Vigo multiplica los visados de vivienda nueva desde que el PGOM entró en vigor, pero las obras no avanzan al mismo ritmo por el coste de los materiales.
Un récord de visados que no se traduce en grúas
El Plan General de Ordenación Municipal (PGOM, el instrumento que ordena el urbanismo de la ciudad) entró en vigor en agosto de 2025, y desde entonces Vigo ha disparado la concesión de licencias para vivienda nueva. El Colexio de Arquitectos de Galicia visó 4.839 viviendas de nueva planta en toda la comunidad durante 2025, un 39% más que en 2024: el mejor dato en años. Y, aun así, el número de obras no acompaña.
Hay permisos, pero no tanta actividad. Miguel Caruncho, presidente de la Asociación de Constructores de Pontevedra (ACP), lo resume sin rodeos: “Hay un desfase entre una situación y otra; tener el permiso no implica la ejecución de la obra”. Detrás del fenómeno están dos lastres que se retroalimentan: el precio de los materiales y la falta de manos.
El hormigón se encareció un 100% en cinco años, el acero un 50%, el aluminio un 35% y el vidrio más de un 20%. Son los números que maneja el sector y explican por qué muchas promociones no salen. “El coste de la construcción subió muchísimo en los últimos años y hay promociones a las que no le salen los números porque sus planes de negocio son de hace dos años”, subraya Caruncho. La salida pasa por reconfigurar proyectos o tirar de soluciones industrializadas.
La mano de obra es el otro gran cuello de botella. La construcción necesita incorporar 2.500 trabajadores al año en Galicia, buena parte de ellos en la provincia de Pontevedra. Faltan albañiles, peones, fontaneros, electricistas, conductores de camión, operarios de maquinaria y pladuristas. “Hay poca gente y una altísima carga de trabajo, y muchas empresas no quieren cargarse con demasiada actividad por no poder afrontarla”, añade el presidente de la ACP.
Vigo tiene más licencias para construir que nunca y, sin embargo, menos grúas de las que cabría esperar: el permiso, por sí solo, ya no garantiza la obra.
Pontevedra supera a A Coruña en visados por primera vez en el siglo
El peso de Pontevedra en el ladrillo gallego no es una impresión. La provincia sumó 2.296 visados en 2025, por delante de los 2.017 de A Coruña, algo que no ocurría desde el año 2000. Entre 2020 y 2025 se visaron en Pontevedra algo más de 8.200 viviendas, de las que 4.700 eran colectivas y 3.500 unifamiliares.
Desde la patronal inmobiliaria provincial, Aproin, comparten la preocupación por “el tremendo incremento de los costes de los materiales”, que dificulta fijar precios. Su presidente, Javier Garrido, admite una ralentización de algunas operaciones, aunque matiza que las obras paradas son pocas. “Cuando una promoción de 60 o 70 viviendas va a tardar un año y pico, es complicado calcular cómo voy a terminar pagándola”, apunta. La crisis energética y las tensiones geopolíticas agravan además la cadena logística.

El sector mira con atención a la construcción industrializada, que traslada la mayor parte del proceso a una fábrica y reduce la necesidad de mano de obra en la parcela. Es la tendencia al alza para esquivar la falta de operarios. Los trabajos in situ se limitan a la colocación del módulo y a las conexiones de saneamiento, luz, agua y telecomunicaciones.
El Laboratorio Gallego
En clave gallega, la paradoja de Vigo llega en un momento de estabilidad institucional. La Xunta de Galicia (el gobierno autonómico, con sede en Santiago de Compostela) afronta el ciclo con mayoría absoluta del PPdeG (el Partido Popular de Galicia, gobernante desde 2009). La vivienda es hoy competencia compartida entre ayuntamientos, autonomías y Estado, y ahí se cruza lo local con lo nacional.
El tablero político gallego añade matices. El BNG (el Bloque Nacionalista Galego) ejerce como primera fuerza de la oposición, mientras el PSdeG (la federación gallega del PSOE) conserva la alcaldía de Vigo, la ciudad que protagoniza el desfase entre permisos y obra. Que la paradoja estalle en un municipio socialista y con un planeamiento recién aprobado la convierte en un caso incómodo para todos.
La lectura nacional no es menor. La vivienda se ha convertido en el gran campo de batalla del debate político español, y lo que ocurre en Vigo anticipa el problema de fondo: sin materiales asequibles ni mano de obra, el papel no se convierte en ladrillo. El sector reclama 2.500 empleos al año en Galicia, una cifra que ningún plan público ha cubierto todavía. Y el cuello de botella no entiende de colores políticos.
La proyección es clara. Con el PGOM ya desplegado, los visados de 2026 deberían volver a crecer, lo que agrandará la distancia entre licencias y obras si no bajan los costes o se generaliza la construcción industrializada. Vigo se convierte así en el termómetro nacional de la política de vivienda. Madrid, Barcelona o Málaga miran el mismo fenómeno, pero aquí el planeamiento acaba de cambiar de golpe. Medir si eso sirve para algo más que para firmar permisos es la prueba pendiente.
Ficha del Caso
- El caso: La entrada en vigor del PGOM de Vigo disparó los visados de vivienda nueva, pero el encarecimiento de los materiales y la falta de mano de obra frenan la ejecución de las obras, una paradoja extendida por toda España.
- Datos importantes: 4.839 viviendas visadas en Galicia en 2025 (+39%); 2.296 en Pontevedra frente a 2.017 en A Coruña; hormigón un 100% más caro que hace cinco años; necesidad de 2.500 trabajadores anuales en la construcción gallega.
- Resumen: El desfase entre licencias y grúas retrata al sector en toda España y convierte a Vigo en termómetro de una política de vivienda que no resuelve el coste ni la falta de operarios.

