Cenamos a las diez, alargamos la sobremesa y pedimos café con hielo sin pestañear. Pero abrir la comida antes de pagar en el supermercado, como si fuera una tradición española, es otra cosa.
El vídeo que encendió el debate
El vídeo de @martiivlds en TikTok plantea que en los supermercados españoles es completamente normal abrir un producto, consumirlo mientras se hace la compra y pagar después el envase en caja. La pieza, publicada con el título de ‘Why wait?’ y etiquetas como Carrefour o Mercadona, muestra unos arándanos abiertos antes de llegar a caja. La publicación ha acumulado numerosas respuestas precisamente porque muchos usuarios niegan que se trate de una costumbre generalizada. Según recoge Directo al Paladar, la práctica descrita como cotidiana dejó bastante desconcertados a quienes viven en España.
Qué responden los españoles
Las respuestas no se han hecho esperar. ‘¿Qué dices, tía?’, le contesta un usuario. Otro prefiere preguntar quién le había contado aquello, y varios coinciden en una distinción importante: que alguien pueda hacerlo no significa que esté bien visto. Para muchos españoles, la escena resulta más extraña que cotidiana. Es la diferencia entre un derecho técnico y una norma social.
‘En España es de mala educación, no lo hace nadie con la comida en el supermercado’, asegura una usuaria. Otra pide directamente a quienes visiten el país que no adopten la práctica, pensando que se trata de una tradición española. También hay quien sostiene que podrían llamar la atención al cliente por hacerlo. El agua, sí; los arándanos, no.
La excepción que sí se acepta
Entre las respuestas aparece una excepción bastante reconocible: abrir una botella de agua cuando existe una necesidad inmediata, especialmente si se trata de un niño, y conservarla para pagarla después. ‘Cuando mi niño era pequeño y tenía sed le abría en el supermercado una botella de agua y luego la pagaba’, recuerda una usuaria. Otros comentarios mencionan esa misma excepción, sobre todo durante los meses de calor. La comida genera bastante menos consenso.
En España puedes abrir la botella y pagarla al salir, pero la frontera entre la necesidad y el antojo se llama sentido común.
La frontera de los cinco años
‘Por poder puedes hacerlo, mientras lo pagues. Pero, aparte de que no está bien visto, creo que ya tenemos una edad como para esperar a salir del supermercado’, escribe otra persona. Un comentario en inglés lo resume con más retranca: ‘Técnicamente puedes, pero está mal visto salvo que tengas cinco años o menos’. Cinco años. Esa es la frontera.
El consenso que no existe
Tampoco significa que nadie lo haga. Algunos participantes reconocen haber comido un pedazo de una barra de pan o haber bebido agua antes de pagar, mientras otro asegura que la práctica es ‘supercomún’. Lo que sugieren las respuestas es que no existe el consenso que sugiere el vídeo. Hay españoles que lo han hecho alguna vez y otros que lo consideran directamente de mala educación. Pero la mayoría de los comentarios aportados rechazan que consumir tranquilamente la compra antes de pasar por caja sea una normalidad española.
La polémica, en realidad, va de pequeñas normas no escritas. Los supermercados toleran excepciones por necesidad, no por costumbre. Y ahí está la línea que separa la urgencia de un niño sediento del antojo de un adulto con prisas. El resto es ruido en TikTok.
No es la primera vez que una práctica local se malinterpreta en redes: ocurre con la siesta, con los horarios de cena o con la manera de pedir un café. Lo llamativo aquí es que la supuesta costumbre ni siquiera es defendida por la mayoría de los propios españoles; al contrario, muchos la rechazan con un punto de vergüenza ajena.
Viajar sirve precisamente para descubrir pequeñas diferencias culturales, aunque a veces ocurra el fenómeno inverso: que alguien explique a los habitantes de un país una tradición que ellos mismos no sabían que practicaban, o sea, algo prácticamente inventado. En este caso, el debate deja una recomendación bastante sencilla: salvo sed urgente o niño impaciente, esperar unos minutos hasta pasar por caja ahorra unas cuantas miradas. Y aunque el vídeo no sea más que una anécdota, funciona como un pequeño recordatorio de cómo se negocian los espacios compartidos.

