Netflix vuelve a remover uno de los crímenes más comentados del siglo XIX justo cuando el true crime parece no tener techo. La plataforma estrena este 17 de septiembre «Monstruo: La historia de Lizzie Borden», la cuarta entrega de la antología de Ryan Murphy e Ian Brennan, y lo hace con Charlie Hunnam en el papel de Andrew Borden, el padre asesinado a hachazos en 1892.
El dato que más morbo genera —y que da título a esta pieza— es la famosa rima infantil que habla de «cuarenta hachazos». Pero conviene aclararlo ya: esa cifra pertenece al folclore popular, no a la autopsia real. Lo que sí es indiscutible es que el caso sigue sin resolverse del todo, y eso es oro puro para una serie.
Netflix reabre el caso más citado (y más deformado) del true crime
El tráiler oficial en español ya deja clara la intención: «ni el infierno conoce una furia como la de Lizzie». La producción se centra en Lizzie Borden, interpretada por Ella Beatty, hija de Annette Bening y Warren Beatty, en su primer gran papel protagonista dentro de una franquicia que ya trató a Jeffrey Dahmer, los hermanos Menéndez y Ed Gein.
Lo interesante de esta temporada es el giro de enfoque. No es solo un relato de crimen y castigo, sino una reflexión sobre cómo la prensa de finales del XIX construyó a una mujer como monstruo antes incluso de que un jurado la declarase inocente. Ryan Murphy y Brennan llevan su sello habitual de dramatización hasta el límite, algo que ya es marca de la casa en toda la saga.
Lo que pasó realmente en Fall River en 1892
El Netflix de 2026 apuesta de nuevo por revivir sucesos históricos con rigor documental como gancho comercial, y este caso es de manual. La mañana del 4 de agosto de 1892, Andrew y Abby Borden aparecieron muertos en su casa de Fall River, Massachusetts, ambos atacados con un hacha. En la vivienda solo estaban Lizzie, hija de Andrew, y la sirvienta Bridget Sullivan. Puedes ampliar todos los detalles del caso en la ficha de Lizzie Borden que recoge Wikipedia sobre la producción.
La investigación se centró casi de inmediato en Lizzie: contradicciones en su testimonio, restos de ropa quemada y ausencia de signos de lucha en la escena la convirtieron en sospechosa principal. Fue detenida días después, juzgada durante más de un año y finalmente absuelta en 1893, en un veredicto que la prensa de la época recibió con vítores en la calle.
De la sala del tribunal a la cultura pop: por qué el mito pesa más que los hechos
La rima «Lizzie Borden took an axe and gave her mother forty whacks» nació poco después del juicio y se convirtió en canción de comba en Estados Unidos. El problema es que es inexacta casi en cada verso: era su madrastra, no su madre; el arma era más pequeña que un hacha de leñador; y el número de golpes está muy lejos de los cuarenta.
Los informes forenses de la época hablan de un total de golpes muy inferior al de la canción, repartidos entre las dos víctimas. Aun así, la leyenda se impuso a la autopsia, y ese desfase entre lo que ocurrió y lo que se recuerda es exactamente el terreno que Murphy y Brennan quieren explotar con esta temporada.
Un elenco pensado para sostener el morbo con prestigio actoral
La producción no se apoya solo en el gancho macabro. Junto a Ella Beatty y Charlie Hunnam aparecen Rebecca Hall como Abby Borden, Vicky Krieps y Sarah Paulson, esta última interpretando a la asesina en serie Aileen Wuornos en otra línea temporal de la antología. Es la primera vez que la franquicia centra una temporada completa en una presunta autora del crimen, no en un asesino ya condenado.
El rodaje se prolongó entre septiembre de 2025 y marzo de 2026, con Max Winkler y Sarah Adina Smith al frente de la dirección. El resultado busca equilibrar terror doméstico y crítica social, mostrando cómo la misoginia victoriana condicionó tanto el juicio real como la fama posterior del caso.
Los cuatro puntos donde la serie más se aleja (o se acerca) a la historia real
- El número de golpes de hacha: la ficción puede jugar con la rima popular, pero los forenses documentaron muchos menos de los «cuarenta» que canta la tradición.
- El veredicto: Lizzie Borden fue absuelta en 1893, un dato histórico que la serie respeta como punto de partida.
- La relación con la sirvienta: la temporada incorpora un presunto romance entre Lizzie y Bridget Sullivan que ningún documento de la época confirma.
- El móvil económico: la tacañería de Andrew Borden y las tensiones familiares por la herencia sí están documentadas y son terreno fértil para el guion.
El precedente de Ed Gein marcó el listón de exigencia
Apenas seis días después de que Netflix presentara el desenlace de «Monstruo: La historia de Ed Gein», también protagonizada por Hunnam, la plataforma anunció el reparto de esta cuarta entrega. Ese solapamiento tan pegado en el calendario no es casualidad: la audiencia de true crime consume rápido y la maquinaria de producción de Murphy está diseñada para no dejar hueco entre temporadas.
Qué puede esperar el espectador español que busca más historia que sangre
Si algo ha demostrado la franquicia «Monstruo» es que el verdadero gancho no está en la violencia explícita, sino en la ambigüedad moral de sus protagonistas. Lizzie Borden encarna esa pregunta incómoda que sigue vigente: ¿culpable que burló a la justicia o víctima de los prejuicios de su época?
Para quien disfruta del true crime con algo de rigor documental, esta temporada llega en un buen momento: la plataforma ha ido puliendo el equilibrio entre espectáculo y contexto histórico tras las críticas que recibieron entregas anteriores por excesos morbosos. El consejo del veterano espectador de estas antologías es sencillo: disfrutar del misterio, pero no dar por buena ni una sola cifra sin contrastarla después.

