Alemania y los frugales exigen recortar el presupuesto UE frente al plan de 2 billones de Von der Leyen

Los seis países reclaman reducir 'varios cientos de miles de millones' sobre la propuesta de 2 billones para 2028-2034. España observa un pulso que marcará la negociación del próximo Marco Financiero Plurianual y sus fondos.

Seis gobiernos del norte de Europa han plantado cara al presupuesto de la UE. Reclaman recortar varios cientos de miles de millones de euros a la propuesta de casi dos billones que Ursula von der Leyen defiende para el período 2028-2034.

La ofensiva parte de los llamados países frugales: Alemania, Dinamarca, Países Bajos, Austria, Finlandia y Suecia. Se reunieron en Berlín y emitieron una declaración conjunta en la que piden que la tijera se aplique ‘de manera equilibrada’ sobre todas las rúbricas, los capítulos de gasto del Marco Financiero Plurianual (el presupuesto a largo plazo de la UE).

La tesis de los seis es simple: si los Estados miembro están aplicando consolidaciones fiscales dolorosas, el presupuesto europeo no puede ser la excepción. ‘La Unión debe tomar decisiones claras y reordenar prioridades, como hacemos en nuestros países’, ha resumido el texto, firmado por líderes tan distintos como el conservador Friedrich Merz y la socialdemócrata Mette Frederiksen.

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No piden congelar el gasto. Aceptan que el presupuesto debe crecer para financiar prioridades estratégicas, pero insisten en que esa senda sea moderada y compatible con el ajuste nacional. Además, reclaman una ‘evaluación holística’ de los flujos de pago y corregir los desequilibrios netos excesivos entre Estados miembro.

Un recorte de ‘varios cientos de miles de millones’ sobre la mesa

Los seis gobiernos no han fijado una cifra exacta. Hablan de varios cientos de miles de millones de euros y de revisar cada partida sin excepciones. En Berlín, Merz recordó que, juntos, financian alrededor del 40% del presupuesto comunitario, dato que explica la presión que pueden ejercer en el Consejo.

Hay dos líneas rojas adicionales en la declaración. La primera es el rechazo explícito a una nueva emisión de deuda común europea: para los frugales, ‘no es la solución’ y no sustituye a las reformas estructurales. La segunda es que el Estado de derecho siga siendo condición para acceder a cualquier financiación europea.

El pulso no es solo contable: es una votación anticipada sobre si la próxima década europea se financia con más deuda común o con recortes en casa.

El contrapunto de Von der Leyen: 2 billones para no depender de Washington ni de Pekín

La presidenta de la Comisión defiende el plan de 2 billones de euros como instrumento para financiar la autonomía estratégica de la UE frente a Estados Unidos y China. En París, ha insistido en que la desconfianza transatlántica y la competencia asiática obligan a invertir más en defensa, tecnología y energía, según el discurso publicado por la propia Comisión.

Marco Financiero Plurianual

La Comisión no ha presentado aún el texto legislativo completo, pero el debate ya anticipa la negociación más dura del próximo Marco Financiero Plurianual. La propuesta de 2 billones choca con el clima de ajuste de los países del norte, y hay un detalle clave: el actual marco financiero arrastra compromisos de pago pendientes excepcionalmente altos y mecanismos extrapresupuestarios que los frugales quieren revisar en paralelo.

El Eje del Poder Europeo

La geometría del pulso es nítida. El eje franco-alemán no funciona como tal, porque Berlín lidera la ofensiva de contención y París ofrece cobertura política a Von der Leyen en busca de más inversión común. Los países del sur, entre ellos España, observan el choque desde la trinchera de los fondos de cohesión y de la PAC: cualquier recorte ‘equilibrado’ que toque esas rúbricas afecta directamente a las comunidades autónomas y al sector agrario.

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La posición española no es cómoda. Moncloa defiende un presupuesto ambicioso y ha hecho de los fondos europeos la principal palanca de su política económica, pero tampoco quiere romper con Berlín, que es socio esencial en en la defensa del euro y en la construcción europea. El riesgo es que España acepte a cambio de obtener más flexibilidad en la regla fiscal.

La comparación con la negociación del presupuesto 2014-2020 es útil: los frugales ya forzaron entonces recortes en cohesión y agricultura, y la salida del Reino Unido agravó el problema de los contribuyentes netos. Ahora, sin embargo, el nuevo factor es la seguridad: los países del este y del Báltico presionan para que defensa y Ucrania no se financien a costa de la cohesión, mientras los frugales insisten en reordenar prioridades.

La próxima ventana crítica llegará con la presentación formal de la propuesta legislativa y la negociación en el Consejo. Lo que se decida en 2026 y 2027 condicionará la capacidad de la UE para actuar en defensa, ampliación, clima y cohesión. La duda de fondo sigue abierta: si la UE asume que su autonomía estratégica se paga con presupuesto común o si, por el contrario, cada capital vuelve a mirar su cuenta de resultados.