La denuncia fue interpuesta en Ceuta por la asociación Zoelandia en Ceuta tras el hallazgo de cadáveres de gatos mutilados parcialmente en diferentes zonas de la ciudad, así como los cadáveres de palomas y gaviotas semi devoradas. La denuncia califica los hechos de constitutivo de delitos contra los animales tipificados en el art. 340 bis del Código Penal y pone de manifiesto algo todavía más inquietante y es que los primeros días de agosto la ayuda humanitaria con comida no llegó a todo el mundo. La denuncia ya es investigada por el Tribunal de Instancia 1 de Ceuta y recuerda a los peores días del asedio a Madrid durante la Guerra Civil. El Código Penal recoge penas de hasta 24 meses de prisión si se causa la muerte del animal.
El artículo 340 bis.1 del Código Penal sanciona a quien, «fuera de las actividades legalmente reguladas y por cualquier medio o procedimiento, cause a un animal doméstico, amansado, domesticado o que viva temporal o permanentemente bajo control humano una lesión que requiera tratamiento veterinario para el restablecimiento de su salud.
Explica en su denuncia Zoelandia que «entre los días 17 y 19 de agosto de 2026, esta Asociación ha tenido conocimiento, a través de distintas informaciones publicadas en medios de comunicación y de los testimonios públicos atribuidos a personas cuidadoras y administradoras de colonias felinas de Ceuta, de una situación de especial gravedad que estaría afectando a numerosos gatos comunitarios de la Ciudad Autónoma.
Las informaciones describían, entre otros extremos: «la desaparición de un número indeterminado de gatos de distintas colonias; el desplazamiento forzoso de ejemplares desde los lugares en los que habitualmente vivían; la destrucción o deterioro de instalaciones destinadas a su alimentación y refugio; el hallazgo de gatos muertos y presuntamente mutilados; la existencia de ejemplares supuestamente atravesados mediante objetos punzantes; el hallazgo de restos de animales con lesiones de especial gravedad; y la aparición de aves muertas o parcialmente devoradas en algunas de las mismas zonas.
Dicen los denunciantes que no atribuyen anticipadamente la autoría de tales hechos a «persona o colectivo determinado, correspondiendo precisamente a la investigación judicial y policial determinar si los hechos denunciados han ocurrido en los términos descritos, sus circunstancias, la causa de las lesiones y muertes y, en su caso, la identidad de sus autores», pero antes de la invasión en Ceuta los gatos campaban a sus anchas por la calle.
Los lugares o colonias afectadas son las zonas de Huerta Téllez, Carmelitas, calle Goya, Príncipe, Sidi Embarek, Punta Blanca y las
inmediaciones de la planta desaladora. Algunas fuentes no oficiales hablan ya de unos 65 gatos en total.
Zoelandia añade en su denuncia que «las informaciones conocidas posteriormente elevan considerablemente la gravedad de los hechos. Según testimonios atribuidos a cuidadoras o administradoras de las colonias felinas, habrían sido encontrados numerosos gatos muertos, algunos mutilados o cortados, describiéndose concretamente ejemplares: A los que presuntamente les faltaría una parte considerable del cuerpo, que habrían sido atravesados mediante algún tipo de objeto punzante, con lesiones compatibles, según los testimonios publicados, con actos violentos y muertos en circunstancias que requieren una investigación veterinaria y policial para determinar su etiología».
No solo gatos, también palomas y gaviotas devoradas
También añaden que «igualmente se habría informado del hallazgo de palomas y gaviotas parcialmente devoradas«.
La asociación denunciante considera imprescindible destacar que estas informaciones constituyen actualmente «indicios y testimonios que deben ser objeto de comprobación, por lo que resulta esencial localizar los cadáveres o restos que todavía puedan conservarse y someterlos a examen veterinario-forense».
Asimismo, las noticias publicadas en la prensa regional, relacionan temporalmente la desaparición y desplazamiento de gatos con la instalación de asentamientos de personas en lugares ocupados anteriormente por las colonias felinas. Sin embargo, «la existencia de dicha coincidencia espacial o temporal no permite por sí sola atribuir penalmente la muerte, mutilación o lesión de los animales a ninguna persona concreta», añaden.
Por ello solicitan una «investigación judicial que permita diferenciar los animales que simplemente hayan abandonado temporalmente su colonia, los que hayan fallecido accidentalmente como consecuencia de su desplazamiento, los que hayan sufrido lesiones por otras causas; y aquellos respecto de los cuales existan indicios objetivos de haber sido deliberadamente lesionados o muertos por una persona».
Según recoge la denuncia, «la información disponible no describe necesariamente un único episodio, sino diferentes hallazgos producidos en diversas zonas de Ceuta. Por ello, sin efectuar en este momento una calificación definitiva como delito continuado, deberá investigarse si existe unidad o pluralidad de autores, conexión temporal, territorial o material entre los distintos hechos, y si estos responden a actuaciones independientes o a una conducta reiterada susceptible de recibir la calificación jurídica que corresponda conforme al resultado de las diligencias».
Los denunciantes solicitan que se practiquen varias diligencias, como «que se libre oficio al SEPRONA de la Guardia Civil, Policía Nacional
y Policía Local de Ceuta para que informen sobre las denuncias, avisos, llamadas, intervenciones o incidencias relacionadas con gatos muertos, lesionados, desaparecidos o maltratados desde el inicio de los acontecimientos objeto de esta denuncia».
También piden que «por agentes especializados se practique inspección ocular de las zonas de Huerta Téllez, Carmelitas, calle Goya, Príncipe, Sidi Embarek, Punta Blanca, inmediaciones de la desaladora y cualesquiera otros lugares señalados por las personas
cuidadoras».
Entre las pruebas serían importante, a juicio de los denunciantes que «se proceda a localizar, recoger y preservar los cadáveres o restos
animales que todavía pudieran encontrarse, documentándose fotográficamente su localización y circunstancias. Que, los cadáveres conservados sean sometidos a necropsia veterinaria forense, determinándose la causa y momento aproximado de la muerte; naturaleza ante mortem o post mortem de las lesiones; existencia de cortes, mutilaciones, perforaciones o traumatismos; instrumento potencialmente utilizado; existencia de signos compatibles con atropello, ataque de otros animales, intoxicación u otras causas; y cualquier otro dato susceptible de esclarecer si existió intervención humana deliberada«.
Por eso también consideran necesario que «se efectúe una comparación entre el censo de gatos anterior a los hechos y el actualmente existente, a fin de determinar objetivamente el número aproximado de ejemplares desaparecidos».
