Acuerdo nuclear con Arabia Saudí: Trump permite enriquecer uranio sin control del OIEA

El borrador, pendiente de la firma de Trump, omite el Protocolo Adicional del OIEA y rompe con el 'gold standard' de 2009. Los expertos alertan de que la capacidad de enriquecimiento sin salvaguardias da a Riad un potencial armamentístico latente y allana la carrera nuclear en Or

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Estados Unidos ha acordado permitir a Arabia Saudí su propio programa nuclear civil con capacidad de enriquecer uranio, sin exigir el Protocolo Adicional del OIEA, según una filtración de CNN.
  • ¿Quién está detrás? El borrador, pendiente de la firma del presidente Donald Trump, rompe con el ‘gold standard’ que Washington impuso desde 2009 a sus socios en Oriente Próximo.
  • ¿Qué impacto tiene? La medida debilita el régimen global de no proliferación, equipara a Riad con Irán en cuanto a derechos nucleares y podría desencadenar una carrera armamentística. Para España, añade un factor de inestabilidad en el suministro energético y redefine la posición de la Unión Europea en el Golfo.

Este fin de semana, CNN ha revelado que Estados Unidos está dispuesto a permitir a Arabia Saudí enriquecer uranio para un programa nuclear civil, sin someterlo a la supervisión reforzada del OIEA. El borrador del acuerdo, que espera la firma del presidente Donald Trump, omite el Protocolo Adicional, el mismo instrumento que Washington exigió a Irán y que fue el detonante de las tensiones que culminaron en los bombardeos de este año sobre sus infraestructuras nucleares.

Según los documentos y fuentes consultados por la cadena estadounidense, el pacto permitiría a Riad instalar centrifugadoras para producir uranio enriquecido sin las salvaguardias adicionales que otorgan a los inspectores del OIEA un acceso más amplio a las instalaciones para detectar actividades no declaradas. Es decir, que un país que durante años fue socio fiable de Washington en la región ahora obtiene el mismo trato que Teherán, a quien el propio Trump calificó de «incubador de terror».

El giro estratégico: sin Protocolo Adicional y camino al enriquecimiento

Arabia Saudí lleva años buscando una industria nuclear propia. Argumenta que necesita diversificar su matriz energética, liberar más crudo para la exportación y alimentar sus enormes proyectos de desalinización. Como firmante del Tratado de No Proliferación (TNP), Riad reivindica el «derecho inalienable» de los Estados miembro a enriquecer uranio con fines pacíficos, exactamente la misma posición que sostiene Irán.

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La diferencia sustancial está en que el acuerdo, tal como lo perfila CNN, no incluiría el Protocolo Adicional, una salvaguarda que Irán sí aceptó aplicar de forma provisional durante años y que los inspectores internacionales consideran esencial para verificar que no hay desvío hacia usos militares. Al eludir esta exigencia, Washington estaría concediendo a los saudíes una capacidad de enriquecimiento sin el mismo nivel de escrutinio que reclamó —y por el que bombardeó— a los iraníes.

El borrador espera la firma del presidente Trump, quien ya ha mostrado en otros contextos su preferencia por acuerdos bilaterales que prescinden de los controles multilaterales. En esta redacción constatamos que la promesa de no proliferación que Estados Unidos ha defendido durante décadas se pliega ahora a una lógica transaccional: estrechar lazos con Riad a cambio de un compromiso nuclear casi libre de ataduras.

El ‘gold standard’ que desaparece y el riesgo de proliferación

Desde 2009, el estándar de oro de la cooperación nuclear civil americana era el acuerdo con los Emiratos Árabes Unidos, que renunciaron permanentemente al enriquecimiento y al reprocesamiento de plutonio a cambio de tecnología estadounidense. Ese modelo, promovido por administraciones demócratas y republicanas como una barrera contra la proliferación, ha sido dinamitado de un plumazo.

Los expertos en control de armas consultados por CNN advierten de que permitir a Arabia Saudí enriquecer uranio debilita ese «gold standard» y animará a otros países de la región a buscar derechos similares. La tecnología de centrifugación es inherentemente dual: la misma que produce combustible para reactores puede enriquecer uranio hasta grado armamentístico si se prolonga el proceso. Esto otorga a cualquier país una capacidad latente de fabricación de armas nucleares.

Para Israel, el principal aliado de Washington en la zona y poseedor de un arsenal nuclear no declarado, la perspectiva de que su vecino saudí tenga acceso a la tecnología de enriquecimiento sin ataduras, es una línea roja. Aunque el acuerdo es civil, el precedente abre la puerta a un escenario en el que Riad, como hizo Irán, acumule conocimiento y uranio enriquecido a niveles que acorten el sprint hacia una bomba.

Lo que hoy se presenta como un acuerdo de cooperación civil es, en realidad, la llave de acceso a la tecnología de centrifugación que puede acortar la distancia hasta un arma nuclear.

Equilibrio de Poder

La decisión de la Casa Blanca descoloca a la Unión Europea, que ha hecho de la no proliferación una seña de identidad de su política exterior. Francia y Alemania, que mantienen estrechos vínculos con Riad pero abogan por el refuerzo del régimen del TNP, se enfrentan ahora a un socio estadounidense que desmonta las reglas del juego. Moscú, por su parte, observa con interés: una nueva potencia nuclear emergente en el Golfo altera el tablero y le ofrece oportunidades de influencia en la región.

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Para España, el impacto es doble. Primero, en el frente energético: Arabia Saudí es un jugador decisivo en el mercado del crudo y cualquier inestabilidad en Oriente Próximo dispara los precios. Un Oriente Medio con más actores al borde de la capacidad nuclear añade una prima de riesgo permanente sobre el suministro. Segundo, en el ámbito diplomático: Madrid, tradicionalmente alineada con la postura europea de no proliferación, ve cómo su principal aliado en defensa, Estados Unidos, socava el consenso.

La lectura a medio plazo es sombría. Si Arabia Saudí desarrolla capacidad de enriquecimiento, es cuestión de tiempo que otros países de la región, como Egipto o Turquía, reclamen el mismo trato. El golpe al TNP sería definitivo y la arquitectura de seguridad global, ya tambaleante tras los bombardeos en Irán, quedaría irreconocible. Moncloa.com ha consultado con fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores, que reconocen inquietud pero prefieren esperar a la firma definitiva del acuerdo.

El precedente es elocuente: cuando Estados Unidos flexibilizó sus exigencias con el programa nuclear indio en 2008, abrió la puerta a que Nueva Delhi se convirtiera en una potencia nuclear reconocida sin firmar el TNP. Ahora, con Arabia Saudí, Washington repite la fórmula con un aliado aún más volátil. La próxima cumbre del OIEA, prevista para septiembre, será la primera prueba de fuego para medir la reacción internacional. Hasta entonces, el borrador de Trump sigue sobre la mesa.