El coste de la deuda autonómica puede triplicarse en siete años y Cataluña concentrará la mayor factura, según las proyecciones de Fedea.
El análisis, firmado por Manuel Díaz y Carmen Marín, eleva el gasto por intereses de 3.608 millones en 2022 a 11.528 millones en 2029. En el mismo periodo, la ratio de deuda sobre PIB bajaría del 23% al 17,1%. La contradicción es solo aparente: el tipo medio pasará del 1,1% al 3,3%. El dinero ya no es gratis.
El punto de partida ayuda a entender la magnitud. La deuda autonómica llegó a superar el 27% del PIB en 2020, tras la Gran Recesión y la pandemia. Desde entonces ha caído hasta el entorno del 20%, pero sobre todo por el crecimiento nominal de la economía, no por una reducción equivalente del volumen de pasivos. Las comunidades cerraron 2025 con un déficit estructural del 0,6% del PIB.
Por qué sube la factura si la deuda baja
La clave está en el tipo medio. En 2022, las comunidades pagaban de media el 1,1% por su stock de deuda. En 2029, esa tasa se proyecta en el 3,3%. No se trata de que la deuda crezca, sino de que la que ya existe se renueva más cara cuando vence. El Estado, principal acreedor, ya no financia al 0%.
El gasto en intereses pasará del 0,28% del PIB en 2022 al 0,45% en 2025, y seguirá al alza. La factura se triplica en términos absolutos. Es el corazón del informe.
El Estado es el principal acreedor de las comunidades, con cerca del 60% del total tras los mecanismos extraordinarios de financiación de 2012. Esa red de seguridad abarató la factura durante una década. Ahora los vencimientos obligan a refinanciar con tipos muy superiores.
La deuda puede bajar sobre el PIB y, aun así, la factura por intereses triplicarse. El margen fiscal se estrecha sin que el pasivo crezca.
Asturias constituye el caso extremo. Fedea calcula que su tipo medio puede alcanzar el 4,4% en 2029, frente al 3,3% del conjunto, por el mayor peso de la financiación a tipo variable. Cataluña, en cambio, encabeza el coste absoluto, con 2.968 millones estimados en 2029, casi el triple que en 2022.
La Comunidad Valenciana alcanzaría los 2.080 millones y registraría el mayor incremento porcentual, cercano al 476%. Madrid se situaría en 1.409 millones. Navarra presenta la evolución más contenida, con un aumento aproximado del 39%.
Cataluña, la más golpeada, y el contraste de Asturias
Para Cataluña, la proyección tiene una lectura directa. El gasto financiero estimado supera holgadamente el presupuesto de departamentos enteros del Govern y coincide con un contexto político en el que la financiación autonómica vuelve a estar en el centro del debate. La condonación parcial de deuda, aparcada en el escenario de Fedea, se cruza con las negociaciones entre la Generalitat y Moncloa.
Precedente cercano: ya en 2014, Cataluña tuvo que acudir al Fondo de Liquidez Autonómica por problemas de tesorería, precisamente por el volumen de vencimientos. Eso es mucho lastre. Hoy la autonomía financiera sigue condicionada por la deuda con el Estado, y los intereses crecientes reducen el margen para gasto social o inversión.
El dato asturiano también enciende una alerta para Cataluña: la estructura de la deuda importa. Si los tipos se mantienen altos, las comunidades con más financiación a tipo variable sufrirán antes. Cataluña parte de un tipo medio inferior, pero su volumen de pasivo es el mayor de España, y cada repreciación toca miles de millones.
El margen fiscal que se estrecha para el Govern
El informe no es una predicción: depende de tipos, crecimiento y cumplimiento fiscal. Si el déficit fuese mayor o la reducción de deuda más lenta, el coste sería todavía superior. La segunda mitad de la década pondrá a prueba la sostenibilidad financiera de las comunidades.
La lectura política es otra. El Govern de Salvador Illa tendrá que explicar en los próximos presupuestos por qué cada vez más euros de la caja común se van a pagar a los acreedores. La promesa de más gasto social choca con una factura financiera creciente.
El conjunto de proyecciones apuntan a que el ajuste llegará por los intereses, no por la deuda nominal. Queda un hito concreto: el próximo Consell Executiu debería confrontar estas cifras con la negociación de financiación singular. Ahí se verá si el debate es real o solo contable.
Fedea subraya que estas cifras constituyen una proyección y no una predicción. Dependen de la evolución futura de los tipos, del crecimiento económico y del cumplimiento de los objetivos presupuestarios. Precisamente por eso, el escenario resulta significativo: incluso con disciplina fiscal y crecimiento robusto, la factura se triplica.
Después de varios años en los que el reducido precio del dinero permitió contener artificialmente el coste del endeudamiento, las comunidades se enfrentan a una realidad distinta. El ajuste no llegará necesariamente por un aumento de la deuda sobre PIB, sino por una presión creciente de los intereses sobre los presupuestos regionales.

