Ceuta va camino de ser una ciudad «puerta de Europa» a convertirse en una localidad del tercer mundo que perteneciera a un Estado fallido. Justo tres semanas después de que miles de marroquíes y subsaharianos asaltaran la frontera de manera coordinada el gobierno central no sabe todavía la cifra exacta de migrantes que entraron de manera ilegal ni los tiene identificados a todos. El principal temor ahora de las autoridades españolas ahora es que haya un brote de violencia organizado por los propios ceutíes, por la tensión que vive la ciudad ante el colapso de los servicios básicos para los ceutíes.
Entre las autoridades españolas existe un miedo, no comentado en voz alta, a que la ciudad estalle en violencia organizada en algún momento contra los migrantes. Se calcula que un millar de ellos están repartidos por la barriada del Príncipe, un lugar ya de por sí conflictivo donde sería fácil que se produjesen roces entre habitantes y extraños. Otro de los puntos «calientes» sería el monte Hacho, donde se esconden cientos de migrantes cuya filiación y origen desconoce por completo la Policía.
El tercer punto «caliente» de la ciudad es el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta y sus aledaños, El CETI se desbordó el primer día. Su capacidad es de 512 plazas que ya están ampliamente superadas.
El Ministerio del Interior reforzó la presencia de policías a las afueras del CETI para tratar de imponer orden allí y en resto de la ciudad con 500 agentes más. Entre guardias civiles y policías nacionales hay ya unos 1.300 efectivos y aun así, serían insuficientes en el caso de que hubiese un brote serio de violencia por toda la ciudad y los agentes tendrían que ser reforzados por militares si los ceutíes decidiesen levantarse contra los migrantes.
Colapso en Ceuta
Pero mientras, los servicios sanitarios de la ciudad se colapsan, la sarna afecta a militares y policías, los juzgados están desbordados, los ministros y el presidente de la ciudad no se ponen de acuerdo en el número de migrantes y mucho menos en el de menores, y tampoco nadie sabe si las 500 niñas protegidas de manera especial serán trasladadas a la península, se quedarán en Ceuta o serán devueltas a Marruecos.
Los 83.500 ceutíes que viven en la ciudad han visto como en julio la tasa de paro disminuía un 9%, lo que era una excelente noticia para una población que cuenta con 8.399 parados. El sueldo medio de un ceutí estaba a comienzos de 2026 en 23.228 euros, lejos de los 30.000 de la media nacional, pero aceptablemente por encima de los 17.000 euros del SMI español. Todo esto está en el aire desde el 31 de julio cuando los habitantes de Ceuta asistieron impotentes al asalto de su ciudad.
De momento, al menos 2000 migrantes, marroquíes y subsaharianos, fueron trasladados por la Policía a dos instalaciones separadas, con carpas habilitadas, para que puedan pernoctar y abandonen las playas ceutíes. Las mafias ya han llegado a la ciudad ofreciendo traslados en patera a la península. Diez patrones de estas embarcaciones fueron ya detenidos por la Guardia Civil antes de recoger a migrantes, pero el temor es que hayan podido ya efectuar algún viaje, a pesar de que el Gobierno español se comprometió ante Bruselas que ninguno saltaría al continente europeo.
En las cifras de ilegales tampoco nadie se pone de acuerdo, primero fue el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, el que cifró la cantidad en 2.000 migrantes, aunque unas horas más tarde se autocorrigió y dijo que eran 5.000. La ministra de Infancia, Juventud y Migraciones, Elma Saiz, la que dijo que se repartían 4.000 raciones diarias de comida y este jueves cifraron las mismas en 3.500. La realidad es que conocer la cifra exacta parece misión casi imposible.
Las estadísticas oficiales tampoco parecen arrojar luz. La Policía Nacional confirmó que habían identificado ya a 2.168 menores o que ellos dicen ser menores. Sin embargo, los números del gobierno de Ceuta hablan de 9.000 migrantes en la ciudad y la prensa marroquí ofrece datos de hasta 15 mil personas.
Parece claro que la reacción del gobierno español ha sido tardía. El presidente Pedro Sánchez visitó la ciudad el primer día, pero luego se fue de vacaciones y no las ha interrumpido. Eso sí, ha mandado hasta siete ministros en fechas diferentes, con resultados dispares. La que mejor salió del paso, como siempre, fue Margarita Robles, ministra de Defensa, que estuvo empática con los vecinos y se paró a escuchar sus quejas y reclamaciones.
La peor, que resultó incluso abucheada, fue la titular de Sanidad, Mónica García, que incluso negó las evidentes carencias sanitarias que presenta la ciudad. Estte jueves el Colegio de Enfermería de Ceuta pedía la declaración del estado de alarma ante el «colapso sanitario sin precedentes», algo negado por la ministra.
El presidente de la ciudad autónoma Juan Jesús Vivas ha amenazado con acudir a los tribunales si el Gobierno central no ofrece soluciones definitivas. Vivas, del PP, pidió ayuda semanas antes de la entrada masiva que empezó el 30 de julio. También pidió sin éxito la adopción de un mando único y la declaración del estado de alarma. El Gobierno central no hizo caso a ninguna de estas peticiones.
El ministro Marlaska tampoco ha sido diligente en la toma de decisiones. Tardó 48 horas en reforzar con equipos de la UIP los agentes ya desplegados en la ciudad y la Comisaría de Fronteras envió 6 agentes de refuerzo para iniciar los trámites de expulsión de miles de migrantes. Dos semanas más tarde el ministro dijo que mandaban otros 20. Mientras, Albares, ministro de Exteriores, aseguraba en Europa que todos serían devueltos, a pesar de que sabe que no se puede repatriar a los menores si nos los reclaman sus familiares, precisamente los mismos que los animaron a cruzar la frontera con España.
Denuncias por violación
En este aspecto, aunque parezca mentira, los números también bailan. Las ONG fueron los primeros en dar la voz de alarma al hablar de 3 menores violadas, la delegación del Gobierno habló de 6 pero los policías a pie de calle hablan de un número superior, en concreto de 15 agresiones sexuales sobre mujeres, una de ellas ceutí. Mientras, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, desconocedora de la realidad que viven las mujeres migrantes de origen magrebí, animaba a las afectadas a acudir a los puntos violeta de Ceuta.
Los juzgados de Violencia contra la mujer, que también han pedido insistentemente refuerzos han confirmado que existen al menos 3 denuncias que se están tramitando, aunque otras fuente hablan de una agresión diaria, lo que elevaría el número por encima de la veintena.
