Apple demanda a OpenAI por robo de secretos: más de 400 exempleados en la mira

La compañía de Cupertino envía cartas de preservación de pruebas a una cuarentena de exempleados y solicita una orden judicial que paralice el uso de diseños propietarios en el hardware de IA de OpenAI. La demanda eleva la tensión por el talento en el sector de la inteligencia ar

Apple ha presentado una demanda por robo de secretos comerciales contra OpenAI, a la que acusa de orquestar una campaña de captación masiva de talento para acceder a información sensible sobre su hardware de inteligencia artificial. La compañía de Cupertino sostiene que más de 400 exempleados trabajan ahora en las filas de la empresa dirigida por Sam Altman y que, a través de algunos de ellos, se ha filtrado propiedad intelectual clave para el desarrollo de nuevos dispositivos.

Claves de la operación

  • Cartas de preservación de pruebas a otros 40 antiguos ingenieros. Apple amplía la investigación a docenas de exempleados adicionales más allá de los dos directivos inicialmente señalados, solicitándoles que conserven cualquier comunicación o documento relacionado con su paso por la multinacional.
  • Dos veteranos de la ingeniería en el punto de mira. Tang Tan, ex jefe de diseño de producto con 24 años en Apple, y Chang Liu, antiguo ingeniero eléctrico senior, son acusados de violar sus contratos al incorporarse al equipo de hardware de OpenAI.
  • Medidas cautelares y negativa de OpenAI. La demanda pide una orden judicial que impida a OpenAI seguir utilizando cualquier diseño propietario de Apple. La empresa de IA niega las acusaciones y afirma que no tiene conocimiento de pruebas que las sustenten.

La caza de talento que derivó en litigio

El trasvase de ingenieros de Apple hacia OpenAI no es casualidad ni goteo. La denuncia dibuja un plan deliberado para vaciar de talento a una de las divisiones de hardware más reservadas de Silicon Valley, la que durante años ha dado forma a los procesadores de los iPhone y los Mac. Tan y Liu son las cabezas visibles de una operación que, según Apple, puede ser solo la punta del iceberg de un esquema mucho más amplio que abarca a decenas de profesionales.

Los documentos presentados ante el tribunal subrayan que los diseños de ingeniería, los procesos de fabricación y otros secretos industriales han podido llegar a la empresa de Altman precisamente a través de esos exempleados. Apple teme que el hardware de IA que OpenAI prepara en su laboratorio secreto se haya nutrido de ese conocimiento confidencial y, por eso, ha pedido una orden cautelar que paralice cualquier avance que dependa de él.

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OpenAI responde: «no hay pruebas»

La postura de OpenAI es de rechazo frontal. En un comunicado remitido a Bloomberg esta misma semana, la empresa aseguraba «no tener conocimiento de ninguna prueba que demuestre que esta demanda tiene fundamento». La negativa coloca el peso de la evidencia sobre Apple, que deberá demostrar no solo que los exempleados se llevaron información, sino que OpenAI la utiliza de manera activa en sus prototipos.

La defensa de OpenAI se apoyará probablemente en la dificultad de rastrear ideas y conceptos en un entorno donde la frontera entre el conocimiento personal de un ingeniero y los secretos corporativos es difusa. Sin embargo, los contratos de confidencialidad de Apple son extremadamente restrictivos y la mera contratación masiva de exempleados levanta sospechas regulatorias.

El litigio también genera ruido en el mercado laboral de la inteligencia artificial. La escasez de perfiles cualificados dispara las contrataciones y, con ellas, los riesgos de fuga de información. No es la primera vez que dos gigantes tecnológicos se cruzan demandas por el fichaje de ingenieros, pero la escala y la relevancia de lo que está en juego —el hardware que alimentará la próxima generación de modelos de IA— convierten este pleito en un referente.

El conflicto entre Apple y OpenAI no es solo un pleito por unos cuantos ingenieros; es el síntoma de una guerra global por el talento que definirá la economía digital de los próximos años.

Lo que se juega España y el ecosistema europeo

Más allá del enfrentamiento entre las dos compañías californianas, la disputa resuena en Europa. La escasez de profesionales de IA ya condiciona los planes de crecimiento de las grandes tecnológicas españolas, desde Telefónica hasta las startups que aspiran a escalar al calor del AI Act europeo. Si los tribunales acaban imponiendo restricciones a la movilidad de ingenieros cuando hay secretos comerciales de por medio, el mercado laboral técnico se tensará todavía más.

En esta redacción entendemos que el fondo del asunto va más allá de dos compañías: la batalla por el talento en inteligencia artificial se está judicializando y eso encarecerá las contrataciones, alargará los plazos de desarrollo y empujará a las empresas a blindar todavía más sus equipos. La paradoja es que las mismas reglas de confidencialidad que protegen la innovación también pueden frenarla.