EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Ejército de Irán ha anunciado una recompensa de 30.000 dólares por cada soldado estadounidense muerto o capturado, con el arma recomprada al doble de su valor.
- ¿Quién está detrás? El general Amir Hatami, jefe del Ejército iraní, en plena escalada mientras la Armada de Estados Unidos releva al portaaviones USS Abraham Lincoln tras 260 días de despliegue.
- ¿Qué impacto tiene? La crisis reabre el frente del estrecho de Ormuz, ruta clave para el crudo y el gas que llegan a Europa, y eleva la presión sobre la OTAN, de la que forma parte España.
Irán ha puesto precio a un soldado estadounidense: 30.000 dólares por cada militar muerto o capturado.
Una recompensa en tomanes y la amenaza de expulsar a Washington del Golfo
El jefe del Ejército iraní, el general de división Amir Hatami, anunció este domingo la recompensa equivalente a 30.000 dólares o 5.000 millones de tomanes por cualquier soldado invasor de Estados Unidos. La medida llega, según su relato, tras una avalancha de peticiones de ciudadanos iraníes dispuestos a financiar ataques contra las fuerzas americanas.
La oferta tiene un matiz particular: ‘las mujeres iraníes que lleven a cabo una acción similar recibirán el doble’, declaró Hatami en un acto de homenaje a periodistas celebrado en Teherán. También prometió recomprar el arma utilizada al doble de su valor, reemplazarla por una nueva, y conservarla en un museo. En ningún momento concretó dónde espera que se ataque a los estadounidenses.
La única presencia terrestre conocida de soldados americanos en suelo iraní se limitó a la operación de búsqueda y rescate de abril, después de que un F-15E Strike Eagle fuera derribado sobre territorio iraní. Los dos tripulantes lograron eyectarse: el piloto fue rescatado en horas, mientras el oficial de sistemas de armas evadió a las fuerzas iraníes durante casi dos días.
Hatami vinculó la recompensa a una amenaza más amplia: ‘las fuerzas estadounidenses ya no tienen permiso para entrar en el golfo Pérsico, el mar de Omán o el estrecho de Ormuz’. Y remató con una sentencia que no deja hueco para el diálogo. ‘El único camino es que los estadounidenses abandonen la región’.
La declaración llegó después de que Donald Trump anunciara el viernes su intención de declarar pronto el estrecho de Ormuz como territorio estadounidense. ‘Después de que terminemos de derrotar a Irán, declararé el estrecho de Ormuz territorio de los Estados Unidos’, dijo en un mitin en Long Island.
El estrecho de Ormuz no es una línea en el mapa: por allí circula una quinta parte del crudo mundial y el suministro energético que España paga cada día.
El Lincoln, exhausto: la Armada rota a su portaaviones en plena crisis
En paralelo, la Armada estadounidense ha empezado a relevar al USS Abraham Lincoln, el portaaviones que acumula 260 días de de despliegue continuo en la zona. Según el Mando Central de Estados Unidos, el buque está exhausto tras uno de los despliegues más largos de la última década. No es una rotación rutinaria: es el reflejo de una campaña más larga de lo previsto.
A la fatiga material se suma la diplomática. La OTAN observa con malestar una guerra que ya se ha dejado sentir en la cumbre de julio en Ankara, donde un incidente de seguridad obligó a Trump a cambiar de avión en secreto. Los socios europeos están, además, más expuestos al estrecho de Ormuz que el propio litoral americano.
Para España, el dato es estratégico. El estrecho es la salida natural de buena parte del crudo y el gas que alimentan a la economía europea, y cada día de bloqueo o de prima de riesgo se traduce en precios energéticos. Con la diversificación del suministro lejos de cerrarse, una escalada duradera golpearía a la industria y al transporte.

La Lógica de Washington
La lectura desde Washington es distinta a la que se apresura a instalarse en Europa. Para la administración Trump, la recompensa iraní confirma el diagnóstico: Teherán no es un interlocutor fiable, es una amenaza armada que se contiene con presión total. El bloqueo naval y la amenaza de anexionar Ormuz responden a una lógica con raíces en la Doctrina Carter de 1980 y en la Operación Earnest Will de Reagan en 1987. Si el petróleo no fluye, la economía global se detiene.
La administración tampoco abandona la vía negociadora, aunque la considere débil. Tal y como reveló Axios, existió un canal secreto con la Guardia Revolucionaria iraní a través de la entonces directora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard y el presidente del Kurdistán iraquí, Nechirvan Barzani. El general Ahmad Vahidi llegó a asegurar que la Guardia Revolucionaria respaldaba a los negociadores, pero las reuniones de Erbil jamás se celebraron porque Israel podía atacar a la delegación iraní.
La contradicción define el momento: el nuevo jefe de la Guardia sugería privadamente una salida negociada, mientras la cúpula militar ofrecía dinero por estadounidenses muertos o capturados. Para la Casa Blanca, eso cierra la puerta a una salida rápida. La proyección inmediata apunta a más tensión en el Golfo, más presión de la OTAN y un estrecho de Ormuz convertido en el escenario central. España lo observa con la factura energética en la mano.
Ficha del Caso
- El caso: El Ejército de Irán lanza una recompensa de 30.000 dólares por cada soldado estadounidense muerto o capturado, en plena escalada por el control del estrecho de Ormuz.
- Datos clave: 260 días de despliegue del USS Abraham Lincoln; 5.000 millones de tomanes de recompensa; el doble para mujeres iraníes; canal secreto con la Guardia Revolucionaria revelado por Axios.
- Para España: El estrecho de Ormuz es una vía energética crítica para Europa; una crisis prolongada presiona al alza el crudo y el gas, y tensa a la OTAN, de la que España forma parte.
