Adiós a la paella ilegal en el concurso de tortillas de la Semana Grande de Bilbao

La Policía Municipal de Bilbao decomisó una paella que se ofrecía al público durante la Aste Nagusia sin licencia ni control sanitario. Un día antes, la policía bilbaína ya había incautado más de 90 kilos de comida ilegal.

Una paella ilegal en la Semana Grande de Bilbao, plantada en pleno concurso de tortillas, ya era una herejía gastronómica. La escena, sin embargo, fue más allá del chiste fácil: la Policía Municipal obligó a tirar la paella entera a la basura el 25 de agosto.

La policía no actuó por purismo gastronómico. Que la paella llevara guisantes, espárragos o calamares da para broma, pero no fue el motivo del decomiso. Tampoco se trataba de defender la sacrosanta entidad de la paella valenciana, por mucho que esos ingredientes levanten cejas en La Terreta. El problema era doble: se estaba vendiendo en un espacio sin licencia y el plato no había pasado ningún control sanitario.

La versión de los testigos presenciales citados por El Correo es contundente: los responsables cobraban por las raciones. Los cocineros, por su parte, insistían en que la ofrecían como simple picoteo para los presentes. En un evento como la Aste Nagusia esa diferencia legal es enorme, porque la venta ambulante de comida sin permiso toca dos palos: el administrativo y el de salud pública.

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Así que la Policía Municipal de Bilbao no se anduvo con medias tintas. Se plantó ante los arroceros y les obligó a vaciar la paella en un contenedor cercano. Sin licencia municipal ni registro sanitario, el arroz no podía seguir circulando entre el público, por mucho que el olor resultara tentador.

Una reincidencia que va a más

El episodio de la paella no es una anécdota aislada en esta Aste Nagusia. Según las mismas fuentes, la policía bilbaína había incautado más de 90 kilos de comida ilegal en la jornada del lunes. Una cifra que, sumada a la paella del martes, deja claro que la cocina pirata se ha vuelto un clásico incómodo de las fiestas.

La cifra de 90 kilos corresponde al lunes, antes de que apareciera la paella en el concurso de tortillas. Sumada la paella del martes, el total de comida ilegal retirada en apenas dos días supera con creces lo que cualquier inspector consideraría un mal arranque de fiestas.

La paella no acabó en la basura por los guisantes ni por los calamares: acabó allí porque se intentó vender sin licencia y sin ningún control sanitario.

El dato grueso llega al comparar con 2025, cuando en el total de las fiestas se decomisaron 202 kilos de comida sin control. Si el ritmo de los primeros días se mantiene, la Semana Grande de 2026 superará esa marca sin demasiado esfuerzo. No es un récord del que presuma Bilbao.

El precio de saltarse la normativa

La normativa municipal en fiestas populares no se limita a pedir un permiso para montar el puesto. Incluye también requisitos de manipulación, refrigeración y etiquetado de alérgenos, imposibles de garantizar en una paella improvisada al aire libre. Por eso el decomiso no fue un capricho de un agente con hambre.

Conviene recordar por qué este tipo de decomisos importa. No se trata solo de recaudación municipal. Una intoxicación alimentaria en un recinto con miles de personas puede saturar los servicios de urgencia y arruinar la fiesta a mucha gente. El control sanitario existe para algo.

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Además, la cocina ilegal compite de forma desleal con las txosnas y puestos que sí pagan licencias y pasan inspecciones. Si unos venden arroz sin costes y otros cumplen la normativa, el mensaje es perverso. La Aste Nagusia no debería premiar al que se salta las reglas.

La próxima vez que alguien vea una paella gigante en pleno concurso de tortillas, la pregunta no será si lleva chorizo o gambas. Será si tiene licencia para estar ahí. Y si no la tiene, lo más probable es que acabe en el mismo contenedor.