Bessent amplía la recompra de deuda del Tesoro de EE.UU. y los bonos largos ya mejoran su liquidez

El Tesoro detecta una prima de liquidez reducida en los vencimientos largos antes incluso de ejecutar las compras. El diferencial del bono a 30 años se estrecha frente a los swaps sin fijar ningún techo oficial de rendimientos.

El Tesoro de Estados Unidos ya detecta mejoras de liquidez en la deuda pública larga antes de ejecutar las recompras. La señal llega desde el mercado de bonos más profundo del mundo y confirma, por ahora, la apuesta de Scott Bessent, el secretario del Tesoro.

Qué ha cambiado desde el anuncio de Scott Bessent

La semana pasada, el Tesoro anunció que duplicará, al menos, el tamaño de las recompras de bonos estadounidenses de mayor vencimiento. Scott Bessent comunicó la decisión en un momento en el que la liquidez del mercado de deuda pública se ha convertido en una prioridad operativa. La mejora se aprecia en precios relativos, no en una caída artificial de los rendimientos.

Desde el anuncio, los bonos del Tesoro han registrado un mejor comportamiento que los los swaps de tipos de interés de vencimientos comparables. La brecha entre el rendimiento del bono a 30 años y su equivalente en swap se ha reducido al nivel más bajo desde febrero. Eso no significa que el Tesoro haya fijado un techo oficial para los tipos a largo plazo.

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La lectura es más fina. Los swaps permiten a los inversores exponerse a tipos fijos o variables sin poseer bonos soberanos. Comparar ambos mercados separa el riesgo general de tipos de las fricciones propias del mercado del Tesoro. Factores como la disponibilidad de valores concretos, la capacidad de balance de los intermediarios o la dificultad para financiar bonos antiguos quedan aislados.

Por qué importa la brecha con los swaps

Scott Bessent

Cuando los bonos del Tesoro baten a los swaps, los inversores están exigiendo menos compensación por esas fricciones. Bank of America publicó este miércoles una conclusión parecida: los efectos de la política de recompras serán más visibles en medidas de valor relativo que en el nivel absoluto de los rendimientos. El objetivo no es bajar los tipos: es que el mercado de deuda funcione con menos rozamientos.

El análisis de Bank of America calcula que la expansión anunciada podría aportar unos seis puntos básicos de soporte al rendimiento del bono a 10 años si se mantiene hasta finales de 2028. El efecto estimado para lo que resta de año es mucho menor, de aproximadamente un punto básico. Las operaciones se dirigen sobre todo a bonos antiguos menos negociados, los llamados off-the-run.

Las compras no fijan el precio del dinero a largo plazo: reducen la fricción para que el mercado respire solo.

La Lógica de Washington

La lógica de fondo es de microestructura, no de control de tipos. El Tesoro estadounidense sigue emitiendo deuda nueva mientras retira bonos viejos; en la práctica, canjea una colección fragmentada de emisiones antiguas por referencias más grandes y líquidas. Para un mercado que financia déficits elevados, esa mejora reduce el coste adicional que los inversores exigen por mantener y negociar papel menos estándar. Washington no intenta fijar el tipo de interés a diez o treinta años: intenta que su propio mercado funcione mejor.

Hay precedentes. Durante la Segunda Guerra Mundial y hasta 1951, la Reserva Federal y el Tesoro mantuvieron un control de la curva de tipos con compromisos de compra a niveles fijos. No es el caso. Tampoco es la Operación Twist de los años sesenta, que buscó alargar vencimientos de la deuda para alterar tipos largos. Aquí no hay promesa ilimitada de compra ni objetivo explícito de rendimiento: el Tesoro no se ha comprometido a defender ningún nivel de tipos.

Para España, el efecto es indirecto pero real. El bono estadounidense a diez años funciona como la referencia de coste de capital de medio mundo. Una prima de liquidez más baja en el activo libre de riesgo global mantiene ordenadas las condiciones de financiación en dólares. Esa dinámica beneficia a empresas españolas con operaciones en Estados Unidos, como Santander, entre otras cotizadas españolas. No borra los riesgos de tipos ni de déficit, pero evita que el mercado sume fricciones innecesarias al precio de la deuda.

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La incógnita está en los números. Seis puntos básicos hasta 2028 no cambian la financiación del Tesoro español ni la del americano. La señal de fondo, sin embargo, llega en las próximas semanas, cuando las compras reales empiecen a ejecutarse y se pueda medir si la mejora de liquidez se consolida sin distorsionar la formación de precios.

Ficha del Caso

  • El caso: El Tesoro de Estados Unidos ampliará al menos al doble la recompra de deuda pública a largo plazo para reducir la fragmentación de los bonos antiguos y mejorar la liquidez, sin fijar techos de rendimiento.
  • Datos clave: El diferencial entre el bono a 30 años y su swap cae al mínimo desde febrero. Bank of America estima un soporte de unos 6 puntos básicos al bono a 10 años hasta finales de 2028.
  • Para España: Una menor prima de liquidez en el activo de referencia global favorece condiciones de financiación en dólares más estables para empresas españolas con filiales en Estados Unidos.