Confiesa: ¿cuántas veces has preparado tzatziki y te ha quedado ese regustillo amargo o, peor, te ha sentado como una piedra? A todos nos ha pasado. El pepino, para demasiadas personas, repite o resulta indigesto, sobre todo con el calor. Y es una faena, porque el tzatziki es el dip del verano por excelencia.
Pero hay una alternativa tan sencilla que apenas necesita adaptación: el calabacín. Misma familia (cucurbitáceas), textura similar, pero mucho más suave para el estómago. Encima, en esta época está en su mejor momento, con ejemplares firmes, de esos que apenas tienen semillas y se rallan sin esfuerzo.
Liliana Fuchs lo contó en Directo al Paladar con una versión exprés que me enamoró. Solo necesitas 5 minutos de manos y cero cocción. Yo he afinado un poco su propuesta para que quede perfecta incluso si tu calabacín suelta más agua de la cuenta.
El resultado es una salsa cremosa, con ese puntito de ajo y eneldo que caracteriza al original griego, pero con una textura más untuosa y un sabor más redondo, sin amargor ninguno. Ideal para untar pan de pita tostado, para refrescar cualquier ensalada o para acompañar una barbacoa. Vamos, puro vicio fresquito.
La clave para que no quede aguado ni soso es tratar bien el calabacín desde el principio. Si respetas tres gestos simples, el éxito está asegurado.
El calabacín, sin apenas semillas y con más capacidad para absorber aliños, hace que este tzatziki sea todavía más cremoso que el de pepino.
El secreto del éxito
- Calabacín sin semillas: Elige ejemplares pequeños (unos 200 g), de piel brillante y sin pepitas duras. Si son muy grandes, elimina las semillas centrales con una cucharilla.
- Escurrido a conciencia: Ralla y sala el calabacín, déjalo reposar 10 minutos y exprímelo suavemente con las manos o un paño limpio para que pierda todo el líquido. Así no aguará la salsa.
- Yogur firme: Usa yogur griego auténtico, espeso y sin suero. Si solo tienes natural, escúrrelo en un colador con gasa durante 30 minutos para que concentre su textura.
Ingredientes
- 1 calabacín pequeño (unos 200 g, firme y sin semillas duras)
- 200 g de yogur griego sin azúcar
- 1 diente de ajo (opcional, yo lo rallo muy fino)
- 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
- 1 cucharadita de eneldo fresco picado (o seco, la mitad de cantidad)
- El zumo de ½ limón
- Sal y pimienta al gusto
Preparación paso a paso
Lava el calabacín y rállalo con la parte fina del rallador sin pelarlo. Ponlo en un colador, espolvorea una pizca de sal y deja que suelte su agua durante unos 10 minutos. Luego, cógelo a puñados y aprieta con suavidad para eliminar el exceso de líquido; no hace falta dejarlo seco como un trapo, pero sí que no gotee.
En un bol amplio, mezcla el yogur griego con el ajo rallado (si lo usas), el aceite, el eneldo y el zumo de limón. Remueve con unas varillas hasta que quede una crema lustrosa. Incorpora el calabacín escurrido y vuelve a mezclar con mimo. Prueba y ajusta de sal y pimienta.
El aroma a ajo y eneldo inundará la cocina, pero no te dejes llevar todavía. Si puedes, tapa el bol y deja que repose en la nevera al menos 30 minutos antes de servir. Así los sabores se asientan y la textura se vuelve más untuosa. Si no puedes esperar, sírvelo directamente con unas verduras crudas en bastones o con pan de pita caliente.
Variaciones y maridaje
Con qué bebida marida: Este tzatziki pide un vino blanco seco y con chispa, como un albariño o un verdejo joven. Si prefieres cerveza, una de trigo bien fría o una lager suave son compañeras ideales.
Versión vegana: Sustituye el yogur griego por un yogur de soja sin azúcar, bien escurrido, o por una base de anacardos remojados triturados con limón. El resultado es igual de cremoso y fresco.
Cómo conservarla: En la nevera, en un táper hermético, aguanta hasta 3 días sin problemas. No la congeles: el yogur se cortaría al descongelar. Para devolverle la textura cremosa, remuévela un poco antes de llevarla a la mesa.
Variante con menta: Si quieres un toque más mediterráneo, añade unas hojas de menta fresca picadas junto con el eneldo. Refresca todavía más y alegra ensaladas de tomate o de garbanzos.
