Jabaroot ha filtrado los datos de más de 70.000 agentes de la inteligencia marroquí. La brecha destripa a la DGSN y la DGST, policía nacional y aparato de espionaje interior del reino alauí. Ha sido el gran regalo a Europa, y sobre todo a España, según sus propias palabras.
La operación se consumó tras varios días de amenazas públicas. La autenticidad del volcado no está verificada de forma independiente, pero los ficheros han corrido como la pólvora por Telegram. El grupo afirma haber penetrado ‘amplia y profundamente’ en ambos servicios y sostiene que lo publicado es ‘solo una pequeña parte’ de lo obtenido. No me sorprende que Rabat guarde silencio.
El detonante fue Ceuta. Jabaroot exigía la suspensión de las elecciones legislativas previstas para el 23 de septiembre y una disculpa oficial por las más de cien víctimas registradas en la ciudad autónoma española tras la entrada a nado de miles de inmigrantes desde Marruecos. Al no atender sus demandas, pasaron a la acción.
Anatomía de una filtración sin verificar
Entre los datos destripados figuran nombres, fechas de nacimiento, números de identificación, años de reclutamiento y cuentas bancarias de agentes de la DGSN y la DGST. El grupo asegura que esos efectivos recorrieron Europa en ‘las misiones de inteligencia más sucias’: espionaje, instalación de escuchas y soborno de políticos y empresarios. Horas después, los ficheros ya corren por canales de Telegram como la pólvora.
El periodista marroquí Ali Lmrabet lo resume con crudeza: ‘Ya no tenemos servicios secretos’. A su juicio, toda la cúpula del servicio secreto interno y todos los policías son ahora públicos. Fue detenido en julio por criticar a las autoridades y no duda de la veracidad de la filtración: ‘Jabaroot ha probado en el pasado que todas sus informaciones son veraces’. Comparto la cautela de Lmrabet: los ceses en este régimen no llegan inmediatamente.
No es una brecha al uso: es el destripado de los registros de reclutamiento, las identidades y hasta las cuentas bancarias de un aparato de seguridad que operaba en silencio.
El mensaje de Jabaroot apunta directamente a Abdellatif Hammouchi, responsable de la DGSN y la DGST. El grupo pide al rey que lo destituya ‘antes de que ocurra una catástrofe que humille a todo el país’. Lmrabet no cree en un cese inmediato: ‘El régimen nunca se deshace de sus hombres después de un escándalo, lo hace más tarde y discretamente’.
El historial de Jabaroot y la sombra de Hammouchi
Jabaroot, que significa ‘Poderío’, es un viejo conocido de las autoridades marroquíes. En las protestas de la Generación Z del año pasado difundieron la factura de gastos de la corte de Mohamed VI. Meses antes habían expuesto información de altos funcionarios del Majzén. Los propios integrantes de Jabaroot han aludido a la falta de información en los medios alauís.
El analista argelino Akram Kharief cree que la información es demasiado valiosa para que Argelia la comparta. Baraja la posibilidad de que Jabaroot forme parte del Grupo Handala, vinculado a los intereses de Irán y centrado en objetivos de Estados Unidos e Israel. Descarta a hackers marroquíes descontentos y recuerda el caso de Chris Coleman, autor del MarocLeaks. El precedente de MarocLeaks terminó señalando a la DGSE francesa tras una represalia por la filtración de su responsable en Rabat.

Si usted ha seguido la frontera sur, sabrá que la conexión española es inevitable. El CNI y el CCN-CERT monitorizan de cerca cualquier filtración que afecte a la frontera sur y a los flujos migratorios. Jabaroot ha ido más lejos: promete publicar la lista de agentes que ‘orquestaron y coordinaron el plan de Ceuta’ y coquetea con liberar ‘los datos originales de Pegasus relacionados con Pedro Sánchez’. La relación hispanomarroquí, que Moncloa ha protegido a costa de asumir la tesis de Rabat, queda expuesta a una nueva fisura.
Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra
El vector de amenaza es una filtración y un ciberataque de origen no verificado. En el oficio este tradecraft no es HUMINT: es la captura masiva de registros internos que convierte una base de datos en arma política. Ningún servicio de inteligencia aliado puede ignorar los nombres expuestos: un topo quemado en Europa tiene un precio, y ahora cualquier rival puede cotejar identidades. Lo veo como un caso claro de filtración asimétrica contra un régimen que rara vez admite fallos.
Aquí es donde conviene recordar los grandes precedentes. Snowden convirtió en doctrina la idea de que el riesgo reside tanto en el atacante externo como en el insider. El MarocLeaks de Chris Coleman terminó embarrado en sospechas sobre la DGSE francesa. La atribución de un ciberataque es el terreno más pantanoso del oficio. La mayoría de los analistas consultados cree que Rabat tardará en admitir daños y que Hammouchi, si cae, lo hará tarde y en silencio.
Mi lectura no es complaciente. Ya lo escribí en El quinto elemento: el próximo 11S empezará con un clic. La filtración de Jabaroot no es ciberguerra de Estado, pero demuestra cómo un actor sin ejército puede humillar a un servicio de seguridad. Si usted espera que el CNI publique algo al respecto, no se equivoque: en España este tipo de crisis se digiere sin comunicados.
El hito concreto a vigilar es doble: la posible aparición de nuevos ficheros con identidades de agentes destinados a Ceuta y la respuesta —o el silencio— de Rabat. Si Jabaroot cumple su amenaza sobre los datos de Pegasus, el Ministerio de Defensa y el Centro Criptológico Nacional tendrán que dar explicaciones ante la Comisión de Gastos Reservados. Ahí veremos si la filtración del espionaje marroquí se queda en escándalo o se convierte en crisis bilateral.
