Trump arremete contra Canadá tras el colapso del acuerdo comercial: ‘Es uno de los peores países para tratar’

El presidente estadounidense anuncia aranceles del 50% a los vehículos y al acero canadienses a partir del próximo año y habla de décadas de abuso comercial de Ottawa. La ruptura con el socio norteamericano introduce más ruido en las cuentas transatlánticas.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Donald Trump ha calificado a Canadá de ‘uno de los peores países del mundo para tratar’ tras el colapso del acuerdo comercial y ha confirmado aranceles del 50% a los vehículos y al acero canadienses a partir del próximo año.
  • ¿Quién está detrás? El presidente de Estados Unidos, en una entrevista con el programa de Glenn Beck, con críticas a los gobiernos de Mark Carney y Justin Trudeau.
  • ¿Qué impacto tiene? La ruptura del eje norteamericano añade incertidumbre a las exportaciones europeas; para España el efecto es indirecto, vía cadenas globales de valor y clima arancelario con Washington.

Donald Trump ha vuelto a tensar la relación comercial con Canadá: ha dicho que el país vecino es ‘uno de los peores del mundo para tratar’ y ha confirmado aranceles del 50% sobre automóviles y acero canadienses a partir del próximo año. Lo ha hecho en una entrevista con el programa de Glenn Beck, recogida este miércoles por la prensa conservadora estadounidense.

En sus declaraciones, Trump señaló que Canadá lleva décadas aprovechándose de Estados Unidos. ‘Se han aprovechado de Estados Unidos durante muchas décadas, de hecho. Imponen aranceles increíbles, como el de la leche, del 400 por ciento’, sostuvo. A su juicio, Ottawa actúa como si fuera un estado más de la unión, y eso habría dañado a los sectores del automóvil y la agricultura estadounidenses.

Del insulto diplomático al arancel del 50%: la escalada contra Ottawa

El presidente Trump aseguró que Washington pierde alrededor de 60.000 millones de dólares al año en el intercambio con Canadá y defendió su nueva ofensiva comercial. ‘Vamos a pararlo’, afirmó, antes de añadir que su país no necesita los productos canadienses y que ha llegado el momento de ‘enseñar a Canadá que ya no puede seguir haciendo esto’.

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El lunes, el propio Trump había anunciado un arancel del 50% a los automóviles y al acero canadienses que entrará en vigor a partir del próximo año. La escalada se produce días después del colapso de las negociaciones bilaterales, un fracaso que rompe la inercia de la última gran revisión del T-MEC (el tratado comercial entre Estados Unidos, México y Canadá) impulsada durante su primer mandato.

Qué implica para Europa y España la ruptura con Ottawa

Para Europa, la ruptura entre Washington y Ottawa llega en un momento delicado. Bruselas sigue digiriendo los aranceles globales al acero y al aluminio, y la deriva proteccionista de la Casa Blanca complica cualquier previsión exportadora. En el caso español, la exposición directa al mercado canadiense en automoción es reducida: la industria exporta sobre todo al mercado estadounidense, no a Canadá. Sin embargo, la ruptura del frente norteamericano puede endurecer el tono comercial con la Unión Europea e introducir mayor volatilidad en los costes logísticos y en los componentes que comparten las cadenas industriales.

El impacto para España es, por tanto, indirecto. La industria auxiliar del automóvil, que exporta vehículos, componentes, y acero mecanizado al mercado estadounidense, es la más expuesta a un recalentamiento del conflicto arancelario. La Casa Blanca ha dejado claro que no distinguirá entre socios y adversarios si sus balances comerciales no mejoran.

La ruptura con Ottawa no es un capricho: es la extensión lógica de una doctrina comercial que Washington lleva años cocinando.

La Lógica de Washington

En la lógica interna de Washington, este choque con Ottawa no es un episodio aislado. Responde a una convicción que se ha ido afianzando en el Partido Republicano desde los años ochenta: que los socios comerciales de Estados Unidos, incluidos los más cercanos, han utilizado décadas de reglas multilaterales para erosionar la base industrial estadounidense. El precedente histórico se remonta a los aranceles al acero que Ronald Reagan impulsó en 1984, y más cerca, a la guerra comercial de Trump con Pekín y a los aranceles globales al acero y al aluminio de 2018.

En la Casa Blanca, el déficit comercial de 60.000 millones de dólares con Canadá no se lee como un dato contable, sino como la prueba de una asimetría estructural. Los aranceles canadienses del 400% a los productos lácteos, a los que aludió Trump, sirven de coartada discursiva para justificar una respuesta simétrica. La apuesta es que una sacudida comercial obligue a Ottawa a reabrir el T-MEC en términos más favorables para Estados Unidos antes de que el arancel del 50% se materialice. Para España y para la Unión Europea, la lectura estratégica es clara: si Washington usa el argumento de la seguridad nacional para castigar a su vecino más integrado, el margen de negociación transatlántico se estrecha. La próxima ventana será la formalización del calendario arancelario y la reacción de Ottawa; mientras tanto, los exportadores españoles deben asumir un entorno comercial más voluble, aunque sin un impacto directo inmediato sobre sus ventas a Estados Unidos.

Ficha del Caso

  • El caso: La nueva escalada comercial de Washington contra Ottawa tras el colapso de las negociaciones bilaterales.
  • Datos clave: Arancel del 50% a vehículos y acero canadienses a partir del próximo año; acusación de aranceles del 400% a productos lácteos; déficit comercial citado de 60.000 millones de dólares anuales.
  • Para España: Impacto indirecto vía cadenas globales de valor y mayor incertidumbre arancelaria con la UE; sin exposición directa relevante a Canadá en automoción.