Junts no esperará al Debate de Política General para plantar cara a Salvador Illa. La presidenta del grupo parlamentario, Mònica Sales, ha reclamado este lunes una remodelación profunda del Govern antes de la cita del 29 y 30 de septiembre en el Parlament. El foco está en dos flancos que la oposición considera insostenibles: la crisis educativa y los consellers reprobados por el pleno.
La exigencia llega desde Guardiola de Berguedà, donde Junts celebra unas jornadas de trabajo de inicio de curso. Sales ha vinculado el malestar con la gestión de Educación y ha recordado que este martes vuelven las huelgas de los docentes. Su conclusión es rotunda: ‘no se ha movido ni un dedo en todo el verano’ para solucionar la crisis de las escuelas.
La crisis educativa, el detonante de la ofensiva
El argumento del partido independentista se apoya en una doble reprobación política. Por un lado, la consejera Sílvia Paneque arrastra la reprobación parlamentaria por la crisis de Rodalies; por otro, el Departament d’Educació llega al nuevo curso con nuevas movilizaciones y un escándalo PISA que, según la oposición, se cerró ‘en falso’.
Sales y el portavoz parlamentario Salvador Vergés exigen ceses. La palabra no es casual: no piden una reordenación técnica, sino una crisis de gobierno visible que obligue al presidente a reconocer fallos de gestión.
En el diagnóstico de Junts, Illa se comporta como un ‘presidente irresponsable y ausente’. En el listado de agravios también aparecen infraestructuras, seguridad y vivienda, y un cierre del escándalo PISA con ‘cabezas de turno’ que no explicó lo ocurrido ante el pleno.
Junts no busca solo mover una conselleria. Lo que plantea es forzar a Illa a reconocer un desgaste político que afecta a varias carteras a la vez.
Estrategia contra las encuestas antes del pleno de octubre
La ofensiva de Junts tiene una lectura interna imposible de ignorar. Las encuestas no acompañan al partido, y la presión sobre el Govern pretende devolverle la iniciativa frente a un PSC que, por ahora, no contempla cambios. En Junts son conscientes de que Illa no tiene prevista una remodelación adicional tras la salida de Mònica Martínez Bravo al frente de Drets Socials.
Por eso la reclamación de Sales y Vergés busca instalar el debate antes del pleno monográfico sobre el escándalo de las pruebas PISA, previsto para el 20 de octubre. Si Junts logra consolidar la idea de un Govern agotado, cualquier comparecencia del ejecutivo en otoño se convierte en otra ratificación de esa tesis.
El grupo parlamentario ya ha fijado el marco: los consellers reprobados no deberían continuar, y los departamentos desbordados necesitan soluciones, no parches. Es una táctica clásica de oposición, pero con un elemento diferencial: la debilidad orgánica de Junts obliga a la cúpula a mover piezas en la Ciutadella mientras la formación resuelve en paralelo sus propias batallas internas.
El factor Puigdemont y la disputa interna de Junts
La ausencia de Carles Puigdemont en las jornadas de Guardiola de Berguedà es un síntoma, no una anécdota. El presidente del partido tenía prevista una intervención telemática, pero la agenda se lo impidió. Tampoco acudió el presidente del Parlament, Josep Rull, quien se incorpora este martes. Sí estuvo el secretario general, Jordi Turull.
Turull mantiene un pulso interno por la confección de candidaturas municipales. El temor a un sorpasso de Aliança Catalana en los comicios del próximo mayo está instalado en la dirección, y la imagen de unidad no es total. El propio Puigdemont, diputado y pendiente de su vuelta antes de Navidad, todavía no ha decidido si ejercerá cuando regrese.
Observamos, por tanto, un desajuste: Junts exige a Illa una remodelación inmediata mientras su propia casa no cierra la discusión sobre liderazgos y candidaturas. No es incompatible, pero resta solidez al mensaje. En el Parlament, la ofensiva contra el Govern es real; en la sede del partido, la prioridad sigue siendo otra.
Eso no elimina el problema para Illa. El Debate de Política General llega con frentes acumulados: educación, Rodalies, vivienda y las tensiones con el Gobierno central por la financiación autonómica. Aunque el presidente no está obligado a complacer a Junts, sí deberá decidir si acude a la cita con un gabinete agotado o con una reordenación que desactive el relato opositor.
La respuesta completa se verá entre finales de septiembre y la sesión monográfica del 20 de octubre. Para Junts, el órdago está lanzado. Para Illa, la gestión se ha convertido en la principal amenaza de un curso político que no admite más parches.
