Amazon compra libros raros para entrenar su IA, según un dispositivo de rastreo

El rastreador salió de una librería online y terminó en un centro logístico de Amazon en Las Vegas. La sospecha reabre el debate sobre el uso de textos protegidos por derechos de autor para entrenar inteligencia artificial.

Un envío de mil libros raros ha terminado en un almacén de Amazon en Las Vegas tras el rastreo con una etiqueta de Apple.

Detrás del hallazgo está una investigación del medio especializado 404 Media. Un vendedor de libros raros detectó un pico inusual de ventas y colocó una etiqueta de de localización en un envío de mil volúmenes comprados a través de Biblio. El objetivo era sencillo: seguir el rastro de una compra que parecía demasiado grande para un coleccionista. Y lo que apareció fue un almacén de Amazon.

La ruta del paquete no dejó dudas. Salió de un aeropuerto de California, voló hasta el medio oeste y viajó por carretera hasta Kenosha, en Wisconsin, donde permaneció dos semanas en un almacén de la firma logística Trifinity. Después cruzó hacia Colorado y, al día siguiente, llegó al centro logístico LAS8 de Amazon en Las Vegas.

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Allí opera un equipo llamado VGT3, del que apenas se había hablado hasta ahora. Una persona que afirma trabajar en ese grupo describió su labor con una frase: ‘escanear libros’. Según el relato recogido por 404 Media, los volúmenes llegan al almacén, se registran sus códigos ISBN y se cortan los lomos para facilitar el escaneado. El proceso, según la misma fuente, daña gravemente ejemplares que, en algunos casos, tienen valor histórico o lingüístico.

Amazon no desmintió la operación y se limitó a responder que ‘compra libros a través de canales comerciales para ayudar a desarrollar y mejorar los productos y servicios que utilizan sus clientes’. Nadie en la compañía ha confirmado que esos volúmenes se utilicen para entrenar inteligencia artificial. La sospecha, sin embargo, encaja con una tendencia: las tecnológicas buscan texto masivo, no ediciones valiosas.

La gran cuestión no es si Amazon compra libros: es si puede entrenar modelos con palabras protegidas por derechos de autor sin pedir permiso.

Para el vendedor que envió los mil libros, la lógica es pura materia prima. ‘Solo quieren el contenido como un montón de palabras puestas una detrás de otra’, explicó. No buscan primeras ediciones. No les importa el valor sentimental.

Qué revela la ruta del AirTag sobre la operación de Amazon

La operación no es pequeña. La compra de mil libros de tiradas cortas o idiomas poco comunes se suma a un dato: las ventas de libros en Estados Unidos crecieron un 2,5% en 2025 respecto al año anterior, según Publishers Weekly. Una parte de esa demanda, sostiene la investigación, no proviene de lectores.

Fue un detalle de la economía digital lo que hizo posible la cadena de custodia: una etiqueta AirTag de Apple, pensada para localizar llaves, acabó revelando la ruta de una operación corporativa opaca. El caso muestra que la logística también es información.

El precedente de Google Books marca la batalla legal del escaneo masivo

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En Estados Unidos, la digitalización masiva de libros ya tuvo un gran choque judicial. Hace una década, la asociación de autores demandó a Google por escanear millones de ejemplares sin permiso. El Tribunal Supremo acabó cerrando el caso y dejó en pie una lectura amplia del fair use (uso legítimo). Aquella victoria tecnológica sigue marcando las reglas del juego.

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La diferencia hoy es el entrenamiento de modelos. Escanear para mostrar fragmentos en un buscador era una cosa; usar los mismos textos para que un modelo aprenda a escribir es otra. La industria editorial considera que la segunda actividad sí debería requerir licencia. Amazon no ha aclarado si paga por esos derechos cuando se trata de libros raros.

Detrás del debate late una pregunta práctica: ¿quién puede rastrear el uso de una palabra o una frase en un modelo opaco? Los autores no tienen forma de probar si su libro fue digerido por un sistema. Por eso resultan incómodos los casos en los que el rastro físico, como el lomo cortado, sí aparece documentado.

La Lógica de Washington

Washington contempla una estrategia más amplia que una sola empresa. La carrera por la inteligencia artificial se ha convertido en una prioridad de seguridad económica y tecnológica, y ni la Casa Blanca ni los tribunales federales han enviado señales claras de que vayan a restringir el acceso corporativo a grandes cantidades de texto. La Oficina de Copyright de Estados Unidos lleva meses examinando el impacto de los modelos generativos, pero el historial judicial favorece una interpretación flexible del fair use.

En el Capitolio, el impulso regulador ha sido débil. La prioridad bipartidista es ganar la competencia tecnológica, no imponer costes a los grandes operadores.

Para España, la lectura es concreta. El sector del libro en español es una potencia editorial y, si las plataformas tecnológicas entrenan con obras sin licencia, los autores y sellos españoles se quedan fuera de la cadena de valor de la IA. La Unión Europea ha optado por un marco más exigente en materia de derechos de autor y minería de datos, pero la aplicación efectiva frente a compañías estadounidenses sigue sin resolverse. Bruselas lo sabe y la diplomacia española observa con más pragmatismo que alarmismo.

Lo que viene no es una votación inminente. Esto no es una batalla que se cierre con una orden ejecutiva. Se decidirá en los tribunales, en las oficinas de patentes y, sobre todo, en la capacidad de los autores para demostrar que una máquina aprendió de su obra. Por ahora, Amazon sigue recibiendo libros. Algunos llegan con los lomos ya cortados.

Ficha del Caso

  • El caso: Un dispositivo de rastreo colocado por un vendedor reveló que Amazon recibe libros raros en su centro LAS8 de Las Vegas, donde un equipo interno escanearía ejemplares para fines no aclarados.
  • Datos clave: Un envío de 1.000 libros, ruta de California a Wisconsin y Las Vegas; el equipo VGT3 registra códigos ISBN; Amazon responde que compra por canales comerciales.
  • Para España: Si el entrenamiento con obras protegidas se normaliza sin licencia, los editores y autores españoles pierden capacidad de negociación ante las tecnológicas.