Vance reivindica aranceles y subsidios: la ‘deriva hamiltoniana’ del Partido Republicano

El vicepresidente sitúa la política económica de su partido 'mucho más cerca de Alexander Hamilton que de Milton Friedman' y defiende los aranceles como una cuestión de justicia, no de eficiencia. El giro deja de ser táctico.

JD Vance ha bendecido el giro del Partido Republicano: menos Friedman, más Hamilton, aranceles y subsidios como herramienta de justicia.

De Friedman a Hamilton: el giro que Vance ya no esconde

La frase la pronunció en una entrevista y no admitía dobles lecturas: la política económica del centro-derecha americano es hoy ‘mucho más Alexander Hamilton que Milton Friedman’, y el cambio es, en sus palabras, ‘obviamente algo bueno’. No es un matiz. Milton Friedman trataba el mercado como estado natural y la intervención pública como excepción que debía justificarse. Alexander Hamilton, primer secretario del Tesoro, veía en un gobierno central fuerte el motor del desarrollo: banco nacional, aranceles y subsidios. Vance no describe una tendencia. Elige bando.

La ruptura no es nueva. El escepticismo hacia el mercado sin reglas recorrió el partido mucho antes de Donald Trump: del republicanismo antitrust de Theodore Roosevelt a los centristas del noreste que despreciaban la fe de Barry Goldwater en el libre mercado. Lo que distingue a Vance es que sostiene esa desconfianza en términos religiosos, no económicos, y que está dispuesto a llevarla hasta el reglamento desde dentro de una administración en funciones.

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El precedente tiene nombre y fecha. En la convención republicana de 1992, Pat Buchanan habló de una ‘guerra cultural’ por ‘el alma de América’ y describió el pánico del establishment con una imagen que el tiempo ha vuelto literal: los caballeros subiendo el puente levadizo mientras los campesinos llegan con las horcas. Hizo del nacionalismo económico su bandera y nunca se acercó a la nominación.

Hizo falta un millonario populista para convertir ese argumento en el bloque más sólido del electorado republicano. Trump arrasó en las primarias de 2016 y en su investidura de 2017 habló de ‘fábricas oxidadas esparcidas como lápidas’ y de una ‘carnicería americana’. Millones de votantes que no compraron a Buchanan sí creyeron a Trump. Vance adopta ahora esa causa con fervor de converso.

Los aranceles eran herejía en el Partido Republicano en 2016. Diez años después son la posición de partida: es el giro que Vance acaba de certificar.

Aranceles, subsidios y ‘socialismo republicano’: qué significa para España

política industrial EE. UU.

Vance no se apoya en en la teoría económica para defender los aranceles, sino en más de cien años de historia. Interpelado en Fox News sobre si encarecerán la cesta de la compra, respondió que William McKinley y Theodore Roosevelt construyeron la potencia industrial americana ‘usando aranceles para asegurar que los trabajadores americanos recibieran un trato justo’. En un mitin en Maine contra los aranceles canadienses fue más directo: ‘Dejad de aprovecharos de América. Se acabó.’ El estándar es la justicia, no la eficiencia ni el precio.

Los datos, en cambio, ya están sobre la mesa. El Cato Institute documentó cómo el carácter intermitente del régimen arancelario llevó a las empresas a ‘posponer o descartar decisiones importantes de contratación, inversión y compras. El American Enterprise Institute constató que la proporción de fabricantes dispuestos a invertir cayó del 51% al 23% en pocos meses. Y la Cámara de Comercio Internacional calculó que la incertidumbre restó 202.000 millones de dólares a la inversión en diez grandes economías durante 2025, más de una décima parte del PIB español.

El segundo brazo del giro es aún más llamativo. La Casa Blanca ultima una norma que permitiría a las parejas casadas cobrar unos 9.000 dólares anuales en subsidios federales de cuidado infantil sin gasto externo, siempre que uno de los progenitores se quede en casa. El dinero sale del Child Care and Development Fund, un programa creado en la era Clinton para que los padres pudieran trabajar. Ahora iría a un progenitor que no trabaja. Los conservadores de mercado libre lo llaman ‘socialismo republicano’.

España mira todo esto desde una posición incómoda. Un Partido Republicano que asume los aranceles como posición de partida deja de tratarlos como accidente táctico: los convierte en doctrina de largo plazo. Para el aceite de oliva, el vino, el automóvil o la maquinaria española que compiten en el mercado americano, la negociación deja de resolverse arancel por arancel. Y la paradoja incomoda: la Unión Europea lleva años aplicando su propia versión hamiltoniana, de los fondos Next Generation a los PERTE y los subsidios al chip, precisamente la política que el centro-derecha americano decía despreciar.

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La Lógica de Washington

La lógica de la Casa Blanca responde a un problema concreto. La base que devolvió a los republicanos al poder es una coalición de clase trabajadora —Ohio, Míchigan, Pensilvania, Wisconsin— que nunca compró la doctrina del libre mercado y sí el argumento de Buchanan. Lo sostienen el senador Josh Hawley, el ala religiosa que responde al lenguaje moral de Vance y una generación de cargos jóvenes. El precedente es tan americano como Hamilton: McKinley firmó en 1890 el arancel que financió al Estado federal y Theodore Roosevelt construyó su reputación rompiendo monopolios.

Para España, la lectura tiene dos capas. La primera es de exposición: Estados Unidos es un mercado relevante para el campo andaluz, el vino y el automóvil español, y un arancel que deja de ser temporal se convierte en coste estructural. La segunda es de marco: si Washington negocia desde una doctrina, la respuesta europea tendrá que ser igual de estructural, y España la juega dentro de la UE, no en solitario.

La ventana clave es el 3 de noviembre de 2026. Si los republicanos retienen el Congreso, el giro hamiltoniano dejará de ser una declaración y se convertirá en ley. Si lo pierden, Vance tendrá que decidir si defiende la doctrina desde la oposición o si vuelve a lo que escribió en 2017, cuando sostenía que el problema americano no era el comercio sino la automatización. Los economistas de todo el espectro han documentado que el coste acaba trasladándose al consumidor. Vance responde con historia. Sus críticos, con datos.

Ficha del Caso

  • El caso: El vicepresidente JD Vance reivindica que la política económica republicana es hoy ‘más Alexander Hamilton que Milton Friedman’ y defiende aranceles y subsidios como herramienta de justicia.
  • Datos clave: La proporción de fabricantes que planeaban aumentar su inversión cayó del 51% al 23%. La incertidumbre de política económica restó 202.000 millones de dólares a la inversión en diez economías durante 2025. La Casa Blanca ultima una ayuda de unos 9.000 dólares anuales por progenitor que se quede en casa.
  • Para España: Un proteccionismo que pasa de táctica a doctrina afecta al aceite de oliva, el vino, el automóvil y la maquinaria, y obliga a España a responder desde Bruselas y no en solitario.