Vox recupera a Fernando Paz, el ensayista que niega el Holocausto y defiende terapias de conversión

El historiador, que en 2019 abandonó la candidatura por Albacete tras cuestionar el Holocausto, regresa como formador y patrono de una fundación vinculada a Abascal. La decisión refuerza el ala más combativa de Vox.

Vox ha reintegrado en su órbita de formación y pensamiento al historiador Fernando Paz, el ensayista que en 2019 tuvo que abandonar la candidatura como cabeza de lista por Albacete tras una intensa polémica por negar el Holocausto y defender las terapias de conversión para personas LGTBI. Según ha adelantado El País, Paz participa ahora como profesor en la escuela de formación Issep, vinculada al partido, y desde diciembre es patrono de honor de la Fundación Denaes, cofundada por Santiago Abascal. El retorno, que no implica militancia formal —‘colaboro, pero sin carné’, ha afirmado—, consolida el control del ala más combativa de la formación y reabre el debate sobre el perfil intelectual que Vox quiere proyectar.

La visión de Vox: normalidad pedagógica y utilidad en la cantera

Para la dirección del partido, la reincorporación de Paz se justifica por su valía como divulgador histórico y formador de cuadros. ‘Si Vox entiende que puedo ser de alguna utilidad —algo de lo que me siento muy honrado— es porque considerará que acaso aporte más de lo que pueda restar’, ha declarado el propio Paz. La frase refleja la lógica interna: un perfil intelectual próximo a Kiko Méndez-Monasterio, ahora reforzado junto a Jorge Buxadé, que cubre la necesidad de docentes en la cantera del partido sin que las polémicas pasadas se consideren un lastre. El ensayista aparece como articulista en Ideas, medio fundado por la Fundación Disenso, y cuenta con espacio en la red de canales Bipartidismo Stream, una plataforma de propaganda oficialista.

La normalización no es improvisada. En menos de un año, Paz ha acompañado a Buxadé en la inauguración de una exposición sobre el Valle de los Caídos y ha sido anunciado como profesor de Historia para el próximo curso del Issep, donde compartirá claustro con diputados nacionales como Carlos Hernández Quero, Rocío de Meer y Manuel Mariscal, y con los eurodiputados Buxadé y Juan Carlos Girauta. La escuela, dirigida por el propio Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza, se ha convertido en una cantera estable para los cuadros del partido.

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Impacto y contradicciones: el antecedente de 2019 que ahora se difumina

La polémica que en 2019 obligó a Paz a renunciar surgió de un comunicado de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), que tachó de ‘inaceptables’ sus manifestaciones revisionistas y negacionistas. El entonces candidato había presentado un libro en la sede de Falange en Madrid, con una bandera franquista a sus espaldas, donde cuestionó los juicios de Núremberg y afirmó que la mayor parte de los judíos murieron por arma de fuego, no en cámaras de gas. También defendió que la matanza tuvo un móvil ‘más militar e ideológico que racial’. Aquella renuncia, que el partido presentó como una decisión personal, coincidió con un esfuerzo de Vox por acercarse al Partido Republicano de EE UU y a la comunidad judía local, simbolizado en el agradecimiento público del lobby proisraelí ACOM a la ‘sensibilidad’ de Abascal.

Hoy, el contexto ha cambiado. Vox mantiene relaciones fluidas con el Likud israelí y con la administración Trump, mientras que la reintegración de Paz ha sido progresiva. En mayo de 2025, el secretario general, Ignacio Garriga, llegó a prohibir una conferencia suya en la Universidad de Barcelona, lo que revela una gestión a dos velocidades: cautela pública cuando el foco mediático aprieta, pero aceleración interna cuando el control lo ejercen Buxadé y Monasterio. Para los críticos, la vuelta de Paz es un síntoma de radicalización que ya no se oculta; para los afines, simplemente se normaliza a un historiador que ‘siempre ha estado ahí’.

La vuelta de Paz no es un hecho aislado: evidencia el creciente peso en la cúpula del sector que encabezan Buxadé y Méndez-Monasterio, decidido a marcar un perfil ideológico sin concesiones.

Lectura estratégica: una cúpula sin complejos que refuerza sus señas de identidad

La reincorporación de Fernando Paz no puede leerse únicamente como una anécdota académica: confirma el giro que la ejecutiva de Vox ha imprimido desde la salida de caras moderadas como Iván Espinosa de los Monteros. ‘Se quedan sin gente y toca llamar a filas a los de siempre’, resume una fuente cercana al partido. En ese marco, Paz aporta dos cosas: coherencia con el discurso histórico-patriótico que el partido abandera en el espacio de Patriotas por Europa, y un guiño a una base que nunca vio con buenos ojos la rectificación de 2019. Mientras figuras como Hermann Tertsch o Samuel Vázquez comparten acto con él, queda claro que la dirección asume el coste reputacional como parte de una estrategia deliberada de diferenciación hacia su derecha. A corto plazo, el movimiento alimenta el relato de un Vox que no se amilana ante la presión mediática, aunque pueda generar fricciones con aliados internacionales que el partido aún valora.