Juanma Moreno diseña un Gobierno de continuidad en Andalucía para frenar el empuje de Vox

El presidente andaluz mantiene a diez consejeros y refuerza a Antonio Sanz, al tiempo que crea dos vicepresidencias adicionales para equilibrar la influencia de Vox, que logra la vicepresidencia segunda y las carteras de Turismo, Justicia, Desregulación y Administración Local.

Juanma Moreno ha diseñado un Gobierno de continuidad con un objetivo claro: frenar el empuje político de Vox en Andalucía tras el pacto de coalición que ha otorgado al partido de Santiago Abascal una vicepresidencia y varias competencias. El presidente andaluz, que presentó su nuevo ejecutivo el jueves 9 de julio, mantiene a diez de los once consejeros del anterior mandato y crea dos vicepresidencias adicionales —la primera y la tercera— para diluir el peso del recién llegado.

Lo que Vox ha conseguido en el nuevo Ejecutivo

El acuerdo entre el PP andaluz y Vox ha permitido a los de Abascal estrenarse en un gobierno autonómico con una vicepresidencia segunda y las carteras de Turismo, Justicia, Desregulación y Administración Local. Manuel Gavira, portavoz de Vox en Andalucía, ocupa esa vicepresidencia y tendrá prelación protocolaria sobre el resto, aunque en la práctica queda subordinado a la vicepresidencia primera de Antonio Sanz, que asume la coordinación ejecutiva del gabinete.

Vox obtiene así capacidad de gestión directa en áreas sensibles como la Justicia —competencia que hasta ahora ostentaba José Antonio Nieto— y el Turismo, que abandona Arturo Bernal. Desde el partido se subraya que estas consejerías permitirán aplicar políticas de simplificación normativa y defensa del tejido productivo andaluz, en línea con su programa económico y de soberanía regional. No es un mero relleno: por primera vez, Vox tendrá voz y voto en el Consejo de Gobierno de la comunidad más poblada de España.

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Cómo contrarresta Moreno la influencia de Vox

La respuesta de Juanma Moreno ha sido un diseño de gabinete que busca mantener la inercia de la legislatura anterior. Para ello, refuerza a su hombre fuerte, Antonio Sanz, que suma a la vicepresidencia primera la Consejería de Sanidad, Presidencia y Emergencias; y crea una vicepresidencia tercera para Carolina España, que conserva Economía, Hacienda y Fondos Europeos. Así, el presidente dispone de dos contrapesos orgánicos frente a Gavira.

El resto del ejecutivo apenas cambia. Repiten diez consejeros, entre ellos Ramón Fernández Pacheco (Agricultura), Carmen Castillo (Educación) o Loles López (Servicios Sociales). Solo dos caras nuevas completan el equipo: Mario Muñoz, que asume Fomento y Movilidad, y Adolfina Martínez, al frente de Sostenibilidad y Medio Ambiente. Moreno ha querido trasladar que el pacto con Vox “no va a sufrir ningún cambio sustancial” en su hoja de ruta y que la “vía andaluza” sigue basada en “moderación, diálogo social y respeto al adversario”, según declaró durante la presentación.

Qué implica este equilibrio para el futuro de la coalición

El reparto de poder en Andalucía contiene un equilibrio tenso. Por un lado, Vox se estrena como socio imprescindible y dispone de plataformas ministeriales con presupuesto y capacidad normativa; por otro, la estructura de vicepresidencias ideada por Moreno limita su margen de maniobra real. La vicepresidencia segunda es, en la práctica, una vicepresidencia de cuarta si se cuenta la prelación protocolaria invertida. Y, sin embargo, para Vox supone un salto cualitativo respecto a otras comunidades como Castilla y León, donde el PP le cedió solo una consejería y ningún puesto en la Mesa.

Moreno intenta diluir el peso de Vox con estructura, pero el partido de Abascal ya está dentro del corazón de la Junta.

La negociación paralela sobre el reparto de cargos en instituciones dependientes de la Junta, incluida la radiotelevisión pública, y la prometida revisión “a la baja” de todos los impuestos autonómicos serán los primeros test de esa relación. Vox exigirá avances concretos en desregulación y rebaja fiscal; el PP andaluz, fiel a su imagen moderada, tratará de contener los gestos más rupturistas. El pulso no ha hecho más que empezar.