La estelada ha abierto una grieta entre ERC y Junts que hasta ahora se disimulaba en sede parlamentaria. La exhibición masiva de la bandera independentista en el Camp Nou no ha servido para unir al soberanismo: ha expuesto una pelea por el relato y por la coherencia.
El detonante fue la convocatoria lanzada por Oriol Junqueras, presidente de ERC, para llenar de esteladas el estadio azulgrana en el partido contra el Athletic Club. La Assemblea Nacional Catalana (ANC) repartió 10.000 esteladas en los alrededores del Spotify Camp Nou, y Òmnium Cultural también llamó a los aficionados a sumarse. Las gradas se tiñeron de banderas antes del pitido inicial y volvieron a aparecer en el minuto 17:14, acompañadas de gritos de ‘independencia’.
Junqueras defendió que ‘la estelada es un símbolo de libertad y de justicia’ y que ‘nadie con valores democráticos debería perseguirla ni eliminarla’. Lo hizo tras la actuación de la Policía Nacional contra aficionados del Barça en Elx, donde un joven aficionado resultó agredido y varios seguidores que portaban esteladas fueron objeto de una intervención policial.
La respuesta de Junts llegó enseguida. El diputado en el Congreso Josep Pagès reprochó a los republicanos su cambio de posición. ‘Han hecho desaparecer la estelada de sus actos, han eliminado Catalunya de la representación gráfica de su partido, han aplaudido las victorias de la selección española. Todo para ensanchar la base. Y ahora sacan la estelada del cajón. Algo debe haber pasado’, escribió en X.
La acusación no es menor: Junts señala una contradicción estratégica de ERC entre su apuesta por ampliar el electorado más allá del independentismo y la reivindicación simbólica que ahora recupera. El reproche tensa la relación entre dos partidos llamados a entenderse en la oposición al Govern de Salvador Illa y en la negociación con Moncloa. Una disputa que va más allá de un partido, de un estadio o de una bandera.
La estelada no une al independentismo: evidencia quién capitaliza el símbolo y quién paga el coste de la incoherencia.
Una pugna simbólica con lectura electoral
La polémica de la estelada reabre la competencia directa entre ERC y Junts por el voto independentista. No es un asunto nuevo: ambos partidos llevan años disputándose la autoridad simbólica del soberanismo, una pelea que se ha recrudecido desde la salida de Junts del Govern y la reconfiguración del espacio. La presencia de de la estelada en las gradas del Camp Nou devuelve a la primera línea un símbolo que ERC había ido diluyendo de su marca pública.
En paralelo, ERC ha llevado la reivindicación al Congreso. Según publica Ara, los republicanos exhibieron la estelada en la Cámara para denunciar la agresión policial al menor en Elx, un gesto dirigido al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. La jugada, interpretada por Junts como una rectificación después de años de moderación simbólica, añade otro frente a una relación ya de por sí frágil. Y es que, la confianza no sobra entre ambas formaciones.
La reaparición de la estelada en el Camp Nou tiene también una vertiente más doméstica. Junts lee el gesto de ERC como una operación para recolocarse ante la militancia después de varios titulares centrados en la estabilidad y la gestión. A la vez, ERC considera que el reproche de Junts es un ejercicio de cinismo: quien quiere disputar el liderazgo independentista sin asumir los costes de la moderación. Ninguna de las dos tesis puede descartarse.
El pulso por el electorado independentista
La discusión sobre la estelada no es una simple disputa de banderas. Expresa el dilema de ERC desde que decidió priorizar la negociación presupuestaria y la gobernabilidad de Illa: cuando los republicanos rebajan el tono simbólico para ampliar la base, Junts los acusa de aburguesarse; cuando lo recuperan, les reprocha oportunismo. Lo vimos ya tras el acuerdo con el PSC en Barcelona y con la negociación sobre financiación singular. En aquel momento, Junts evitó el choque frontal. Ahora, con la legislatura catalana más asentada, la pelea se traslada al terreno del relato.
Lectura propia: la bronca esconde algo más que una bandera. Junts disputa a ERC la centralidad del independentismo justo cuando el Govern de Illa necesita apoyos parlamentarios. Cada estelada en el Camp Nou se convierte así en un recordatorio de que ERC no puede resolver de un día para otro la tensión entre pragmatismo y épica. Y de que Junts, sin gobierno, compite donde mejor se mueve: en la memoria simbólica.
El precedente más claro se remonta a la salida de Junts del Govern: desde entonces, cada episodio simbólico ha servido para medir quién conserva la centralidad del soberanismo. El Camp Nou no inventa esa pelea, la amplifica. El próximo Consell Executiu puede servir de termómetro, pero la verdadera prueba llegará con el debate de los presupuestos de la Generalitat. Entonces se verá si la estelada fue solo un episodio de agosto o el inicio de una reconfiguración del bloque independentista.

