Von der Leyen exige abaratar la electricidad para sostener la competitividad energética de la UE

La presidenta de la Comisión lanza su mensaje ante la patronal francesa MEDEF y apunta a la fiscalidad como freno principal. El discurso en París marca la agenda industrial de Bruselas para 2027.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Ursula von der Leyen ha señalado en París que el coste energético es el principal lastre para la competitividad de la UE y ha urgido a abaratar la electricidad.
  • ¿Quién está detrás? La presidenta de la Comisión Europea, ante la patronal francesa MEDEF, con un discurso que fija la agenda industrial de Bruselas.
  • ¿Qué impacto tiene? Si Bruselas impulsa la equiparación fiscal entre electricidad y gas, la industria española podría reducir costes, pero Moncloa tendrá que negociar contrapartidas.

Ursula von der Leyen ha situado el coste de la energía como el primer freno a la competitividad energética de la UE. Lo ha hecho desde París, ante la cúpula de la patronal francesa MEDEF en el Rencontre des Entrepreneurs de France (REF), el foro que cada final de agosto marca la agenda industrial de Bruselas. La presidenta de la Comisión no ha reclamado un ajuste técnico: exige abaratar la electricidad y apunta directamente a la fiscalidad.

El diagnóstico no admite matices. Los precios de la energía en Europa siguen siendo, en palabras de Von der Leyen, ‘dos o tres veces más altos’ que en Estados Unidos y China. La brecha con los competidores globales no se ha reducido tras las crisis de los últimos años; se ha consagrado como un problema estructural. Y Bruselas lo ha interiorizado como un asunto de seguridad económica, no solo de coste.

La presidencia comunitaria recuerda que más de la mitad de la energía consumida en la UE procede de combustibles fósiles importados. Desde el inicio de la crisis en Oriente Medio, esa dependencia ha supuesto más de 50.000 millones de euros adicionales para la economía comunitaria. La lectura estratégica es clara: cada barril comprado fuera es capacidad de inversión que sale del continente.

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La elección del foro no es casual. MEDEF, la patronal francesa, lleva meses presionando para que París y Bruselas reconozcan la ventaja nuclear en el cálculo fiscal europeo. Von der Leyen ha elegido la pista central de Roland Garros para responder: la energía baja en carbono es bienvenida sea cual sea su origen, pero no puede seguir penalizada por un sistema de impuestos heredado de la era del gas.

El precio de la electricidad, el nudo que Bruselas ya no esconde

La respuesta, según Von der Leyen, pasa por acelerar la electrificación de la industria, el transporte y los edificios. Más del 70% de la electricidad europea ya proviene de fuentes bajas en carbono, pero la electricidad representa todavía solo una cuarta parte del consumo final. El discurso defiende, en paralelo, el despliegue de renovables y el papel de la energía nuclear. Francia lo recibe como una validación; Berlín, como un recordatorio incómodo.

El nudo que bloquea la transición no está en la generación, sino en el precio que paga el usuario final. La electricidad es, de media, casi tres veces más cara que el gas para las empresas. Para Von der Leyen, esa asimetría es inaceptable. Por eso ha lanzado una consigna fiscal directa: ‘la electricidad no debería gravarse más que el gas’. No es una matización técnica; es una instrucción política a los Estados miembros.

Si la electricidad sigue pagando más impuestos que el gas, la descarbonización de la industria europea se frena en el contador de la fábrica y no en la geopolítica.

La fiscalidad como trinchera: París aplaude y Berlín matiza

Von der Leyen

La presidenta reclama además contratos de energía a largo plazo para proteger a las empresas de la volatilidad y dar previsibilidad a los grandes consumidores industriales. La idea conecta con el debate abierto en la Comisión sobre la revisión del Clean Industrial Deal (Pacto Industrial Limpio) y con las peticiones de Alemania y Francia para reducir la carga regulatoria que asfixia al sector manufacturero.

El Eje del Poder Europeo

El mensaje de Von der Leyen aterriza sobre una geometría europea ya conocida. Francia lo capitaliza a favor de su apuesta nuclear; Alemania lo interpreta como una oportunidad para empujar contratos de renovables y flexibilidad industrial. Los países frugales del norte (Países Bajos, Austria, Dinamarca) miran con recelo cualquier reestructuración fiscal que pueda debilitar los ingresos nacionales. Y el sur de Europa, con España e Italia a la cabeza, sigue esperando que Bruselas convierta la declaración en una reforma real del mercado eléctrico.

Para España, el discurso tiene una lectura directa. La mayoría de las empresas del sector electrointensivo sigue reclamando precios competitivos; acerías, química, cemento y aluminio llevan años con la factura energética como primer coste fijo. La excepción ibérica de 2022, el tope al gas que limitó temporalmente la factura eléctrica, demostró que la equiparación fiscal no basta si no se acompaña de diseño de mercado. Moncloa lo sabe: Bruselas le ha dado ahora el argumento político para reabrir el debate en el Consejo y para justificar ante sus socios una posición más firme.

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El precedente de la excepción ibérica sigue pesando en la negociación. España logró en 2022 un tope al gas que Bruselas autorizó con reticencias. Aquella experiencia dejó dos lecciones: la fiscalidad energética se puede ajustar con voluntad política, y cada concesión se paga con contrapartidas. Para Moncloa, el discurso de Von der Leyen recupera un argumento que parecía enterrado.

La lectura a cinco y diez años es menos optimista. Sin una armonización fiscal mínima, la competencia entre Estados miembros por atraer inversión industrial puede acabar premiando a quien más subvencione, no a quien más descarbonice. Von der Leyen lo sabe y por eso subraya la previsibilidad y los contratos a largo plazo. El riesgo para España es quedarse en el medio: sin la potencia nuclear de Francia, sin la capacidad fiscal de Berlín y sin la ventaja regulatoria de Países Bajos.

El próximo movimiento se medirá en el Consejo de Energía y en la presentación de la revisión del marco fiscal energético. La presidenta de la Comisión ha marcado el terreno. Ahora los Estados miembros tienen que decidir si traducen el discurso de París en legislación, o si, una vez más, la agenda industrial se queda en los titulares de final de agosto.