EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, ha exigido al PP que pida perdón por haber criticado la ley de amnistía, tras la sentencia del TJUE que la avala. Feijóo rechaza la exigencia.
- ¿Quién está detrás? Elma Saiz (ministra portavoz) lanza el órdago. Alberto Núñez Feijóo lidera la negativa del PP, que mantiene su oposición frontal.
- ¿Qué impacto tiene? La polémica refuerza la confrontación entre el Gobierno y el principal partido de la oposición en vísperas del nuevo ciclo parlamentario, mientras la ley sigue sin aplicarse íntegramente y el TC aún debe pronunciarse.
Alberto Núñez Feijóo ha rechazado este jueves la exigencia del Gobierno de que el Partido Popular pida perdón por sus críticas a la ley de amnistía. El envite llega apenas veinticuatro horas después de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictaminara que la norma respeta el derecho comunitario. La portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, había demandado poco antes una rectificación pública del PP y una visita de Feijóo a Cataluña para disculparse.
Desde Génova califican la petición de «inadmisible» y acusan a Moncloa de utilizar el fallo europeo para blanquear una ley que, a ojos del PP, sigue siendo inconstitucional y lesiva para el Estado de Derecho. «No vamos a pedir perdón por defender la Constitución», resumen fuentes de la cúpula popular consultadas por Moncloa.com.
El Gobierno exige disculpas tras el espaldarazo del TJUE
Elma Saiz fue muy explícita en sus declaraciones a TVE, recogidas por Europa Press. «La ley es buena para Cataluña, para España y para la democracia», afirmó, y añadió que ahora «lo que queda es una aplicación integral, diligente y eficaz». A renglón seguido, la ministra portavoz aseguró que Feijóo debería ir a Cataluña y pedir perdón por haber tachado la norma de «nefasta», augurar un «declive económico» y calificarla de «callejón sin salida».
Saiz también censuró las protestas frente a la sede del PSOE en Ferraz, los «insultos y vejaciones» a dirigentes socialistas, y reclamó «consecuencias» para el PP por sus declaraciones «irresponsables». A su juicio, los populares apostaron por «la fractura, el miedo y la mentira» contra la amnistía y, por tanto, es «exigible que pidan perdón».
La respuesta del PP: ‘Ni una disculpa por defender la legalidad’
La reacción de Génova fue inmediata. Fuentes del partido confirmaron a esta redacción que Feijóo no contempla recular ni un milímetro en su oposición a la medida de gracia. «La sentencia del TJUE no convierte la amnistía en constitucional ni la blinda frente a los recursos que ya están presentados ante el Tribunal Constitucional», argumentan. El PP insiste en que la norma vulnera principios básicos como la igualdad de los españoles ante la ley y la separación de poderes.
La dirección nacional subraya, además, que el fallo del tribunal europeo no entra a valorar la compatibilidad de la amnistía con la Constitución española —ese examen corresponde al TC—, sino que se ciñe a si la ley contraviene el derecho de la Unión. Este matiz técnico es la base sobre la que el partido asienta su negativa a cualquier gesto de contrición.
En paralelo, el Grupo Parlamentario Popular ha recordado que la amnistía fue aprobada con los votos del PSOE, Sumar y los independentistas, y que el PP la combatió en las Cortes con todos los instrumentos a su alcance: enmiendas, vetos del Senado y recursos ante el Alto Tribunal. «No hemos cambiado de opinión», zanjan en el Congreso.
La secretaria general del PP, Cuca Gamarra, tiene previsto fijar la posición oficial del partido en una comparecencia esta misma semana, aunque ya ha trasladado en privado su «absoluto respaldo» a la línea marcada por Feijóo.
El Eje del Poder Popular
El órdago gubernamental coloca al PP ante un doble reto estratégico. Por un lado, mantener la cohesión interna entre quienes abogan por una oposición sin matices a la amnistía —el sentir mayoritario en Génova— y quienes, desde algunos territorios, sugieren modular el discurso para no aparecer anclados en un debate que parte de la ciudadanía podría dar por zanjado tras el aval del TJUE. Por otro, gestionar el impacto en Cataluña, donde el partido aspira a recuperar espacio electoral sin que la etiqueta de «anti-amnistía» lastre su capacidad de diálogo con un electorado transversal.
Los barones autonómicos con mayor peso —Isabel Díaz Ayuso (Madrid), Juanma Moreno (Andalucía) y Alfonso Rueda (Galicia)— han cerrado filas con Feijóo. Ayuso fue la primera en reaccionar en redes sociales con un mensaje contundente: «El que tiene que pedir perdón es Sánchez, por romper España». En Andalucía, Moreno ha preferido un perfil más institucional, aunque fuentes de su entorno confirman que comparte «al cien por cien» el rechazo de Génova.
La estrategia popular pasa ahora por trasladar el foco al coste económico y reputacional de la medida. En la Comunidad de Madrid, el gobierno de Ayuso ha encargado un informe que cifra en más de 1.200 millones el impacto fiscal indirecto de la normalización de los independentistas procesados, un argumento que el PP quiere llevar al debate público las próximas semanas.
No habrá disculpas. El PP se reafirma en su posición constitucionalista mientras el Gobierno intenta convertir una sentencia técnica en un salvoconducto político.
La lectura a medio plazo es nítida en Génova: la amnistía ya está concedida y la batalla jurídica se librará en el TC, pero la batalla del relato sigue abierta. El PP confía en que, a medida que la ley empiece a aplicarse y surjan los primeros conflictos judiciales y administrativos, la opinión pública volverá a situarse en contra del perdón generalizado. Mientras tanto, la dirección nacional prefiere mantener un perfil de firmeza sin concesiones.
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: El PP no se doblega: la amnistía sigue siendo inconstitucional y la exigencia de perdón del Gobierno es una maniobra de distracción para tapar sus cesiones al independentismo.
- Protagonista: Alberto Núñez Feijóo (presidente nacional del Partido Popular).
- Próximo hito: Pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre los recursos del PP, previsiblemente después del verano.
