado elementos combustibles para el reactor RA‑10. Si la privatización avanza sin reglas claras, esos contratos pueden evaporarse o, peor aún, quedar atrapados en un laberinto de litigios. Pero si se abre un proceso ordenado de licitación, las compañías españolas tienen la experiencia y la reputación para competir con ventaja frente a rivales chinos o estadounidenses.
La crisi de la CNEA no es solo argentina: puede arrastrar los contratos internacionales que sostienen el músculo exportador de la ingeniería nuclear española.
Conviene recordar que no es la primera vez que las empresas españolas lidian con privatizaciones nucleares en países con turbulencias políticas. En los años noventa, Endesa participó en la compra de centrales en Argentina y, aunque el negocio arrancó con buenos números, la crisis de 2001 y la posterior pesificación asimétrica dejaron heridas profundas. Aquella experiencia enseñó que la seguridad jurídica y un regulador independiente son imprescindibles para que una inversión estratégica no se convierta en un quebradero de cabeza.
¿Burbuja nuclear o una oportunidad real?
El Gobierno argentino presenta los reactores modulares pequeños como la gallina de los huevos de oro, pero los expertos consultados por Clarín alertan de que esos mismos modelos —los que anunció el asesor presidencial Demian Reidel antes de ser destituido— son todavía prototipos sin despliegue comercial masivo. El riesgo de burbuja financiera es real: si el capital extranjero entra solo para “llevarse la crema”, como dice Kreiner, y el Estado abandona la investigación de base, el país se quedará sin el músculo científico que sostenía todo el andamiaje.
Para España, la lección es doble. Por un lado, las empresas como Tecnatom y Enusa deben calibrar hasta qué punto la nueva doctrina argentina —que solo financiará proyectos con interés de exportación— les asegura un marco de estabilidad. Por otro, Madrid puede utilizar sus canales diplomáticos y comerciales para defender los intereses de sus compañías en un mercado que, pese a todo, sigue siendo estratégico. La historia demuestra que la energía nuclear se construye con décadas de I+D y con reguladores sólidos; si Argentina tira por la borda ese capital humano, todos los que vuelan alrededor —también los socios españoles— pueden perder altura.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: La Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina sufre un recorte presupuestario del 58 % y una fuga de científicos, al tiempo que el Gobierno de Milei impulsa la privatización de proyectos nucleares históricos.
- Datos importantes: El reactor CAREM (60 % de avance) ha sido paralizado; la inversión de Meitner Energy asciende a 1.200 millones de dólares; la masa salarial de la CNEA cayó un 42,5 %.
- Resumen: Las empresas españolas con intereses en el sector nuclear argentino —Tecnatom, Enusa— se enfrentan a un escenario de alto riesgo/oportunidad mientras se define el modelo de privatización; la experiencia histórica sugiere prudencia extrema.

