Miles de latinoamericanos apoyan hoy a España en la final del Mundial frente a Argentina por el racismo de una minoría de hinchas albicelestes y una percepción matizada del pasado colonial.
Indignómetro
Nivel de impacto para España: 8/10. El respaldo de numerosos aficionados de América Latina en un evento de audiencia global refuerza la imagen de España en la región y añade matices al debate sobre su legado histórico.
¿Por qué La Roja se lleva el apoyo de América Latina?
El detonante lo puso esta semana la periodista brasileña Julia Duailibi, que en su columna de O Globo explicó por qué no animaría a Argentina. ‘Las escenas racistas de una minoría de hinchas, y el silencio de la mayoría en el campo, me revuelven el estómago’, escribió tras la semifinal ante Inglaterra. Su texto no es una excepción: en Brasil, Uruguay, Colombia o Chile, la rivalidad futbolística con la albiceleste se mezcla con un hartazgo ante comportamientos que muchos consideran humillantes.
El análisis de The Guardian subraya que el racismo en las gradas argentinas no es nuevo. Cánticos denigrantes, gestos hacia jugadores negros y un sentimiento de superioridad que otros países de la región han padecido durante décadas. La discriminación en Argentina contra bolivianos, paraguayos o afrodescendientes tiene un largo recorrido, documentado por informes de la ONU. En esta final, ese resentimiento acumulado ha encontrado una vía de escape apoyando al rival europeo.
Pero sería un error leer este respaldo como un cheque en blanco al pasado colonial español. Muchos latinoamericanos distinguen entre la España actual —país de inversiones, cultura compartida y emigración recíproca— y el viejo imperio. El factor determinante es la inmediatez del racismo argentino: hiere más una agresión de un vecino que una herida histórica que, aunque no está cerrada, se percibe más lejana en el fragor del fútbol.
La postura de Brasil, el gigante regional y rival histórico de Argentina, es reveladora. Medios como Folha de S.Paulo han calificado el apoyo a España como un ‘voto de castigo’ por la arrogancia deportiva y social que muchos brasileños atribuyen a sus vecinos. No es casualidad que la columna de Duailibi haya corrido como la pólvora en redes: el fútbol sirve de altavoz a tensiones que la diplomacia calla.
El fútbol no blanquea la colonización, pero el racismo de hoy moviliza más que las heridas del pasado.
El legado colonial: ni olvido ni simplificación
Conviene no simplificar. El hecho de que una parte de América Latina anime a España en un partido no equivale a una reivindicación del Imperio español. La percepción del pasado colonial es mucho más compleja: para unos, España fue la potencia que impuso lengua y religión; para otros, el país con el que se comparten apellidos, tradiciones y una historia de mestizaje que, con luces y sombras, construyó lo que hoy es Hispanoamérica. El debate colonial está abierto, pero el fútbol actúa como un espejo de emociones presentes, no como un tribunal de la historia.
El contraste con Argentina ayuda a entenderlo. Mientras España ha ido incorporando, con altibajos, una mirada crítica hacia su pasado, en el país austral persiste una autoimagen de ‘crisol de razas’ que contrasta con los datos de discriminación estructural. La paradoja es que los mismos que cantan a una supuesta superioridad blanca y europea son los que alimentan un rechazo que, en la final de hoy, se traduce en un apoyo masivo a la selección española.
Un precedente que ilumina el presente
No es la primera vez que el fútbol saca a relucir fracturas profundas. En el Mundial de Brasil 2014, tras la dura derrota ante Alemania, muchos brasileños apoyaron a la Mannschaft en la final para evitar una victoria argentina en su propio país. Ahora, en 2026, el componente racial añade una capa de indignación global que coincide con el debate sobre discriminación en el deporte. Para España, la oportunidad es doble: ganar un título y, al mismo tiempo, cosechar un capital de simpatía que puede traducirse en soft power si se gestiona con inteligencia.
La final de este domingo —19 de julio de 2026— es un escaparate mundial. Millones de ojos estarán puestos en cómo se comportan los jugadores, qué gestos se hacen en el campo y qué mensaje se lanza desde las instituciones. Un detalle antirracista, una pancarta o unas palabras de los capitanes pueden tener más eco que cualquier comunicado diplomático. España tiene hoy la ocasión de reforzar su imagen en América Latina sin caer en triunfalismos: la pelota está en su tejado.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: La conducta racista de una minoría de hinchas argentinos en el Mundial 2026 ha provocado que muchos latinoamericanos apoyen a España en la final, según un análisis de The Guardian que recoge la columna de Julia Duailibi en O Globo.
- Datos importantes: Brasil, Uruguay, Colombia o Chile muestran un alineamiento temporal con La Roja por rivalidad histórica y hartazgo social. El racismo en el fútbol argentino ha sido señalado por la ONU.
- Resumen: Este inesperado apoyo refuerza la imagen de España en la región, pero exige gestionar con humildad un legado colonial que sigue siendo sensible y evitar lecturas simplistas.

