El Pentágono avisa esta semana: quien gane la carrera de la inteligencia artificial dominará la economía y el poder militar globales. La advertencia la ha lanzado Emil Michael, subsecretario de Guerra para Investigación e Ingeniería de Estados Unidos, durante un acto celebrado en Washington por la publicación conservadora Breitbart News.
Del siglo XX militar al siglo XXI tecnológico
Michael dibujó una secuencia histórica para explicar su tesis. Según el alto cargo, el siglo XX funcionó con un patrón claro: la hegemonía militar nacida de la Segunda Guerra Mundial dio paso, tras la Guerra Fría, a la superioridad tecnológica. Internet, la economía de internet, el iPhone y la economía de las aplicaciones nacieron en Estados Unidos. Y esa ventaja tecnológica, insistió, terminó convirtiéndose en dominio económico.
En el siglo XXI, argumentó, la dirección se invierte. ‘Ahora el dominio tecnológico determinará si somos dominantes desde el punto de vista económico y militar’, explicó. Si la inteligencia artificial es la tecnología central de esta etapa, perder esa batalla contra China amenazaría la hegemonía militar, la moneda de reserva y el control del sistema financiero. ‘Eso significa que el dólar es la moneda de reserva. Eso significa que los precios se fijan en dólares y que los bonos estadounidenses son el refugio del mundo’, apuntó Michael.
Taylor Budowich, fundador de Innovation Council Action y ex jefe adjunto de gabinete de la Casa Blanca, fue aún más directo: permitir que China gane la carrera de la IA ‘no es una opción’. A su juicio, tras décadas de deslocalización manufacturera hacia China, externalizar ahora la innovación dejaría a Estados Unidos ‘en manos de China’ en los planos militar y cultural.
Budowich defendió la inteligencia artificial como palanca de democratización. ‘No hace falta un título de Yale para crear eficiencia empresarial’, sostuvo. La investigación y el desarrollo, añadió, se están acelerando hasta comprimir los tiempos de invención, mientras la fabricación del producto final mantiene la creación de empleo.
El dominio tecnológico ya no acompaña al poder económico y militar: en el siglo XXI lo determina.
Qué hay en juego para España y la Unión Europea
El mensaje de Michael no menciona a Bruselas, pero el diagnóstico afecta de lleno a la Unión Europea. Ni la UE ni España figuran hoy entre los líderes mundiales en modelos fundacionales, semiconductores avanzados o plataformas de inteligencia artificial a gran escala. La dependencia europea de la nube estadounidense y de los chips asiáticos condiciona desde la banca hasta la industria del automóvil.
Para España, la carrera de la IA no es solo una cuestión geopolítica: es una cuestión de competitividad. Sectores clave del tejido productivo español —servicios financieros, turismo, logística y automoción— aceleran la adopción de sistemas desarrollados fuera de la Unión. La pregunta que queda abierta es si Europa puede convertirse en actor tecnológico o si asumirá el papel de mercado regulador.
El debate se produce mientras Washington y Pekín compiten en en el control de la innovación más estratégica del siglo. La administración de Donald Trump ha situado la superioridad tecnológica en el centro de su agenda industrial y de seguridad nacional.
La Lógica de Washington
La lectura de fondo es coherente con la doctrina de competición estratégica que Estados Unidos viene desplegando desde hace años. La tesis de Michael actualiza un precedente histórico concreto: el lanzamiento del Sputnik por la Unión Soviética en 1957. Aquel shock llevó a Estados Unidos a crear la agencia de proyectos avanzados de defensa, DARPA, y a volcar fondos federales en ciencia y tecnología. La Casa Blanca aplica ahora la misma lógica a la inteligencia artificial: si el país pierde la ventaja tecnológica, pierde también la base de su poder militar y monetario. La administración Trump mantiene restricciones a la exportación de chips avanzados y busca acelerar la fabricación doméstica de semiconductores mediante el marco de la CHIPS Act, aprobada en 2022.
Para España y la Unión Europea, la implicación es directa. Sin una apuesta europea por la inversión en inteligencia artificial y capacidad de cómputo, la brecha tecnológica se ampliará durante los próximos años. El margen de acción de Bruselas está en la regulación, el mercado único y la cooperación transatlántica en defensa y estándares técnicos. La próxima gran ventana será la negociación presupuestaria europea y los planes nacionales de digitalización, donde España tendrá que decidir cuánto capital público destina a una carrera que Washington no va a esperar.
A corto plazo, no hay una votación única en el Congreso ni una fecha exacta que marque el desenlace. La competición entre Estados Unidos y China se juega en licitaciones de miles de millones, en fábricas de semiconductores y en la capacidad de atraer talento. La pregunta que deja el aviso del Pentágono es tan simple como incómoda: ¿qué papel quiere Europa?
Ficha del Caso
- El caso: El subsecretario de Guerra para Investigación e Ingeniería, Emil Michael, advirtió en un foro de Breitbart News que quien gane la carrera de la inteligencia artificial dominará económica y militarmente el siglo XXI.
- Datos clave: La Casa Blanca liga el dominio tecnológico al estatus del dólar como moneda de reserva, al control del sistema financiero y a la superioridad militar; China aparece como el gran competidor.
- Para España: La dependencia europea de tecnología exterior afecta a sectores productivos españoles y obliga a decidir cuánta inversión pública y privada se destina a la IA.

