Macron sobre la defensa de Europa: ‘combatiremos al precio de la sangre’

El presidente francés liga la preparación militar europea a la guerra de Ucrania y llama a combatir por la libertad 'al precio de la sangre'. La Coalición de Voluntarios se reúne hoy y el desfile del 14 de julio mostrará la cooperación militar de 30 países por primera vez en los

Emmanuel Macron ha pronunciado este lunes su último discurso a las Fuerzas Armadas antes de la Fiesta Nacional del 14 de julio. Lo ha hecho con una contundencia inédita: “Europa se está convirtiendo en una potencia y estamos dispuestos a defender la libertad y el derecho al precio de la sangre si fuera necesario”. Las palabras del presidente francés no son solo una despedida institucional. Son un mensaje a Moscú, a Washington y a las capitales europeas que aún dudan de la ambición militar común.

Un legado que se mide en cañones y en credibilidad

Macron ha aprovechado la tribuna del Hotel Nacional de los Inválidos para consolidar lo que en el Elíseo llaman su “doctrina de autonomía estratégica”. En el discurso, el jefe del Estado vinculó la capacidad de respuesta europea directamente con la guerra en Ucrania. “Ucrania nos da una lección espectacular”, aseguró, antes de advertir que “son las guerras de hoy las que debemos ganar”. Para el presidente francés, la preparación militar ya no es un ejercicio de disuasión: es un activo de credibilidad geopolítica.

El tono marca un punto de inflexión. Francia, que durante años lideró la defensa europea casi en solitario frente al escepticismo alemán o la dependencia del paraguas estadounidense, encuentra ahora en la guerra de Ucrania un catalizador. Las encuestas en la UE muestran un apoyo mayoritario a mayor inversión en defensa; los Veintisiete han aprobado el European Defence Industry Reinforcement through common Procurement Act (EDIRPA) y trabajan en un programa de defensa aérea común. Macron, en su recta final, quiere atar ese legado.

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El discurso llega después de meses en los que París ha presionado para acelerar la producción de munición, crear un fondo de 100 000 millones de euros para capacidades militares y desplegar instructores europeos en suelo ucraniano. La retórica de “la sangre” —que recuerda a los momentos más graves de la historia europea— no es casual: busca sacudir a los socios del norte y del sur que aún miden el coste en porcentajes del PIB.

La Coalición de Voluntarios como mensajero del 14 de julio

Esta misma tarde, Macron reúne en París a la Coalición de Voluntarios por Ucrania, una treintena de países que incluye a España, Reino Unido, Polonia, Países Bajos y los nórdicos. La cita se produce en un clima de urgencia: Kiev necesita más sistemas de defensa antiaérea y misiles de largo alcance. La coalición, nacida en julio de 2024 tras la cumbre de la OTAN en Washington, ha ido ganando densidad política, aunque aún carece de una estructura formal de mando.

Mañana, el desfile militar del 14 de julio en los Campos Elíseos contará con medio millar de soldados de esos países, que abrirán la parada junto a tropas ucranianas. Es un gesto simbólico pero potente: por primera vez, la fiesta nacional francesa se convierte en escaparate de la cooperación militar europea sobre el terreno. Para España, que participa con una compañía del Mando de Operaciones Especiales, la imagen refuerza el perfil atlantista y europeísta de Moncloa en un año preelectoral.

No obstante, la coalición enfrenta divisiones internas. Alemania mantiene reticencias sobre el envío de misiles Taurus; Italia insiste en que cualquier despliegue debe ir acompañado de una nueva resolución de la ONU. Macron, consciente de que su mandato expira en mayo de 2027, quiere que la coalición sobreviva a su presidencia.

Macron no solo habla a los franceses: está enviando un recado a Washington y a Moscú, pero también a Berlín. El precio de la sangre es la credibilidad.

El Eje del Poder Europeo

El discurso de Macron y la cumbre de la Coalición de Voluntarios deben leerse en clave de geometría política europea. Por un lado, el eje franco-alemán atraviesa un momento de tensiones soterradas. Berlín, con una economía en recesión técnica, resiste los planes de endeudamiento mancomunado para defensa. París, por el contrario, quiere transformar la urgencia ucraniana en un “momento hamiltoniano” que cree eurobonos de defensa. España, que históricamente ha alineado con Francia en estos debates, ve con buenos ojos la propuesta, aunque el Gobierno de Sánchez prefiere no tensar la cuerda con Berlín en plena negociación del marco financiero plurianual.

En el flanco oriental, Polonia y los países bálticos respaldan la línea dura de Macron, pero exigen que cualquier promesa se traduzca en arsenales reales. La paradoja es que mientras la retórica se eleva, el gasto militar europeo sigue siendo un mosaico de 27 presupuestos nacionales con escasa interoperabilidad. El impacto para España es doble: por un lado, el sector de defensa nacional (Navantia, Indra, Airbus España) podría beneficiarse de contratos europeos si se activan los mecanismos de compra conjunta; por otro, la presión fiscal que supondría elevar el gasto del 1,28% del PIB actual al 2% comprometido con la OTAN tensaría las cuentas públicas en un contexto de nueva regla fiscal europea.

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La lectura a cinco años es clara. Si la guerra de Ucrania se prolonga, Europa tendrá que decidir si se convierte en un actor militar autónomo o si permanece como un apéndice de la OTAN liderada por Washington. Macron está apostando por lo primero y está usando sus últimos meses en el Elíseo para fijar ese rumbo. El riesgo es que, sin un sucesor con la misma visión (y sin un Berlín que acompañe), el discurso de la “sangre” quede solo como un ejercicio retórico de un presidente saliente.

Lo que ocurra en los próximos meses —desde la cumbre del Consejo Europeo de octubre hasta la reunión de la OTAN de 2027— dirá si la autonomía estratégica europea es ya irreversible o si, por el contrario, volveremos al “dividendo de la paz” en cuanto suene el primer alto el fuego en Ucrania. El desfile de mañana en París, con soldados de treinta países, es una postal. La pregunta es si detrás de la foto hay munición.