EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, ha invitado al primer ministro canadiense, Mark Carney, a intervenir en el hemiciclo el 17 de septiembre.
- ¿Quién está detrás? El Parlamento Europeo y la Comisión Europea, con Ursula von der Leyen fijando prioridades el día anterior en el discurso sobre el estado de la Unión.
- ¿Qué impacto tiene? La UE y España refuerzan lazos con Canadá en plena escalada arancelaria de Washington, que ha elevado al 50% los aranceles sobre productos canadienses por valor de 17.000 millones de euros.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, intervendrá el 17 de septiembre ante el Parlamento Europeo. La víspera asistirá al discurso sobre el estado de la Unión de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que fijará las prioridades estratégicas de la UE para los próximos meses.
Una visita con calendario concreto y una carga política inusual
La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, confirmó este miércoles la invitación: ‘La importante visita del primer ministro será una oportunidad para profundizar los lazos entre la UE y Canadá y reforzar nuestra relación’. Aunque acoger a un huésped de honor no es excepcional, la elección de Carney tiene un cariz más político que en años anteriores, cuando Bruselas optó por figuras de la sociedad civil y centró la atención en Ucrania.
El calendario responde al compromiso de Carney de buscar una asociación cada vez más estrecha con la UE. La semana pasada fracasaron las negociaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos. Ottawa acusó a Washington de injerencia en su soberanía por exigir concesiones en materia de lengua francesa, limitar su capacidad para cerrar acuerdos comerciales por separado, y plantear exigencias desproporcionadas a cambio de muy poco.
El trasfondo de la ruptura comercial entre Ottawa y Washington

La Administración Trump sostiene que Estados Unidos protege a Canadá y que Ottawa ha gastado menos de lo debido en defensa. Según Washington, Carney recurre a tácticas de línea dura. El 24 de agosto, Estados Unidos impuso aranceles de hasta el 50% a productos canadienses por valor de 20.000 millones de dólares (unos 17.000 millones de euros). Canadá aseguró que responderá ‘dólar por dólar’, en una escalada sin precedentes entre los dos vecinos norteamericanos.
El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó el martes que también estudia rebautizar el lago Ontario como ‘Lago de América’, tras cambiar ya el nombre del golfo de México por ‘golfo de América’. Trump se ha referido en repetidas ocasiones a Canadá como si fuera un estado de Estados Unidos y ha cuestionado la frontera entre ambos países, al sostener que se trazó de forma arbitraria ‘con una regla’.
Carney, exbanquero central, defiende la creación de una coalición de las llamadas potencias intermedias. Su argumento encaja con la búsqueda europea de alianzas alternativas en un momento en que el orden internacional se tambalea y Washington impulsa una agresiva agenda arancelaria.
La visita de Carney al hemiciclo no es un acto protocolario: es una señal política de que Bruselas y Ottawa se tratan ya como socios estratégicos frente a Washington.
El Eje del Poder Europeo
La recepción a Carney sitúa a la UE en una geometría incómoda. El eje franco-alemán ve con buenos ojos estrechar lazos con Ottawa: París y Berlín llevan meses defendiendo una política comercial menos dependiente de Washington. Los países bálticos y Polonia, en cambio, priorizan la seguridad militar y mantienen una relación compleja con Estados Unidos, lo que introduce matices en la acogida unánime. Italia y Portugal, junto a España, comparten la preferencia por una respuesta comercial coordinada que proteja a los exportadores europeos. Los Países Bajos, tradicionalmente escépticos con nuevas dependencias, apoyan la diversificación siempre que no comprometa la relación de seguridad con Washington. La Comisión Europea, por su parte, encuentra en Canadá a un socio que comparte su defensa del multilateralismo y de las reglas comerciales basadas en normas.
Para España, la visita refuerza el marco del CETA, el acuerdo comercial entre la UE y Canadá en vigor de forma provisional desde 2017. El tratado eliminó los aranceles para la inmensa mayoría de los productos y beneficia especialmente a los sectores agroalimentario e industrial españoles, dos vectores que dependen de mercados estables. En plena guerra arancelaria, Madrid y Bruselas ven en Ottawa a un aliado que absorbe exportaciones y diversifica el riesgo frente a Estados Unidos. La posición española coincide con la de la Comisión: mantener el vínculo transatlántico pero cultivar alternativas creíbles.
España no es un actor secundario en esta partida. El CETA sigue pendiente de ratificación en varios parlamentos nacionales europeos, un trámite que el giro proteccionista de Washington podría acelerar. Para Madrid, asumir un papel activo en la agenda canadiense significa defender un mercado previsible en un escenario global volátil.
La Unión Europea arrastra sus propias disputas arancelarias con Washington desde la primera presidencia de Trump. Aquella etapa se saldó con represalias selectivas y una tregua frágil. La diferencia ahora es que Canadá ya no negocia desde la discreción: Carney ha convertido la crisis bilateral en un laboratorio de lo que llama potencias intermedias, una idea que Bruselas observa con interés.
El riesgo inmediato es que la visita se quede en gesto. Carney llega a la Eurocámara sin un acuerdo comercial ampliado cerrado con Washington. Si la Casa Blanca mantiene o sube los aranceles, Bruselas deberá decidir si responde con más medidas propias o si espera a que el Congreso estadounidense modere la estrategia. El precedente de los aranceles al acero y al aluminio de 2018 terminó en una tregua frágil, no en una ruptura total.
La comparecencia de Carney ante la Eurocámara, el 17 de septiembre, será la prueba de hasta dónde está dispuesta la UE a convertir la retórica de alianza en compromisos concretos. La siguiente ventana será la reacción de la Comisión Europea si Washington amplía su ofensiva arancelaria antes de fin de año.

