El 70% de la nueva capacidad solar de Estados Unidos se construye en estados que votaron a Donald Trump, según la Solar Energy Industries Association (SEIA), un dato que reconfigura el mapa político de la transición energética.
El informe de la Solar Energy Industries Association (SEIA), difundido la pasada semana y recogido por Grist, confirma que ocho de los diez estados que más solar instalaron en el primer semestre del año votaron por el candidato republicano en las últimas elecciones. La cifra descoloca cualquier lectura simplista: la energía solar avanza con más fuerza en el corazón conservador.
Estados Unidos sumó más de 11 gigavatios (GW) de potencia solar en el segundo trimestre de 2026, un 45% más que en el mismo periodo de 2025, según la patronal. Casi tres cuartas partes de ese crecimiento se concentró en los estados que apoyaron a Trump, lo que equivale a más de 7 de cada 10 nuevos megavatios.
Texas y Florida, los dos mayores estados republicanos por población, ocuparon el primer y el tercer puesto, respectivamente. Indiana, Ohio y Arizona se mantienen en el top 10 de forma ininterrumpida desde 2024. Misuri, Arkansas, Míchigan y Utah entraron en la clasificación en alguno de los últimos ejercicios, aunque no de forma sostenida.
Qué hay detrás del auge solar en el sur republicano
La explicación tiene más que ver con el terreno disponible, los permisos ágiles y la demanda eléctrica que con una agenda climática. Tim Pawlenty, exgobernador republicano y consejero delegado de la SEIA, describe una mentalidad de construcción en los estados rojos. La industria manufacturera y los centros de datos han disparado la demanda de electricidad barata y de despliegue rápido.
Texas es el ejemplo más evidente. Con una regulación minimalista y mucho suelo, encadena tres años consecutivos como líder nacional en solar, una posición que antes ocupó en la eólica. Florida, por su parte, convierte el sol del cinturón sureño en electricidad para una población que crece y consume más aire acondicionado cada verano.
El auge solar en estados republicanos no responde a la ideología climática, sino a una lógica de negocio: terreno, permisos ágiles y demanda eléctrica inmediata.
La letra pequeña del informe es decisiva. La Inflation Reduction Act de 2022 otorgó créditos fiscales a los proyectos solares, pero el Congreso aprobó en 2025 la One Big Beautiful Bill Act y adelantó su fin. Los créditos expiraron el 4 de julio de 2026 para la mayoría de las plantas sin obra iniciada.
Ese calendario explica el acelerón del segundo trimestre. Los promotores iniciaron construcciones antes del plazo para engrasar la cartera con incentivos ya asegurados. La consecuencia, advierte el propio informe sectorial, es que la solar de tejado ya retrocede en 2026 y que la falta de créditos introduce más incertidumbre para el futuro próximo.
La letra pequeña del futuro: Míchigan y el fin de los incentivos

📊 Impacto ecológico en cifras
- Potencia instalada: Más de 11 GW de solar nueva en el segundo trimestre de 2026.
- Crecimiento interanual: 45% por encima del mismo periodo de 2025.
- Concentración política: Casi el 75% de la nueva potencia se ubicó en estados que votaron a Trump.
- Equivalencia tangible: Míchigan pasó del puesto 23 en 2024 al cuarto en el primer semestre de 2026.
Míchigan es el caso más llamativo. Pasó del puesto 23 en 2024 al cuarto en el primer semestre de 2026 pese a no contar con la radiación solar de Texas. Michael Craig, profesor de la Universidad de Míchigan, sostiene que la economía solar depende del recurso disponible: cuanto mejor es el recurso, menos importantes resultan los créditos.
La ley estatal de Míchigan exige que las eléctricas generen el 50% de su energía con renovables para 2030. Esa obligación, sumada a la demanda de los centros de datos, es el verdadero motor del salto. Algunos estrategas consideran que la industria solar necesita menos créditos y más agilidad en los permisos federales para sostener el ritmo.
Rachel Skaar, directora de comunicación de la SEIA, remata el argumento con un dato de ritmo: la solar y el almacenamiento se despliegan mucho más rápido que otras tecnologías. ‘Cuando hablamos de la necesidad de energía ya, la solar y el almacenamiento pueden suministrarla’, explicó.
La economía manda más que la ideología
El dato de la SEIA rompe con la lectura dominante en Europa: la transición energética no avanza solo donde hay gobiernos verdes. Avanza donde los permisos, la demanda eléctrica y el recurso solar la hacen rentable. Estados que votaron a Trump están acogiendo más de 7 de cada 10 nuevos megavatios solares por razones de competitividad, no por convicción climática.
Hay un precedente que ya lo anticipó. Texas se convirtió en la gran potencia eólica de Estados Unidos durante la década pasada con una regulación minimalista y mucho terreno. También en España el autoconsumo industrial creció cuando se eliminaron barreras administrativas, no cuando se elevaron las subvenciones. La coincidencia no es casual.
El riesgo está en la discontinuidad. Sin los créditos fiscales federales, la trayectoria de estados como Míchigan, dependientes de mandatos estatales, se vuelve más incierta. La gran lección es que la solar ya no necesita militancia: necesita seguridad jurídica, demanda firme y permisos rápidos. Ahí se juega la próxima década.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Más de 11 GW de solar instalados en un trimestre, un 45% más interanual, consolidan la descarbonización del mix estadounidense.
- Modelo que cambia: El auge en estados republicanos demuestra que la energía limpia es ya una decisión de competitividad, no un gesto ideológico.
- Para las próximas generaciones: La solar rápida y barata reduce la dependencia fósil y acelera la transición global, pese al fin de los estímulos federales.

