Ni Segovia ni Toledo: los destinos olvidados a 1h de Madrid que ofrecen naturaleza sin masificación para el puente de octubre.

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El Berrueco y la presa de El Atazar: el tramo medio del río Lozoya, sin las colas de Rascafría

Vista aérea del agua en cascada sobre una represa de concreto mostrando un flujo turbulento y gestión del agua.
Foto de Kris Møklebust en Pexels

A unos 65 kilómetros de Madrid y en torno a una hora por la A-1 —salida 60, en La Cabrera—, El Berrueco funciona como puerta de entrada a un tramo del Lozoya que casi nadie asocia con la sierra. El pueblo, de unos 600 habitantes y construcción granítica, se asoma a la cola del embalse de El Atazar entre dehesas de fresnos, jaras y berrocales que le dan nombre. El Museo del Agua y del Patrimonio Hidráulico, con entrada libre, explica cómo el Canal de Isabel II transformó este valle con presas, canales y azudes, y sirve de antesala al Museo de la Cantería, repartido entre las calles y la explanada de la iglesia, desde donde se domina el embalse. Frente a la masificación del valle alto, con Rascafría como imán de visitantes, aquí el turismo es de proximidad y de merienda con mantel.

El gran reclamo es el propio vaso del embalse, el mayor de la Comunidad de Madrid: 425 hectómetros cúbicos que representan el 46% del agua que abastece a los madrileños y que en mayo de 2025 se llenaron hasta obligar a verter por el aliviadero superior, algo que no ocurría desde 1991. Alrededor se articula una red de sendas poco concurridas. La Senda del Genaro (GR-300), unos 70 kilómetros que enlazan los pueblos ribereños, admite tramos cortos; la de La Almenara, 3,7 kilómetros circulares desde la plaza de la Picota, bordea la lámina de agua hasta un mirador sobre el canal del Villar, construido en 1912. La Senda de los Picos sube a los canchales de Las Cabreras con vistas a todo el valle. Todo el entorno forma parte de la Zona Especial de Conservación Cuenca del Lozoya y Sierra Norte, dentro de la Red Natura 2000.