El barómetro del CEO de 2026 revela que Illa pierde seis escaños y la mayoría independentista se rompe

El PSC caería hasta los 36-38 escaños, perdiendo la mayoría con ERC y Comuns, mientras Aliança Catalana se dispara a 23-25 y supera a un Junts en desplome. El independentismo, aunque sumaría, no tiene opciones de gobernar por la brecha ideológica, abocando a Cataluña a un escenar

El primer barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de 2026 dibuja un Parlament casi imposible de gobernar. Salvador Illa mantiene la primera plaza para el PSC, pero la encuesta le roba entre cuatro y seis escaños y deja su mayoría de investidura con ERC y Comuns al borde del descalabro. El independentismo, aunque sumaría, se fragmenta: Aliança Catalana, con 23-25 diputados, adelanta a un Junts que se desploma a 16-18 y rompe toda posibilidad de un Govern secesionista estable.

La demora en la publicación del estudio —más de siete meses desde el anterior barómetro, en noviembre de 2025— alimentó las suspicacias en los pasillos del Parlament. ¿Había miedo a un resultado demasiado favorable a Sílvia Orriols? El CEO lo achaca a la renovación del acuerdo marco para homologar a las empresas demoscópicas, pero, con los datos ya sobre la mesa, el terremoto es innegable.

El PSC oscila entre 36 y 38 escaños (hoy tiene 42). ERC sube ligeramente a 24-26, aún lejos de sus mejores registros. El gran salto lo protagoniza Aliança Catalana, que pasa de 2 a 23-25 representantes, comiendo terreno especialmente a Junts, que se hunde de 35 a 16-18 escaños. El PP y Vox se reparten entre 12 y 13 cada uno, mientras Comuns se queda con 4-5 y la CUP con una horquilla similar. La tabla refleja una Cámara atomizada en ocho grupos.

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La aritmética imposible de la mayoría de izquierdas

Para Illa, la aritmética es un rompecabezas. Con ERC y Comuns, la mayoría absoluta de 68 escaños solo se alcanzaría si los tres partidos obtuviesen sus horquillas más altas, un escenario improbable. En sus cotas mínimas, el bloque de izquierdas se quedaría en 64, insuficiente para gobernar con cierta comodidad. La reciente experiencia con los Presupuestos, tumbados en marzo por la negativa de ERC y salvados después con un pacto in extremis, anticipa lo que puede ser el resto de la legislatura.

La estabilidad del Govern de Illa pende de un hilo: solo las horquillas máximas de sus socios garantizan la mayoría.

El bloque independentista sumaría entre 67 y 74 escaños si se unieran Junts, ERC, la CUP y Aliança Catalana. Sin embargo, la brecha ideológica lo impide: la extrema derecha independentista de Orriols, con un discurso antiinmigración y contrario a los consensos de la izquierda, es incompatible con la CUP y aleja cualquier entendimiento con los republicanos. Ni siquiera en las horas bajas del procés se planteó una coalición así.

El sorpasso que nadie quiso ver: Aliança Catalana adelanta a Junts

Otro dato relevante: el apoyo a la independencia sube al 45%, seis puntos más que en noviembre, el registro más alto en seis años. Por primera vez desde 2023, la opción de un Estado independiente es la preferida por los catalanes (36%), por delante de la comunidad autónoma (30%). Pero ese estado de opinión no se traduce en una mayoría parlamentaria funcional.

La vivienda se consolida como el principal problema para el 28% de los encuestados, seguida a distancia por la inmigración y la inseguridad ciudadana (ambas con un 10%). Illa ha hecho bandera de la Ley de Vivienda y de las regulaciones de alquiler, pero el desgaste es evidente. La encuesta sugiere que los votantes premian a quien ofrece soluciones radicales, como el discurso restrictivo de Aliança Catalana, o castigan a quien no las cumple.

Un Govern en la cuerda floja y el eco en Moncloa

En el Govern las alarmas ya han sonado. Fuentes de la Generalitat consultadas por esta redacción reconocen que ‘estos números complican cualquier plan legislativo’ y que la estrategia pasa ahora por por aferrarse a la gestión y demostrar resultados en vivienda y seguridad antes de que el descontento se enquiste.

La inestabilidad en Cataluña es un quebradero de cabeza para el Gobierno central, que necesita el apoyo parlamentario de ERC y Junts en el Congreso. El Gobierno de Pedro Sánchez necesita una Cataluña gobernable para mantener los apoyos que sostienen la mayoría en el Congreso, y un Illa desgastado es un interlocutor cada vez menos fiable. El barómetro del CEO se convierte así en un aviso para dos gobiernos: sin una salida al laberinto catalán, los próximos meses serán una cuenta atrás hacia un adelanto electoral que nadie desea pero que todos temen.

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