España cuenta con casi medio centenar de aeropuertos en la red de Aena, y no todos responden a una demanda real de viajeros. Hay instalaciones que se proyectaron o se ampliaron con dinero público, que se inauguraron con expectativas de tráfico que nunca se cumplieron y que hoy siguen operativas aunque por sus terminales pase un puñado de pasajeros al año. Esta lista reúne cuatro de esos casos: pistas que no cierran, que conservan estructura, personal y servicios, y cuya cuenta de resultados no cuadra por ningún lado.
El criterio es el mismo en los cuatro casos: aeropuertos de la red estatal, con tráfico comercial irrelevante o directamente nulo y sin aerolíneas interesadas en volar a ellos. Todos comparten el patrón: una inversión pública millonaria en obra nueva, unas previsiones de demanda que el tiempo desmintió y una decisión de cierre que no se llega a tomar o que, cuando se toma, no se ejecuta. Sostenerlos abiertos cuesta dinero que no generan, y esa diferencia la acaba cubriendo el erario público.
1Huesca-Pirineos: el aeropuerto que Aena mantiene para cero pasajeros
Si algún aeropuerto justifica por sí solo esta lista, es el de Huesca-Pirineos. Inaugurado en 2007 en el antiguo aeródromo de Monflorite, costó unos 60 millones de euros y su plan director calculó que movería entre 150.000 y 165.000 viajeros al año, con los esquiadores del Pirineo como gran baza. La realidad es otra: cerró 2025 con 1.010 pasajeros, el último de los 48 aeropuertos de Aena, una media de poco más de tres viajeros al día. En enero de 2026 registró apenas seis pasajeros y 106 operaciones. Acumula ya 12 de sus 19 años de funcionamiento en el farolillo rojo y ni en sus mejores ejercicios, con los vuelos de nieve de Pyrenair, pasó de unos 6.200 viajeros.
El agujero no es solo estadístico. La instalación genera pérdidas anuales de unos tres millones de euros y emplea a 14 personas para atender, en la práctica, a los equipos de fútbol que viajan a jugar contra la SD Huesca, además de aeroclubes y escuelas de pilotos. Aena, lejos de plantear su cierre, prevé invertir 7,8 millones entre 2027 y 2031 dentro del DORA III, casi el doble de los 3,8 millones del quinquenio anterior, para renovar pista, plataforma y equipos de extinción. El Gobierno de Aragón esquiva responsabilidades —la titularidad es estatal— y busca usos alternativos, como el centro de emergencias aéreas planteado en 2024, sin que ninguno haya cuajado. El resultado: un aeropuerto abierto para cero pasajeros y sostenido con dinero público.
