Salud mental en Ourense: la jefa de Psiquiatría del CHUO revela 200 atenciones anuales por intento de suicidio

El área sanitaria de Ourense atiende cada año a unas 200 personas por intento de suicidio, mientras los casos de autolesiones en menores se multiplican. María Tajes, responsable de Psiquiatría del CHUO, detalla el funcionamiento de una unidad pionera y los retos de una provincia

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? María Tajes, jefa de Psiquiatría del Complejo Hospitalario Universitario de Ourense (CHUO), revela que la unidad de atención al suicidio sigue anualmente a unas 200 personas que han intentado quitarse la vida en la provincia.
  • ¿Quién está detrás? La Unidad de Atención al Suicidio del CHUO, un recurso pionero en Galicia que luego se extendió a otras áreas sanitarias gallegas.
  • ¿Qué impacto tiene? La intervención ha reducido hospitalizaciones y recaídas, pero el incremento de autolesiones en menores y las dificultades por la dispersión y envejecimiento de la provincia obligan a repensar los recursos.

El área sanitaria de Ourense atendió el año pasado a unas 200 personas que habían intentado quitarse la vida. María Tajes, jefa de Psiquiatría del CHUO, detalla en una entrevista concedida a La Región el funcionamiento de una unidad pionera que combina psiquiatría, psicología clínica y enfermería especializada, y cuyo modelo ha sido replicado en el resto de Galicia.

La Unidad de Atención al Suicidio trabaja con pacientes mayores de 16 años que no requieren hospitalización. Cada caso recibe una intervención multidisciplinar de entre 12 y 18 meses, con posibilidad de psicoterapia, tratamiento farmacológico y un seguimiento estrecho a cargo de una enfermera gestora. La deserción terapéutica se vigila especialmente: si alguien deja de acudir, el equipo intenta mantener el contacto porque, como explica Tajes, “a quienes se encuentran en riesgo de suicidio les puede resultar difícil pedir ayuda”.

Los resultados han sido tangibles. “Están disminuyendo tanto las tasas de hospitalización como las recaídas”, afirma la psiquiatra. Sin embargo, donde sí se ha registrado un aumento claro es en la infancia y la adolescencia. Las autolesiones en menores de 16 años se han disparado, aunque las tentativas de alta letalidad y los suicidios consumados no han crecido al mismo ritmo.

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El Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga) contabilizó 48 suicidios en la provincia de Ourense durante 2025. Tajes subraya que no hay un perfil único: “Lo que existen son factores de riesgo, como la soledad no deseada, la desesperanza, un trastorno mental no tratado, las pérdidas, el dolor no controlado o las enfermedades crónicas”. Esa soledad, añade, puede aparecer también en jóvenes aparentemente acompañados, y las redes sociales juegan un papel relevante.

En una provincia envejecida, y dispersa, la prevención comunitaria se convierte en un reto mayúsculo. “Se intenta que las estrategias se desarrollen con los ayuntamientos y entidades del tercer sector con implantación territorial”, explica Tajes, que reconoce las dificultades que la dispersión impone a la prestación de servicios. No obstante, cuando Atención Primaria detecta una situación de riesgo, la derivación a la unidad es preferente.

Ourense no solo es la provincia gallega con la población más envejecida; también se ha convertido en un laboratorio de cómo la salud mental se enfrenta al silencio del rural y a la epidemia silenciosa de autolesiones entre los más jóvenes.

Uno de los grandes vacíos es la atención a familiares de personas fallecidas por suicidio. “Actualmente no existe un programa estructurado, aunque confiamos en poder crearlo en el futuro”, admite Tajes. La necesidad de más recursos humanos, de investigación y de formación es recurrente en el discurso de la psiquiatra. “Necesitamos que las personas sepan dónde pedir ayuda y que los profesionales estén preparados para responder con los medios suficientes”.

En cuanto a la cobertura mediática, la jefa de Psiquiatría defiende que se hable del suicidio sin sensacionalismo y sin detalles sobre el método, y recuerda que explicar que alguien con pensamientos suicidas puede beneficiarse de una intervención sanitaria y social salva vidas.

El Laboratorio Gallego

La Unidad de Atención al Suicidio del CHUO fue pionera en España y su modelo se extendió al resto de áreas sanitarias gallegas. Galicia ha sido, de hecho, uno de los primeros territorios en diseñar una red específica de prevención del suicidio, lo que sitúa a la comunidad como referencia para otras regiones que ahora empiezan a tejer recursos similares.

Pero lo que sucede en Ourense trasciende lo sanitario. La provincia aúna dos fenómenos demográficos —envejecimiento y dispersión— que son comunes a buena parte de la España interior. Las dificultades para llegar al rural y la falta de relevo generacional en los cuidados interpelan directamente al debate nacional sobre la reordenación de la atención primaria y la salud mental comunitaria.

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El aumento de las autolesiones en menores tampoco es exclusivo de Galicia. Los datos de otras comunidades reflejan tendencias similares, y las voces expertas coinciden en que la pandemia actuó como catalizador de un malestar que ya crecía. El pequeño equipo para adolescentes del CHUO —una enfermera, una psicóloga clínica y apoyo psiquiátrico— evidencia la desproporción entre necesidad y recursos en un momento en que la salud mental juvenil ha saltado al primer plano de la agenda política.

Las próximas decisiones del Parlamento de Galicia sobre la dotación de la Estratexia de Saúde Mental 2024-2028 y la presión de BNG y PSdeG para que se amplíen las unidades infanto-juveniles marcarán hasta qué punto la comunidad sigue siendo laboratorio de políticas que, más tarde, se reclaman desde Madrid.

Ficha del Caso

  • El caso: La jefa de Psiquiatría del CHUO desgrana en una entrevista el trabajo de una unidad pionera de atención al suicidio que ya ha sido replicada en toda Galicia.
  • Datos importantes: Unos 200 pacientes con intento autolítico al año; 48 suicidios consumados en la provincia en 2025; aumento de autolesiones en menores; reducción de hospitalizaciones y recaídas.
  • Resumen: Galicia dispone de un modelo de intervención temprana que funciona, pero el repunte del sufrimiento psíquico juvenil y las barreras del rural exigen un refuerzo que trasciende lo sanitario y conecta con el debate nacional sobre la salud mental.