Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo mantienen un contacto permanente para coordinar la respuesta a la crisis de Ceuta.
Según fuentes cercanas a ambos dirigentes citadas por La Vanguardia, ese canal no ha dejado de operar desde la entrada masiva de más de 70.000 inmigrantes procedentes de Marruecos y tras la formación de los gobiernos autonómicos entre el PP y Vox. La información está pendiente de confirmación oficial por parte de las dos formaciones.
El giro de Vox en la crisis de Ceuta
Vox ha fijado la posición más exigente del bloque opositor. La formación reclama la ruptura de relaciones con Rabat y defiende llevar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y a sus ministros ante el Tribunal Supremo por un presunto delito de traición. No es un matiz retórico: sitúa el debate en la responsabilidad del Estado y en la defensa de la soberanía de Ceuta y Melilla.
Esa exigencia se apoya en la desclasificación de los informes de inteligencia. El partido considera que la Delegación del Gobierno en Ceuta dispuso de avisos previos y que la dimisión de Gonzalo Sanz como jefe de gabinete, conocida el viernes, no cierra el debate político. La lectura de Vox es de máximos: ante un cruce de frontera de esa escala, la depuración de responsabilidades debe llegar hasta el origen de la decisión.
La reacción del PP y los matices del tablero
El PP comparte parte del diagnóstico, aunque con un tono más contenido. El portavoz popular, Borja Sémper, calificó de broma que, más de un mes después del asalto a la frontera de Ceuta, solo haya dimitido un asesor. La dirección nacional del PP ha fijado una estrategia comunicativa para evitar la sobreactuación y unificar el mensaje en toda España.
La diferencia entre ambas formaciones no es de fondo, sino de intensidad. El PP se ha personado en la causa abierta en la Audiencia Nacional y responsabiliza a Marruecos ‘por acción u omisión’ y al Gobierno por ignorar los avisos previos. Vox mantiene una línea más incisiva: quiere que la exigencia de responsabilidades alcance al Ejecutivo de Sánchez por la vía penal.
El contacto permanente entre Abascal y Feijóo no diluye los matices: el PP mide el tono y Vox eleva la exigencia de responsabilidades.
La estrategia de Vox y el pulso por la derecha
La coordinación entre Génova y Bambú confirma un reparto de papeles después de los pactos autonómicos. El PP se orienta a atraer al votante de centro descontento con Sánchez, mientras que Vox asume la presión por la derecha y recoge el voto más crítico con la gestión migratoria y con la falta de consecuencias. No hay contradicción estratégica: hay una división del trabajo en el bloque opositor.
Esa posición da a Vox un rendimiento parlamentario y territorial. Le permite marcar el techo del discurso en un asunto de soberanía sin quedarse fuera del eje institucional que comparte con el PP. La dirección de Vox lee la situación como una oportunidad: cuanto más se prolongue la crisis y más lenta sea la depuración de responsabilidades, más verosímil resulta su exigencia de llevar el caso al Tribunal Supremo.
El riesgo que observamos está en que el relato de la coordinación permanente reste nitidez al perfil propio de Vox. Feijóo ha moderado las formas, y la dirección de Abascal deberá sostener la intensidad sin que el electorado perciba una fusión estratégica. La crisis de Ceuta se ha convertido en el escenario donde se mide ese equilibrio. Vox ha optado por no ceder el espacio de la firmeza.
La incógnita, a nuestro juicio, no es si el PP y Vox seguirán coordinados, sino cuánto durará esa sintonía si la causa de la Audiencia Nacional se estanca. La estrategia de Vox queda definida: mantener la presión sobre Marruecos y sobre el Gobierno, y recordar a Feijóo que la frontera sur no admite tibieza.

