Masa pizza casera rápida: el truco de Edu Lavandeira que solo necesita 15 minutos de trabajo

La manipulación activa de la masa solo te llevará 15 minutos repartidos en varias fases; el resto es paciencia y fermentación en frío. Con los trucos del divulgador gallego, evitarás que se te pegue a la pala y lograrás una pizza de bandeja digna de pizzería.

Si cada vez que intentas hacer pizza en casa terminas con una masa pegajosa que se niega a despegarse de la pala, bordes carbonizados o una base gomosa, bienvenido al club. El mayor error es pensar que necesitas un horno profesional y horas de amasado. El divulgador gallego Edu Lavandeira, autor de Planeta pizza, lo tiene claro: la suma de todos los amasados y manipulaciones activas no pasa de 15 minutos.

El resto del tiempo es fermentación. Y eso significa anticipación, no trabajo extra. Lavandeira insiste en que la clave para una pizza casera de bandeja espectacular está en repartir esos minutos a lo largo de varias fases, igual que pones los garbanzos en remojo la noche anterior. Tú solo tienes que organizar cuatro o cinco intervenciones breves; la masa hace el resto mientras duerme en la nevera.

Esa planificación es la que te permite olvidarte de las prisas. De hecho, el experto recomienda empezar por la pizza de bandeja, la de toda la vida, antes de lanzarse a la napolitana. Con la bandeja metálica del horno convencional evitas pelearte con palas y masas hiperhidratadas, y el resultado emula a la pizza in teglia romana. No necesitas un horno de 450 °C para triunfar.

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Los problemas típicos —que se pegue, que no suba o que quede cruda por dentro— casi siempre vienen de un error anterior: una fermentación mal medida o una masa demasiado débil. Por eso, antes de meter la pizza al horno, hay que interiorizar tres reglas de oro.

Estos son los tres principios que Edu Lavandeira repite hasta la saciedad y que marcan la diferencia entre una pizza mediocre y una que hace que te olvides del delivery.

La masa de pizza casera solo requiere 15 minutos de trabajo repartidos y una noche de espera; el verdadero secreto no es el amasado, sino la paciencia.

El secreto del éxito

  • 15 minutos bien repartidos: No amases una hora seguida. Haz un amasado inicial rápido, reposa 10-15 minutos, vuelve a amasar brevemente y luego mete la masa en la nevera. Al día siguiente solo tendrás que sacarla, atemperar y estirar.
  • Fermentación en frío con antelación: La masa necesita al menos 12-24 horas en la nevera. Eso desarrolla sabor y fortalece el gluten sin que tú tengas que hacer nada. La sacas 3-4 horas antes de hornear para que pierda el frío.
  • El shakey-shakey antes de hornear: Justo antes de meter la pizza al horno, sacude ligeramente la pala o bandeja. Si la masa no se mueve con fluidez, está demasiado pegajosa y es mejor doblarla sobre sí misma (a modo de calzone) antes de arriesgar un desastre en el horno.

Con estos principios en mente, solo necesitas cuatro ingredientes básicos para la masa.

Ingredientes

  • 500 g de harina de fuerza (puedes mezclar mitad normal y mitad de fuerza si no encuentras harina italiana)
  • 325 ml de agua templada
  • 2 g de levadura seca de panadería (o 5 g de fresca)
  • 10 g de sal fina
  • 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra (opcional, para masas más manejables)

Paso a paso

Disuelve la levadura en el agua templada y mezcla con la harina y la sal. Amasa durante 2-3 minutos solo hasta integrar; notarás una masa rugosa, nada lisa. Tapa y deja reposar 15 minutos. Vuelve a amasar otros 2 minutos: ahora la notarás más elástica y brillante. Forma una bola, úntala ligeramente con aceite y colócala en un bol tapado en en la nevera durante al menos 12 horas (lo ideal es de un día para otro).

Al día siguiente, saca la masa y déjala atemperar unas 3 horas sobre la encimera, cubierta con un paño. Verás que ha doblado su volumen y está llena de burbujas. Precalienta el horno a 250 °C con la bandeja dentro. Sobre una superficie ligeramente enharinada, estira la masa con las manos —sin rodillo— dándole forma rectangular o redonda. Colócala sobre un papel de horno y monta los ingredientes: primero la passata (el tomate triturado espeso), luego la mozzarella bien seca y el resto de toppings.

Antes de hornear, haz el shakey-shakey: mueve suavemente la bandeja o la pala. Si la pizza se desliza, está lista. Si no, pasa a modo calzone sin pensarlo. Hornea en la bandeja caliente durante 10-12 minutos, hasta que los bordes estén dorados y el queso burbujee.

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Variaciones y maridaje

Si quieres darle un giro gallego, sustituye la mozzarella por queso Arzúa-Ulloa o tetilla: funden de maravilla y aportan una untuosidad espectacular. Para una versión exprés sin nevera, puedes hacer una fermentación de 3 horas a temperatura ambiente, aunque el sabor será menos complejo. La masa sobrante se conserva en la nevera hasta 3 días, o congelada en porciones durante un mes; para recalentarla, dale un golpe de horno a 200 °C durante 3-4 minutos.

En cuanto al maridaje, una cerveza artesana tipo Pale Ale o un vino blanco con buena acidez (un Albariño o Godello) limpian la grasa del queso y realzan el tomate. Evita los tintos muy tánicos, que chocarían con la acidez de la salsa.