Países Bajos blindará su flota con drones interceptores de la OTAN. La Armada Real de los Países Bajos ha encargado a Destinus una capacidad anti-dron basada en el interceptor Hornet B2 para proteger sus buques de guerra contra enjambres de sistemas aéreos no tripulados. El programa se completará en el segundo trimestre de 2027 e incluye la entrega de interceptores, su integración en varios buques y el apoyo a una posible capacidad operativa inicial.
Por qué los buques de la OTAN necesitan drones interceptores
La decisión, adelantada por Defense News y confirmada por el Ministerio de Defensa neerlandés, llega con la amenaza en aumento. ‘La amenaza de los drones de alcance medio está creciendo’, señala el comunicado oficial. ‘Las unidades de navegación necesitan medios adicionales para defenderse eficazmente en las flotas’. Detrás de esa frase está la constatación operativa de que los buques de la OTAN se enfrentan hoy a ataques de bajo coste que saturan sus defensas antiaéreas. Los sistemas tradicionales, diseñados para derribar misiles antibuque de alto valor, no ofrecen una respuesta económica contra enjambres de UAV.
Ucrania ha sido el laboratorio. Kiev lleva meses empleando drones interceptores baratos para derribar los drones de ataque unidireccional rusos, mientras las marinas occidentales descubren el coste de disparar misiles millonarios contra drones hutíes de apenas unos miles de euros. La Armada de Estados Unidos ya ha instalado lanzadores para el interceptor Coyote de Raytheon en destructores de la clase Arleigh Burke. Ahora, La Haya mueve ficha. La lección es clara: la defensa antiaérea clásica no escala frente a la saturación de bajo coste.
El programa neerlandés no es una simple compra de drones. Destinus desarrollará una capacidad cinética contra UAS, entregará interceptores y trabajará en su integración a bordo de varios buques. No se trata de un sustituto de los misiles antiaéreos: es una capa adicional de defensa. La versión anterior del interceptor, el Hornet B1, ya está en producción en serie.
Cómo funciona el Hornet B2, el interceptor de bajo coste con IA

El sistema combina una estación base y una plataforma de lanzamiento capaz de disparar un interceptor desde un contenedor sellado. Un propulsor cohete impulsa al dron, que despliega sus alas y pasa a un vuelo de crucero eléctrico. En la fase terminal, utiliza sensores electroópticos e infrarrojos y procesamiento basado en inteligencia artificial para interceptar los drones de ataque unidireccional. El coste por derribo, según Destinus, queda ‘muy por debajo del de los misiles interceptores tradicionales’.
El Hornet B2 nace con una arquitectura distinta, no como un simple rediseño. Las amenazas aéreas de bajo coste han invertido la economía de la defensa aérea naval: ninguna armada puede sostener el intercambio de misiles multimillonarios por amenazas baratas que llegan en volumen’, afirma Mikhail Kokorich, consejero delegado de Destinus. ‘Hornet B2 responde con una arquitectura diferente’.
El dron barato no solo cambia el campo de batalla: ha roto la lógica económica de la defensa aérea naval que dominaba desde la Guerra Fría.
La Armada holandesa no se limita a comprar. Aportará experiencia operativa durante todo el desarrollo y evaluación, moldeando requisitos y especificaciones. Ese modelo busca reducir las adaptaciones posteriores y convierte al programa en un banco de pruebas para el resto de socios aliados.
Equilibrio de Poder
La apuesta neerlandesa tiene una lectura estratégica inmediata. Washington ya ha abierto el camino con el Coyote en destructores desplegados en el mar Rojo. Moscú, por su parte, observa la misma inversión económica desde el lado atacante: los drones Geran-2 y Shahed-136 llegan en oleadas y obligan a gastar misiles caros. La decisión de La Haya no es un simple contrato. Es un movimiento de adaptación dentro de la OTAN que puede arrastrar a otras marinas europeas.
Para España, la amenaza no es abstracta. La Armada española opera en las mismas zonas marítimas —el Índico, el mar Rojo y el Mediterráneo— con fragatas de la clase Álvaro de Bazán y, a partir de 2028, con las nuevas F-110. Sin interceptores embarcados de bajo coste, un buque español quedaría condenado a repetir la ecuación perversa de derribar drones de 20.000 euros con misiles de más de un millón. La presión de la OTAN para gastar más en defensa encontrará aquí una partida justificada, aunque también un reto industrial: Europa no produce hoy suficientes interceptores de esta clase. La vigilancia del Mediterráneo y del Atlántico exige capacidades antiaéreas proporcionadas a la amenaza.
A medio plazo, el equilibrio de poder en la defensa aérea naval se inclina hacia los sistemas de intercepción cinética baratos. La referencia histórica es doble: la Guerra Fría empujó a los buques hacia los misiles antiaéreos de largo alcance; la guerra de drones en Ucrania y en el mar Rojo empuja ahora hacia una segunda capa de defensa, más asimétrica y económica. La Armada holandesa ha entendido que no puede proteger un destructor de 1.500 millones usando misiles de dos millones contra objetivos de pocos miles de euros. El Hornet B2 es la primera señal de un cambio que se extenderá a la OTAN en esta década.
El calendario marca 2027 como el horizonte de madurez. La próxima cumbre de la OTAN será la prueba de si esta capacidad se convierte en estándar doctrinal o queda como una solución nacional. La Armada holandesa, con su programa, ya ha colocado la pregunta encima de la mesa.
