La herencia en vida —técnicamente, los pactos sucesorios— es una de esas figuras que los gallegos conocen casi por intuición, pero que el resto de España empieza a descubrir ahora con sorpresa. El profesor de Derecho Civil en la Universidade de Vigo, Ernesto Regueira, acaba de poner en blanco y negro las razones por las que anticipar una herencia en Galicia puede ser mucho más ventajoso fiscalmente que una donación. Y la clave está, precisamente, en que no es una donación.
Un aumento del 12,74% en herencias en vida
Según los últimos datos del Consello General del Notariado, los pactos sucesorios se incrementaron un 12,74% en Galicia durante el último ejercicio. El dato no es casualidad. El acceso a la vivienda y la planificación patrimonial han convertido una institución de raíz agraria en una herramienta financiera de primer orden para las familias gallegas.
Regueira lo explica desde la raíz histórica. “Tradicionalmente estas instituciones respondían a una sociedad eminentemente agraria”, recuerda, “pero hoy se han adaptado a una realidad completamente distinta”. Y es que, con el minifundio superado por la urbanización, el derecho civil gallego ha demostrado una flexibilidad que el Código Civil común simplemente no tiene.
Mientras en el resto de España la sucesión se rige por el principio de intangibilidad de la legítima, en Galicia la legítima de los descendientes se reduce a una cuarta parte. Y los ascendientes dejan de ser herederos forzosos. Ese menor peso de las limitaciones forzosas da al testador gallego una libertad que el derecho común envidia.
La gran baza: tributar por sucesiones, no por donaciones
Pero si hay un dato que inclina la balanza es el régimen fiscal. Los pactos sucesorios no tributan como donaciones, sino por el Imposto de Sucesións e Doazóns —el impuesto de sucesiones gallego—. Y ahí la diferencia es abismal.
Galicia tiene una exención de hasta un millón de euros para las transmisiones entre padres e hijos, y la mayoría de estos pactos no tributan nada, ni siquiera en el IRPF del transmitente.
Regueira detalla: “En una donación de un inmueble, quien dona puede tener que tributar en el IRPF por la ganancia patrimonial generada. En un pacto sucesorio se aplica por analogía el mismo criterio que en una herencia, la “plusvalía del muerto”, de modo que el transmitente tampoco tributa en el IRPF por esa transmisión.” Es decir, ni el que da paga por la ganancia ni el que recibe paga por la donación. El ahorro puede ser de decenas de miles de euros.
El profesor de la UVigo no esconde la consecuencia práctica. “Un gallego puede transmitir un inmueble en vida en unas condiciones fiscales mucho más favorables que un ciudadano sometido al derecho común”, resume. En Madrid, Barcelona o Sevilla un padre que quiera ayudar a su hijo con una vivienda tendrá que acudir a una donación y, con frecuencia, pagar impuestos en dos frentes. En Galicia basta con un testamento mancomunado o un pacto de mejora.
El Laboratorio Gallego
La singularidad del derecho civil gallego no es un capricho folclórico. Es el resultado de una evolución normativa que la Xunta y el Parlamento de Galicia han sabido conducir, y que el PPdeG defiende como parte del autogobierno. Desde la reforma de la Ley de Derecho Civil de 2006, las instituciones tradicionales —la apartación, el pacto de mejora, el testamento mancomunado— se han modernizado para resolver los problemas de hoy.
En el debate fiscal nacional, el modelo gallego es citado a menudo por los sectores liberales como un ejemplo de cómo una fiscalidad más favorable no reduce necesariamente la recaudación. Al contrario: la exención de un millón de euros en el impuesto de sucesiones no ha vaciado las arcas gallegas, y ha permitido a miles de familias transmitir patrimonio sin fricciones.
La lectura política es evidente. Mientras el Gobierno central sigue sin armonizar las diferencias autonómicas en sucesiones, Galicia se ha convertido en el laboratorio de una fiscalidad patrimonial más suave. El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, y antes Alberto Núñez Feijóo, han esgrimido en reiteradas ocasiones la reforma del impuesto de sucesiones como un éxito del modelo gallego. Y el PP nacional observa con atención.
Lo que arrancó como una solución para evitar la fragmentación del minifundio agrario es hoy una ventaja competitiva para la economía familiar gallega. Las cifras de los notarios confirman que la herencia en vida crece porque la sociedad la necesita. Y el derecho, como dice Regueira, debe ser un reflejo de esa sociedad. En Galicia, lo está siendo.
Ficha del Caso
- El caso: Las herencias en vida, o pactos sucesorios, llevan años ganando terreno en Galicia como alternativa fiscal y jurídica a las donaciones tradicionales, en un contexto de encarecimiento de la vivienda y necesidad de planificación patrimonial.
- Datos importantes: Aumento del 12,74% en 2025; exención de hasta un millón de euros en transmisiones entre padres e hijos; legítima gallega de solo la cuarta parte del caudal hereditario; y tres figuras clave: apartación, pacto de mejora y testamento mancomunado.
- Resumen: Gracias al derecho civil propio, los gallegos disponen de un instrumento que anticipa la herencia con un tratamiento fiscal propio de una sucesión, sin coste alguno en la mayoría de los casos y sin la penalización que sufren las donaciones en el resto de España.

