Moreno Bonilla avala al viceconsejero de Vox con pasado falangista

El presidente de la Junta de Andalucía defiende el 'currículum brillante' de Rafael Sánchez Saus frente a las peticiones de dimisión de PSOE y Adelante. Su vinculación con Falange en los años 80 centra las críticas.

Juan Manuel Moreno Bonilla ha respaldado el nombramiento de Rafael Sánchez Saus, viceconsejero de Turismo designado por Vox en el Gobierno andaluz, pese a la controversia generada por su pasado falangista. El presidente de la Junta de Andalucía asegura que desconocía aquella vinculación con Falange Española, pero defiende su ‘currículum brillante’ y subraya la libertad de los consejeros para designar a sus equipos.

Un nombramiento que remueve la historia: los argumentos de Vox

Rafael Sánchez Saus, catedrático de Historia Medieval y exrector de la Universidad CEU San Pablo, fue nombrado viceconsejero de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local por el vicepresidente de la Junta y líder de Vox en Andalucía, Manuel Gavira. La designación se produjo en el marco del primer Gobierno de coalición entre PP y VOX en una comunidad autónoma, un Ejecutivo en el que los consejeros —y, por extensión, sus equipos— responden a los acuerdos de reparto de poder entre las dos formaciones.

Desde Vox se defiende que la elección responde exclusivamente a la trayectoria académica y profesional del nuevo viceconsejero. La formación recuerda que Sánchez Saus fue rector de una universidad de prestigio y que su perfil encaja con el perfil técnico que se busca para el área de Turismo y Desregulación. Fuentes del partido consultadas por Moncloa.com insisten en que ‘el pasado personal de hace cuatro décadas no forma parte del escrutinio público cuando alguien ha demostrado una carrera intachable al servicio de la docencia y la gestión universitaria’.

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El propio Sánchez Saus, en declaraciones recogidas por elDiario.es, enmarcó aquella etapa como ‘parte de mi memoria sentimental, pero no representa mi forma de pensar hoy y no significa nada para mi labor como viceconsejero’. Añadió que nunca ha renegado de aquel pasado, aunque insistió en que ‘no tiene influencia sobre mi pensamiento actual’ y que, pese a seguir admirando la figura de José Antonio Primo de Rivera, no se considera un falangista en la actualidad. La Falange Española, formación histórica de la derecha nacional-sindicalista que gobernó en algunos municipios durante el franquismo, ha quedado reducida a un testimonio político residual, algo que subraya la desproporción de las críticas, según el entorno del viceconsejero.

La ofensiva de la oposición y el silencio del PP

La revelación del pasado falangista de Sánchez Saus desató las críticas inmediatas del Partido Socialista y de Adelante Andalucía. El portavoz de Adelante, José Ignacio García, calificó al nuevo viceconsejero de ‘fascista’ y afirmó que ‘un fascista no puede ocupar las instituciones democráticas’. La vicesecretaria general del PSOE-A, María Márquez, acusó a Moreno Bonilla de abrirle la puerta a la Falange en el Ejecutivo autonómico. Ambas formaciones registraron la petición de cese inmediato del número dos de Turismo, un movimiento que buscaba trasladar la presión a la bancada popular.

El PP andaluz, sin embargo, eludió entrar de lleno en la polémica. El consejero de Presidencia, Antonio Sanz, se limitó a señalar el pasado viernes que no opinaría sobre ‘todos los nombramientos’ porque ‘no terminaríamos nunca’. Fuentes próximas a Moreno admitieron en privado que el asunto les produjo ‘shock’, pero públicamente mantuvieron el respaldo a la autonomía de Vox para configurar su área. La estrategia popular pasa por no estropear la convivencia en el primer Gobierno de coalición de la derecha en Andalucía, un equilibrio que exige ceder espacios a los socios sin cuestionar sus decisiones internas.

La controversia revela el choque de legitimidades en el primer Ejecutivo de coalición del centro-derecha: Vox defiende su autonomía para elegir cargos, mientras la oposición intenta desgastar al Gobierno andaluz.

Qué busca Vox con este movimiento y sus consecuencias

Para Vox, este episodio reafirma su voluntad de ocupar espacios de gestión con perfiles solventes y de no plegarse a lo que considera un cordón sanitario en la narrativa política. El nombramiento de Sánchez Saus —un académico de prestigio con un pasado ajeno a la esfera pública reciente— encaja en la lógica partidaria de elegir colaboradores por su competencia, sin someterse a marcos ideológicos impuestos por adversarios. La dirección de Vox en Andalucía, liderada por Manuel Gavira, lee las críticas como una muestra de que la izquierda busca desacreditar cualquier avance institucional del partido.

La posición del PP, titubeante pero sin firmeza para exigir explicaciones, también beneficia a Vox a medio plazo: demuestra que, en el reparto de fuerzas del Gobierno andaluz, los populares necesitan la estabilidad del Ejecutivo y, por tanto, deben respetar las cuotas de sus socios. El precedente invita a pensar que otros nombramientos de Vox en cargos de responsabilidad —sea en la Junta de Andalucía o en futuros gobiernos autonómicos— recibirán ataques similares, pero la respuesta del partido será la misma: blindar a sus cargos y apoyarlos en su gestión.

Para el Gobierno andaluz, el desafío inmediato consiste en contener el ruido sin fracturar la coalición. Vox, por su parte, envía un mensaje nítido a sus bases y al electorado: el partido no se arredra ante las campañas de desgaste y mantiene su línea de defensa de la soberanía en las decisiones de sus representantes. La polémica, lejos de debilitar a la formación, refuerza su perfil como socio fiable pero con identidad propia.

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