El estallido social llega a Ceuta: el polvorín a punto de explotar

Era cuestión de tiempo. Tal y como publicó MONCLOA el pasado domingo Ceuta es un polvorín cuyo estallido va a ser difícil de contener. El problema no son solo los ceutíes, hartos de ver cómo su ciudad y su vida se degrada tras soportar más de tres semanas de invasión, sino los propios asaltantes magrebíes y subsaharianos -aunque estos segundos no han dado problemas todavía-, a quienes les prometieron una vida mejor en Europa y se han encontrado estancados en una ciudad de 19 kilómetros cuadrados con 80 mil habitantes que no los quieren allí. En la madrugada del jueves cuatro soldados fueron apedreados por una turba de 30 migrantes de origen marroquí. La Policía detuvo a 12 de ellos, todos marroquíes de entre 35 y 40 años de edad. Unas horas antes los españoles habían intentado acercase a los campamentos de los magrebíes y fueron disueltos por la Policía.

Los incidentes son solo el preludio de lo que puede ocurrir el próximo 2 de septiembre, cuando hay convocadas manifestaciones en toda España en favor de los ceutíes. La de Ceuta arrancará de la Plaza de los Reyes y si de aquí al próximo miércoles no hay avances significativos en la gestión de la crisis existe una alta probabilidad de que la manifestación derive en algún incidente.

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La manifestación de este último miércoles por la tarde, convocada por organizaciones civiles de Ceuta, derivó por la noche en varios incidentes. Mientras un grupo de manifestantes se dirigía a la playa del Trampolín para desmontar por las malas el campamento de migrantes allí instalado, otro grupo mucho más numeroso se dirigió a las zonas donde están alojados los magrebíes. La Policía Nacional tuvo que dispersarlos empleando la fuerza disuasoria. Pero volverán antes o después.

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Hay que entender que Ceuta se ha convertido en una ciudad donde si eres mujer es difícil pasear o salir para ir al trabajo. Muchas familias, las que han podido, han mandado a sus hijos a la península y se han quedado cuidando de sus casas para que no entren en ellas.

La madrugada de este jueves ese polvorín estalló, de manera controlada sí, pero estalló. Además, para añadir más leña al fuego un grupo de 30 migrantes atacó a las 5.30 horas de la madrugada a cuatro militares en la zona de Benzú. Los soldados tuvieron que dejar el coche, sin blindaje, y correr a pie hasta el acuartelamiento, ya que las patrullas de Ceuta van desarmadas y apenas les dejan una porra o defensa cada cuatro personas.

Antes de correr en dirección a Calamocarro los soldados llamaron al 112. Varias patrullas de Policía y Guardia Civil persiguieron a los migrantes, que incluso intentaron escapar arrojándose al agua donde fueron capturados por la Guardia Civil. En total, doce migrantes fueron detenidos mientras la Policía ha abierto diligencias y los soldados fueron atendidos de heridas por las piedras en el hospital de Ceuta.

La manifestación vecinal acabó en la delegación del Gobierno ceutí, pero el punto de reunión fue Puertas del Campo. Los participantes portaban banderas de España, camisetas con lemas alusivos a la situación y en contra del gobierno central.

Parece evidente aunque los responsables no lo quieran admitir. Ceuta va camino de ser una ciudad «puerta de Europa» a convertirse en una localidad del tercer mundo que perteneciera a un Estado fallido. Un mes después de que miles de marroquíes y subsaharianos asaltaran la frontera de manera coordinada el gobierno central no sabe todavía la cifra exacta de migrantes que entraron de manera ilegal ni los tiene censados a todos.

La tensión va a derivar inevitablemente en nuevos brotes de violencia debido a la tensión que vive la ciudad, ante el colapso de los servicios básicos para los ceutíes, que no pueden hacer una vida normal como salir las mujeres solas a la calle, bajar a jugar los niños en el parque o hacer la compra tranquilo en un supermercado.

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Se calcula que un millar de migrantes están repartidos por la barriada del Príncipe, un lugar ya de por sí conflictivo donde sería fácil que se produjesen roces entre habitantes y extraños. Otro de los puntos «calientes» sería el monte Hacho, donde se esconden cientos de migrantes cuya filiación y origen desconoce por completo la Policía. El tercer punto «caliente» de la ciudad es el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta y sus aledaños, El CETI se desbordó el primer día. Su capacidad es de 512 plazas que ya están ampliamente superadas.

El Ministerio del Interior reforzó la presencia de policías a las afueras del CETI para tratar de imponer orden allí y en resto de la ciudad con 500 agentes más. Entre guardias civiles y policías nacionales hay ya unos 1.300 efectivos y aun así, serían insuficientes en el caso de que hubiese un brote serio de violencia por toda la ciudad. Según la ministra de Defensa, Margarita Robles, hay 3.000 militares destacados en Ceuta, pero patrullan sin armas. En caso de problemas graves tendrían que regresar a sus cuarteles para armarse.

Al menos, la Policía Nacional confirmó que ya han identificado ya a 2.168 menores o que ellos dicen ser menores. Sin embargo, los números del gobierno de Ceuta hablan de 9.000 migrantes en la ciudad y la prensa marroquí ofrece datos de hasta 15 mil personas.

Los militares en Ceuta indignados

Las asociaciones profesionales de militares están indignadas tras las agresiones del jueves a soldados. La Unión de Militares de Tropa (UMT) «manifiesta su más enérgica repulsa e indignación ante la emboscada sufrida por personal militar desplegado en Ceuta, quienes han sido apedreados y agredidos violentamente durante el cumplimiento de su misión. Resulta inadmisible la situación de indefensión operativa y jurídica a la que se somete a los miembros de las Fuerzas Armadas. Nuestros compañeros carecen de un marco normativo claro y de reglas de enfrentamiento que garanticen su seguridad física y les otorguen capacidad de respuesta proporcional ante agresiones de esta gravedad», aseguran en un comunicado.

Y recuerdan que «hace más de diez días, desde la UMT advertimos formalmente sobre el riesgo real al que se exponía a las dotaciones destacadas en la zona. Lamentablemente, la inacción del Ministerio de Defensa y la falta de previsión han desembocado en un suceso que pudo y debió evitarse. No es admisible exigir a los Militares allí desplegados la custodia de la seguridad nacional mientras se les niegan los medios de autoprotección y la cobertura jurídica necesaria para actuar».