EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Departamento de Justicia y el FBI acusan a Pekín de infiltrarse en la NASA, la Reserva Federal y varias redes gubernamentales a través del grupo QTFY.
- ¿Quién está detrás? Washington atribuye la campaña a piratas informáticos respaldados por el Estado chino, con supuestos vínculos con el Ministerio de Seguridad del Estado y el Ejército Popular de Liberación.
- ¿Qué impacto tiene? La denuncia llega tres semanas antes de la visita de Xi Jinping a Washington, prevista para el 24 de septiembre, y tensa la negociación bilateral.
Washington ha acusado este miércoles al Gobierno chino de piratear la NASA, la Reserva Federal y otras redes gubernamentales sensibles, en una operación que el Departamento de Justicia atribuye a actores respaldados por el Estado chino.
Lo que se sabe de la acusación contra QTFY
El FBI y el Departamento de Justicia confirmaron la incautación de tres dominios de internet vinculados a a dos plataformas de pirateo supuestamente operadas por un grupo chino conocido como QTFY. Entre los objetivos atacados figuran la NASA, la Reserva Federal, el Senado y varios departamentos gubernamentales, además de hospitales, operadores de telecomunicaciones, eléctricas, entidades financieras y contratistas de defensa.
Las autoridades estadounidenses describen la campaña como una actividad patrocinada por el Estado chino. Según el Departamento de Justicia, la empresa que estaba detrás de las plataformas ofrecía servicios de piratería al Ministerio de Seguridad del Estado y al Ejército Popular de Liberación. No se ha detallado qué información sensible se robó ni qué daños provocó la intrusión, si es que llegó a provocarlos.
La NASA no ha caído. La confianza, quizá sí.
La cita de Washington, prevista para el 24 de septiembre, se ha convertido en el telón de fondo. Ambas capitales buscan gestionar disputas sobre comercio, tecnología y ciberseguridad, además de las amenazas de sanciones a los países que sigan comerciando con Irán.
La embajada china en Washington rechazó las acusaciones y aseguró que China ‘se opone y combate todas las formas de ciberataques’. También instó a Estados Unidos a ‘dejar de utilizar la ciberseguridad para difamar o desacreditar a China’. La respuesta oficial no desmiente la existencia del grupo QTFY; se limita a negar la atribución estatal.
Pekín responde y Washington revive el historial de acusaciones

La denuncia no llega aislada. Hace poco más de un mes, Trump acusó a Pekín de interferir en las elecciones estadounidenses, y de obtener ilegalmente 220 millones de archivos de votantes durante el ciclo electoral de 2020. Pekín calificó aquella afirmación de ‘infundada’ y ‘totalmente inventada’.
El propio Trump reconoció tras reunirse con Xi en Pekín en mayo que Washington espía intensamente a China. ‘Nosotros también espiamos como locos’, dijo entonces. Añadió que el espionaje mutuo es un arma de doble filo.
La atribución estadounidense es contundente, pero la evidencia pública sigue siendo limitada: no hay confirmación de robo de datos ni de daño operativo.
Equilibrio de Poder
Observamos tres movimientos simultáneos. Washington utiliza la ciberseguridad como pieza de presión antes de la visita de Xi a Washington: acusa, incauta dominios y eleva el coste político de la negociación, sin revelar el daño real. Pekín responde con negación formal y contraacusa a la NSA por un ataque previo al Centro Nacional de Servicio de Tiempo, en un patrón que ya se ha convertido en doctrina: negar, atribuir al otro y mantener la ambigüedad operativa.
Para España, el episodio tiene una lectura directa. Los objetivos citados por el FBI —banca, energía, telecomunicaciones, hospitales y contratistas de defensa— coinciden con la superficie de ataque de los operadores estratégicos españoles. No es un conflicto lejano: la infraestructura crítica europea comparte protocolos, proveedores y vulnerabilidades con la estadounidense.
La lectura a cinco o diez años es incierta, pero la tendencia es clara: la ciberguerra se está normalizando como herramienta de presión diplomática y económica, con episodios de espionaje que rara vez se confirman. Hasta ahora, ni siquiera los aliados europeos han logrado un mecanismo sólido de atribución pública que evite el uso político de estas denuncias.
El próximo hito será la visita de Xi a Washington, prevista para el 24 de septiembre. Si la cumbre no reduce la tensión, el ciberespacio seguirá siendo el territorio donde las dos superpotencias miden fuerzas sin disparar un solo misil.
