La historia empresarial de Ángel y Javier Escribano ha pasado en pocos años de un pequeño taller de mecanizado en Coslada a situarse en el centro del debate sobre la industria estratégica española. Su llegada a Indra, la posterior operación estudiada para integrar Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) y la salida de Ángel Escribano de la presidencia de la tecnológica han convertido esa trayectoria en uno de los episodios más controvertidos del sector de Defensa. Uno de los nombres que aparece con mayor frecuencia al reconstruir esa expansión es el del exministro de Defensa José Bono.
En febrero de 2026, El Confidencial publicó una investigación según la cual Bono habría intermediado para facilitar contactos comerciales de los hermanos Escribano en Guinea Ecuatorial, incluido un intento de vender material militar al régimen de Teodoro Obiang. El medio citó fuentes conocedoras de aquellos encuentros. Guinea Ecuatorial es otro de los lugares junto a Venezuela, República Dominicana y Marruecos relacionado con los intereses ocultos del PSOE y que han sido investigados por la UDEF y la UCO.
La relación de Bono con el entorno empresarial de Escribano no es, en cualquier caso, completamente nueva. La presencia de antiguos responsables vinculados al Ministerio de Defensa en la compañía está documentada desde hace años, y distintos medios han informado sobre el papel de Bono como asesor o intermediario empresarial. Onda Cero, citando informaciones de El Confidencial, situó en 675.813 euros los ingresos obtenidos por sociedades vinculadas a Bono durante 2025 por servicios de asesoramiento a varias empresas, entre ellas EM&E.
Todo ello ayuda a entender cómo una empresa de origen familiar fue acumulando no solo tecnología y contratos, sino también capital relacional dentro de los círculos políticos, institucionales y empresariales relacionados con Defensa. Pero sería precisamente esa proximidad entre empresa y poder la que adquiriría una nueva dimensión cuando los Escribano entraron directamente en el accionariado de Indra.
Quedando acreditado y como base fundamental de este relato que Indra llegó a estudiar formalmente una integración con EM&E, que ambas compañías establecieron un protocolo específico para gestionar los conflictos de interés y que Ángel Escribano terminó dimitiendo el 1 de abril de 2026.

De Mecanizados Escribano a gigante de la Defensa
Mucho antes de que EM&E apareciera en las conversaciones empresariales con valoraciones cercanas a los 2.000 millones de euros, los hermanos Escribano ya habían construido una reputación particular dentro del sector de Defensa. La compañía familiar, nacida como un pequeño negocio de mecanizado, fue incorporando capacidades tecnológicas, ingenieros y perfiles procedentes de otras empresas hasta convertirse en uno de los proveedores españoles especializados en torres, sistemas electroópticos y soluciones para vehículos militares.
Ese crecimiento estuvo acompañado por una estrategia empresarial agresiva y por una progresiva incorporación de personas con experiencia en la Administración y en la industria de Defensa. Ya en 2018, Miguel Ángel Panduro Panadero, antiguo consejero delegado de ISDEFE durante la etapa de José Bono como ministro de Defensa, entró en el consejo de Escribano. En 2019 la empresa incorporó también a Agustín Conde, que había sido secretario de Estado de Defensa.
La dimensión institucional de la compañía se hizo todavía más visible durante la pandemia, cuando EM&E recibió un contrato de 36 millones de euros para fabricar respiradores, un episodio que generó controversia por la relación entre la actividad tradicional de la compañía y aquella adjudicación, en un momento tan duro para la población y de crisis para el país.
A partir de ahí, el salto fue extraordinario. La compañía pasó a llamarse Escribano Mechanical & Engineering, amplió su cartera de productos y ganó peso en programas vinculados al rearme español y europeo.
El salto a Indra y el conflicto de interés
El 19 de enero de 2025, el consejo de Indra nombró a Ángel Escribano presidente ejecutivo después de la salida de Marc Murtra. La decisión convirtió al empresario, hasta entonces máximo responsable de EM&E, en presidente de una de las compañías tecnológicas estratégicas de España.
El problema apareció cuando Indra comenzó a estudiar la posible integración de la compañía familiar. Los hermanos Escribano controlaban entonces el 14,3% de Indra, mientras Ángel ocupaba su presidencia y Javier formaba parte del consejo.
La situación planteaba un evidente problema de gobierno corporativo: la compañía presidida por uno de los propietarios de EM&E estaba estudiando una operación sobre la propia empresa familiar.
Indra intentó encauzar la situación mediante una comisión ad hoc y un protocolo específico para gestionar los conflictos de interés. El documento oficial publicado en julio de 2025 confirma que el consejo creó esa comisión para estudiar la potencial integración y estableció un marco de actuación destinado expresamente a garantizar la gestión de los conflictos.
Las cifras explican buena parte de la tensión. Según informaciones publicadas durante las negociaciones, una valoración actualizada de EM&E llegó a situarse en torno a los 2.000 millones de euros, frente a los 100 millones que se habían manejado en 2021 al recomprar los Escribano una participación al fondo soberano de Omán.

La salida de Ángel Escribano y el final de la operación
La operación nunca llegó a culminarse. El 19 de marzo de 2026, EM&E comunicó la cancelación de las negociaciones con Indra, después de meses de tensión sobre la estructura y el gobierno de la eventual operación.
El desenlace llegó pocos días después. El 1 de abril de 2026, Ángel Escribano presentó su dimisión como consejero y presidente ejecutivo de Indra. En su carta oficial afirmó que los acontecimientos de las semanas anteriores habían generado un desgaste que podía comprometer los objetivos que se había marcado y que no quería que su continuidad afectara a la estabilidad de la compañía.
Al día siguiente, Indra nombró a Ángel Simón presidente no ejecutivo, mientras José Vicente de los Mozos mantenía inicialmente las funciones ejecutivas. Posteriormente, en mayo, Javier Escribano también abandonó el consejo después de que la sociedad que representaba transmitiera su participación en Indra.
El episodio deja así una cuestión mucho más amplia que el destino de una operación empresarial. EM&E se convirtió en una pieza estratégica del complejo industrial español, mientras Indra reforzaba su apuesta por Defensa y el Estado mantenía una posición determinante en su accionariado.
La historia de los Escribano, por tanto, ya no puede entenderse únicamente como la de dos empresarios que transformaron un taller familiar en un grupo tecnológico. También refleja cómo, en sectores donde los contratos públicos, la tecnología militar y las decisiones del Estado están estrechamente conectados, las relaciones institucionales adquieren un valor extraordinario.
El caso Indra-EM&E ha dejado además una lección de gobierno corporativo: cuando los intereses empresariales y estratégicos convergen en las mismas personas, la cuestión ya no es solamente cuánto vale una compañía, sino cómo se determina ese valor, quién decide y bajo qué reglas. Y ahí es donde la historia de los hermanos Escribano ha dejado de ser únicamente empresarial para convertirse en uno de los episodios más significativos de la reciente reorganización de la industria española de Defensa.
